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«Padre, ¿acaso no lo ves? ¡Yo controlo mi destino! Si yo quiero vivir, vivo. ¡Si yo quiero coger algo, lo cojo! Si yo quiero que tú mueras, ¡TÚ MUERES!»
―César Borgia[fte]

Cesare Borgia, conocido históricamente como César Borgia (1475 - 1507) fue el hijo del Papa Alejandro VI y un archinémesis del maestro Asesino Ezio Auditore da Firenze.

Al igual que su padre, César formó parte de las altas jerarquías de la orden de los Templarios resurgidos, y con el tiempo se convirtió en un cardenal importante. Sin embargo, Borgia tenía ambiciones de conquistar a varios de los Estados italianos que se vieron debilitados durante las décadas finales del siglo XV, y contrató a la cortesana Fiora Carvazza para que matara a su hermano, Juan Borgia el Menor, y de esta forma convertirse en Capitán General del Ejército Pontificio.

Cuando tenía conquistada la Romaña gracias a los mercenarios y condottieri de los que se valió en sus campañas, Borgia tomó Forlì, y tras eso lanzó un ataque a la Villa Auditore en Monteriggioni, donde sabía que operaba la Orden de los Asesinos. Después de matar a Mario Auditore, quien gobernaba Monteriggioni y también era el tío de Ezio, César recuperó el artefacto conocido como "Fruto del Edén" y capturó a la condesa de Forlì, Caterina Sforza, retirándose a Roma al no encontrar pista de Ezio y sus cómplices. Allí, reunió a sus aliados, Octavio de Valois del ejército francés y el tesorero Juan Borgia el Mayor, antes de encarcelar a Sforza en los calabozos del Castel Sant'Angelo.

Borgia tenía aspiraciones de conquistar territorio europeo y convertirse en rey, y prometió a su hermana, Lucrecia, volverla reina una vez ocupara el trono. No obstante, Ezio Auditore aniquiló a los aliados de César y lo persiguió hasta la Basílica de San Pedro, donde tomó de vuelta la Manzana del Edén.

Posteriormente, en 1503, César fue arrestado bajo órdenes del Papa Julio II por haber sido el culpable de matar a su propio padre, el anterior Papa Alejandro VI, aunque logró escapar con sus ejércitos y lanzar un asalto a Viana, España. Finalmente, Ezio lo persiguió hasta la cima del castillo donde la batalla estaba volviéndose más cruenta, y ambos combatieron hasta que César fue vencido y, todavía incrédulo de que tal hecho fuera posible al convencerse de ser el hombre más poderoso del mundo, cayó de la cima del castillo y murió al estrellarse contra el suelo.

En 1522, se publicó el libro El Príncipe del filósofo Nicolás Maquiavelo, donde expuso las razones de cómo debería gobernar el príncipe florentino Lorenzo II de' Medici y argumentó su teoría basándose en ejemplos de la historia italiana, entre ellos las campañas de César Borgia.

Entrada en la base de datos

En Assassin's Creed: Brotherhood

"Fecha de nacimiento: 1475 ó 1476

Ocupación: Noble, capitán general de las fuerzas del Papa

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Imagen de perfil de César en la base de datos de AC:B.

Nacido de Rodrigo Borgia y de su concubina Vannozza, César estudió leyes y se convirtió en cardenal con poco más de 18 años. Mientras, su hermano mayor, Juan, el favorito de Rodrigo, se convertía en capitán general del ejército papal. César se dio cuenta de que su vida como cardenal era un callejón sin salida y que su hermano lo tendría todo, así que sabía exactamente lo que debía hacer: Juan tenía que desaparecer.

En 1499 Juan estaba muerto y César se había convertido en capitán general. Se casó con Carlota Albret, de la familia real francesa, para asegurar una alianza con el rey Luis XII. Con el ejército que Luis le proporcionó, marchó sobre Romaña.

Su ansia de poder no tenía precedentes. Como ejemplo, cuando César conquistó Faenza, sorprendentemente respetó la vida del señor de la ciudad, el joven y carismático Astorre III, que con solo 18 años se había ganado el amor de sus súbditos. Pero Astorre era una amenaza para César, al ser Señor de Faenza por derecho sanguíneo. Así que al regresar a Roma, César mandó arrojar al Tíber a Astorre y a su hermano menor, con una piedra atada al cuerpo.

César también demostró ser un brillante general y gran estratega. Conquistó la ciudad de Urbino sin luchar, con la ayuda del Papa y un sencillo plan: el Papa solicitó artillería al Duque, su supuesto aliado. Cuando éste la envió, Urbino quedó desprotegida y César la invadió.

Un detalle: en cierta ocasión Isabella d'Este envió a César cien máscaras como felicitación por sus victoria (sic, debería ser "victorias"). Simbolizaba que las motivaciones de César eran inexcrutables, y sus acciones brutales."

