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Los Anillos del Edén son artefactos creados por la Primera Civilización con fines de protección. Pequeños y con grabados en su superficie, estos objetos generan un campo alrededor de su portador pudiendo desviar proyectiles para mantenerlo a salvo[1].

Anillos del Edén conocidos

Era Isu / Prehistoria

En algún punto de la Era Isu, el científico Júpiter tuvo en su poder un Anillo del Edén que usaba para defenderse en caso de conflicto[1].

Juno muestra a Júpiter

Juno mostrando a Desmond Miles, en 2012, cómo los precursores se defendían mediante los Anillos.

Alrededor del año 75000 a. e. c., con una erupción solar acercándose cada vez más, los Isu buscaron desesperadamente medios de contención.

Una propuesta fue usar la tecnología de los Anillos a escala planetaria para repeler la onda de calor, pero no tenían la energía suficiente. Incluso solo eligiendo la décima parte del mundo, no les fue posible. Por tanto abandonaron la idea[1].

Finalmente, la catástrofe llegó. Tras ello, los precursores resultaron inmensamente mermados en cantidad y poco a poco su especie fue desapareciendo, y con ello los Fragmentos del Edén quedaron abandonados por doquier.

Siglos XVII y XVIII

William Kidd

En algún punto de su carrera el capitán William Kidd encontró un Anillo y se hizo con él. En 1695 se le había otorgado un permiso para perseguir piratas en el Océano Índico así como para atacar navíos franceses, encargo que aceptó, pero las cosas cambiaron cuando llegó la noticia de que había atacado en el Mar Rojo.

Los relatos se encargaron de ensalzar la figura de Kidd, resaltando su aparente invulnerabilidad a las balas.

Cuando regresó a las Indias Occidentales en 1699 era ya un hombre buscado. Como medida de precaución enterró sus tesoros, incluido el Anillo que tan famoso le había hecho. Sabiendo que no todos los que le buscaban eran precisamente leales a la Corona, envió cartas a cuatro de sus tripulantes más leales -Lem el Suertudo, Abel Owens, Hendrick van der Heul y Joseph Palmer-, cada una con una pista para descubrir el paradero del artefacto[1].

En julio de ese mismo año sería arrestado y, a pesar de sus intentos de comprar su inocencia, llevado a Londres para juicio. En 1701, un montón de gente estuvo presente durante su ejecución esperando oír alguna confesión sobre sus tesoros, pero Kidd se mantuvo en silencio hasta el final[1].

Connor Kenway

Connor pregunta por Pata de Palo

Connor preguntando por los desvaríos de Pata de Palo.

Con el tiempo las cartas terminarían en poder de un viejo conocido como Pata de Palo. Tenido por los locales como un demente, se le permitía estar en los alrededores del muelle de la Hacienda Davenport, pero un joven capitán, Connor Kenway, tenía curiosidad por saber más del tesoro de William Kidd[1].

Aunque el viejo no se lo dejaría fácil. Tras conseguir unas veinticuatro baratijas repartidas por las colonias, pudo por fin hacerse con las cartas.

Los cuatro tripulantes de Kidd habían recibido un pedazo de pergamino, una parte de un mapa. A bordo de la Aquila, Kenway partió al lugar de destino de aquellos hombres y se hizo con los cuatro pedazos. "Yace bajo el lecho del águila, cerca de la morada del lobo, junto a un árbol besado por el fuego y frente a la roca que no encaja", se trataba de un acertijo. Además el mapa señalaba una isla. Ayudado por su experiencia, Faulkner señaló a su capitán el lugar: la Isla del Roble[1].

El lecho del águila

"Yace bajo el lecho del águila...".

En 1777 se dirigieron al islote. Robert no podía contener su expectativa mientras que Connor mantenía la compostura, casi tan imperturbable como siempre. Usando su vista de águila descubrió dónde se ubicaba el tesoro, pero el suelo era de piedra dura. Un poco de pólvora hizo el trabajo. Con un solo disparo se abrió la entrada a una cueva de piedra caliza a la que el Asesino se lanzó.

A medida que avanzaba la cueva se sentía más frágil, aun así sus dedos lograban sostenerse de las grietas y pliegues cercanos. Entonces lo encontró. Flotando entre grandes cuerpos de piedra estaba el Anillo. Sorprendido por la aparente simpleza del legendario tesoro lo tomó y entonces el lugar comenzó a desmoronarse.

Connor encuentra el Anillo

Minutos después Faulkner temía haberse quedado sin capitán pero entonces este apareció de entre las rocas. Mientras recuperaba el aliento preguntó por el tesoro, pero se mostró decepcionado cuando lo vio. Connor observaba el diminuto objeto y el anciano se dispuso a tomar algo pero de pronto su botella de metal fue empujada de sus manos por una fuerza invisible.

Ante lo sucedido, Connor comenzó a sospechar por qué Kidd se había esforzado tanto en ocultar ese anillo[1].

Curiosidades

  • Luego de que Connor consigue el Anillo, sus efectos también se hacen presentes al revivir los recuerdos de Haytham.
  • Fuera del Animus, los efectos del Anillo también están presentes en Desmond Miles, luego de haber revivido la memoria donde Connor lo encuentra.

Apariciones

Galería

Fuentes y/o referencias

  1. 1,0 1,1 1,2 1,3 1,4 1,5 1,6 1,7 Assassin's Creed III