Biografía

Vida temprana y ascenso

«Algunos tiranos surgen, en su mayoría afectados por la soberbia y la codicia, pero existen hombres que nacen para convertirse en tiranos.»
―Leonardo da Vinci[fte]
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César aplaude a Fiora Cavazza por haber asesinado a su hermano, Juan.

César Borgia nació en Roma en el año de 1475, hijo ilegítimo de Rodrigo Borgia, Gran Maestro de los Caballeros Templarios, y Vannozza dei Cattanei.

Durante su crecimiento, César se vio influenciado por las implacables muestras de poder exhibidas por su padre, quien se convirtió en el Papa Alejandro VI alrededor de la última década del siglo XV.

A los 18 años, César se convirtió en un cardenal. Su hermano mayor, Juan, por otra parte, llegó a la altura de adquirir el rango de capitán general y pionero del ejército papal, adquiriendo gran nombradía en el Estado Pontificio. César, insatisfecho de su lujosa vida, al ver que como cardenal no tendría un destino que realmente disfrutara al no ser un creyente de la religión católica, y celoso del poder cada vez más creciente de Juan, planeó asesinar a su hermano contratando a la cortesana Fiora Cavazza. No mucho después, Juan se sintió tentado por la oferta de César de intimar con Cavazza en el edificio de Isola Tiberina, finalmente muriendo a manos de la cortesana.[3]

Posteriormente, César tomó el puesto de capitán general, y así se convirtió en uno de los hombres más poderosos de Italia.[2]

Convirtiéndose en un líder templario

«Como capitán general, César se rodeó de muchos déspotas, hombres crueles y eficaces.»
―Leonardo da Vinci[fte]

En 1496, cuando su padre sostuvo la guerra contra la familia Ursino para tomar su territorio, César se unió a las batallas. Entre las filas del enemigo estaba Bartolomeo d'Alviano, quien era secretamente un Asesino. Cuando los recursos de Bartolomeo quedaron limitados al abastecimiento de tres fortalezas, César impidió la llegada de sus suministros. En el momento en que la victoria parecía evidente y entrar dentro de su alcance, Carlo Ursino llegó con su ejército para reforzar a Bartolomeo, y en una cruenta contienda derrotaron a los Borgia e hirieron a César.[4]

No obstante, el capitán general se recuperó, y para 1498, el Asesino Perotto Calderón y la hermana de César, Lucrecia formaron una relación íntima y Lucrecia dio a luz a un hijo, Giovanni. Sin embargo, César ordenó que Perotto fuera detenido por haber sostenido una relación con su hermana y despojó a ambos del niño. Perotto logró escapar y llevarse consigo a Giovanni. Ambos huyeron juntos, pero Perotto fue asesinado poco después por sus colegas miembros de la Hermandad debido a que había roto los principios de su credo. César, de alguna forma, logró volver a tomar al niño y ejerció sobre él patria potestad para criarlo como su padre, dándole su apellido.[4]

Campañas militares

La conquista de la Romaña

«¡Mis amigos! ¡Les agradezco por haberme entregado el control sobre la Romaña…! Pero temo que ahora mis guantes deben mancharse de sangre…»
―César Borgia traiciona a Vitellozzo Vitelli y a Oliverotto de Fermo[fte]

En noviembre de 1499, César dio inicio a una de sus campañas militares que le hicieron ganar más infamia y nombradía durante la época renacentista, y esta fue la conquista del territorio de la Romaña, comenzando con Imola, y para enero de 1500 ya había sitiado las ciudades de Forli y Cesena. Adquiriendo más temor y respeto por las poblaciones de los lugares que embestía con sus ejércitos pagados, César terminó conquistando también Pésaro y Rímini, y para abril de 1501 ya había tomado Faenza.[2]

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Los ejércitos compuestos de mercenarios y soldados franceses marchan a la Romaña en nombre del Ejército Papal.

Alejandro VI en persona invistió a su hijo como duque de la Romaña. Ya habiendo adquirido el territorio de la Romaña, César se preocupó por los medios para preservar su conquista sin que esto conllevase el sacrificio de algún otro logro y con un creciente temor de que sus ejércitos mercenarios demostraran una deslealtad siquiera mínima y por tanto desobedecieran las órdenes del duque, así como el arrepentimiento de haberse bastado de la voluntad de los Ursino y su ejército francés, de los cuales se había valido, y que sintieran la necesidad de compartir porción de su éxito apoderándose del terreno conquistado, y que el mismísimo rey de Francia no pensara de esa forma.[2]

Sus siguientes acciones, las cuales en su gran mayoría fueron abiertamente desaprobadas por el rey de Francia y su representativa, fue la de asaltar Bolonia casi inmediatamente después de ocupar Faenza. Los comandantes franceses, obrando con tibieza en el asalto, asaltaron la Toscana por órdenes del rey después de tomar el ducado de Urbino. Tras eso, César resolvió no valerse de los ejércitos y las armas ajenas.[2]

César, no obstante, supo honrar las acciones de algunos de sus tenientes que le habían sido fieles, otorgándoles títulos y algunos permisos en Roma, aunque haciéndolo a modo de caridad, y sin realmente tomar importancia de ellos. También reprimió a las familias Ursino y Colonna por lo que habría ocurrido en todo escenario posible ejerciendo voz como duque de la Romaña e hijo del Papa. En Perusa, acabó el tumulto por la Romaña, y las familias de los Ursino y los Colonna fueron reprimidas severamente.[2]

Con la tarea de reconquistar la Romaña esta vez en nombre del Papa, César se encargó de que los hombres que despojaron a los súbditos de sus bienes salieran del territorio y empezó por enviar al infame Ramiro de Orco de la Romaña, quien, con una fama de ser expedito, y cruel, sometió al populacho al gobierno del duque, tornándola en la que algunos consideraron fue una provincia con reputación sumamente fortalecida. César, convencido ahora de que la autoridad excesiva ya no hacía falta, nombró a Antonio del Monte jefe del tribunal de la provincia, y estableció un defensor suyo en cada ciudad. También, aprovechándose de una creciente opinión de las masas en las que César destacaba como el duque que había ignorado o desconocido las acciones pasadas del ministro Ramiro de Orco para mantener regido a su pueblo, mandó a ejecutar al hombre y lo exhibió desfigurado y en condiciones infrahumanas en una plaza pública de Cesena con intención de que los pueblos quedaran satisfechos. Este espectáculo de terror público alentó a los pueblos a seguir a César, así como a temer por su vida si le desobedecían. Los otros hombres que habían estado con César y que junto a sus propios ejércitos habían tomado otras ciudades de la Romaña, Oliverotto de Fermo y Vitellozzo Vitelli, temieron aun más por lo que fuese de ellos en el momento en que ya no le servían de nada al duque César.

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César Borgia traiciona a Vitelli y a De Fermo.

Oliverotto de Fermo y Vitellozzo Vitelli se sorprendieron y alarmaron cuando César los convocó para que acudieran a su castillo en la Romaña para un festín. Ambos se armaron y entraron en el palazzo, recibidos por el duque en persona, quien les dijo que agradecía con honestidad que hubiesen mantenido el orden en la Romaña para él, pero que debía "mancharse de sangre". Los guardias de los Borgia atacaron a Vitelli y a Oliverotto de Fermo en acto de traición; y aunque varios de los soldados murieron porque no pudieron vencer a los condottieros, estos eventualmente cayeron agotados, y en ese momento el matón que César empleaba para llevar a cabo ejecuciones limpias y a sangre fría, Micheletto Corella, estranguló a ambos al mismo tiempo. De este modo, César Borgia pudo cerciorarse de que los hombres no volvieran a causarle problemas, pero del mismo modo con tan solo su nombre y pruebas fehacientes de sus acciones sometería a los pueblos a un implacable y absoluto régimen de gobierno que garantizaba la obediencia total de todos los integrantes de una creciente región que, esperaba César, sentara las bases para una futura Italia unida.[2][3]

El asedio de Monteriggioni

«¡Ya se ha derramado mucha sangre! ¡Considero oportuna una limpieza! Así pues... que esta sea una invitación de mi familia… ¡a la tuya!»
―César Borgia a Ezio Auditore durante la invasión de Monteriggioni[fte]

En enero de 1500, durante la búsqueda de la Manzana de Edén que había sido tomada de Girolamo Savonarola, César Borgia lideró un asalto con las tropas del ejército papal a Monteriggioni, la aldea en la que, según Alejandro VI, estaba ubicado el cuartel general de los Asesinos liderados por Nicolás Maquiavelo. En compañía de su hermana Lucrecia, su primo Juan Borgia el Menor, el matón Micheletto Corella y el barón francés Octavio de Valois, César comandó un vasto destacamento compuesto en su mayoría de catapultas de guerra, y torres de defensa improvisadas que desplegó con cañones apenas llegó a las afueras de la aldea a modo de atacar pronta y salvajemente a los mercenarios del condottiero Mario Auditore, quien en ese momento era el Gran Maestro de la Orden de los Asesinos.[1]

El Asesino Ezio Auditore da Firenze, quien había fallado en su misión de irrumpir en la Capilla Sixtina y dar muerte a Alejandro VI—y que además era sobrino de Mario—fue el principal motivo para asaltar el cuartel de los Asesinos ya que, esa exhibición de violencia y derramamiento de sangre, César creía que sería escarmiento suficiente para que él dejara de amenazar a los Borgia.[1]

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Lucrecia y Octavio acompañan a César, quien sostiene la Manzana de Edén durante la invasión de Monteriggioni.

Una vez atravesados los portones de la fortaleza y derrumbados mucho de los muros que la custodiaban, César cruzó el lugar hasta llegar al centro de la ciudad con una vasta guarnición de tropas armadas con armas blancas y de fuego, y ordenó que fuese capturado Mario Auditore. El condotiero, que combatía ferozmente a los invasores, eventualmente fue atrapado, y César le quitó la Manzana de Edén y lo asesinó públicamente con un arma de fuego fabricada por Leonardo da Vinci -quien trabajaba forzadamente para Los Borgia- para mostrarle a los aldeanos de Monteriggioni que hablaba en serio sobre conquistar aquellos territorios. Acto seguido, César levantó la pistola hacia el aire y retó a Ezio en persona para que fuera a buscarle a Roma, y Ezio fue herido en un brazo por uno de los arcabuceros de los Borgia. Con la ciudad en ruinas, César y sus aliados regresaron a Roma con su trofeo.[1]

Sin embargo, César no buscó matar a todos los Asesinos, y prefirió que se fueran y acobardaran a que respondieran y costaran mayor tiempo; aunque un gran número de encarcelados fue obtenido de esa riña, principalmente se destacaba la condesa de Forlì, Caterina Sforza, a la que César habría violado varias veces después.[1][2]

Los cañones y las catapultas devastaron Monteriggioni, aunque Ezio Auditore logró llevar a los miembros restantes de su familia y al resto de los ciudadanos por unos túneles subterráneos que se extendían a lo largo de varias catacumbas antiguas que estaban por debajo del Santuario. Aunque algunos de los soldados de César los persiguieron, no pudieron atraparle o conocer su destino, así que dejaron de buscarle por ese momento.[1]

Servicio de los agentes templarios

Entre 1497 y 1503, César usó varios agentes para su beneficio, bajo el estandarte de la Orden del Temple, aunque la mayoría fueron asesinados por Ezio Auditore y otros miembros de la Orden de los Asesinos.

En 1497, un hombre conocido como El Verdugo trabajaba para los Borgia—presumiblemente siendo el primer agente templario—asesinando a toda persona que se opusiese al nuevo orden, generalmente, a objetivos ordenados por César. Sin embargo, Ezio Auditore apuñaló a Il Carnefice con su cuchilla oculta en su propia casa durante enero de 1500.[1]

La agente más usada por Borgia fue la cortesana Fiora Carvazza, que enviaba órdenes a los otros templarios de parte de César. Fiora terminó traicionando a los templarios en 1503, incluso asesinando a varios agentes, pero terminó castigada a manos de César.

El hermano Ristoro sirvió como contacto de César en otros vínculos de la iglesia, dispensándole objetos religiosos y cartas. Por desgracia para los Borgia, acabó siendo asesinado por Auditore en el palacio de Letrán, antes de agosto de 1503.[1]

César, para mejorar sus campañas en la Romaña, tuvo a Augusto Oberlin bajo su servicio, actuando como su herrero personal y distribuidor de propaganda Borgia. El francés Gaspar de la Croix estuvo en combate del bando de los templarios, disparando a objetivos fáciles al inicio de las batallas, y fue también su ingeniero personal. El oficial Teodor Viscardi también ayudó a Borgia en los combates. Oberlin y De la Croix fueron asesinados por Ezio Auditore en 1503.[1]

Donato Mancini fue un capitán de la guardia Borgia, que tras ganar a César en una carrera, le acabó sirviendo; pero Ezio le dio muerte en el Circo Massimo.[1]

Guerra en Roma

«Es ambicioso, despiadado y cruel más allá de la imaginación. Las leyes morales de los hombres no significan nada para él. Las poderosas familias de los Orsini y los Colonna se han arrodillado ante él, y el mismísimo rey de Francia le brinda su apoyo.»
Nicolás Maquiavelo hablándole a Ezio Auditore sobre César Borgia.[fte]

En Roma, como capitán general del ejército papal, César Borgia aplicó un duro sistema de sometimiento a la población para mantener regidas a las multitudes e impedir a las organizaciones de mercenarios que trabajasen para nobles que no fueran sus aliados. Para hacerlo, se valió de las alianzas de muchos hombres que se involucraban directamente con el trabajo de los guardias para hacer sucumbir las calles, entre los cuales estaban su primo, Juan Borgia el Mayor, y el general del ejército francés, Octavio de Valois. También, César instaló torres de supervisión alrededor de los cinco distritos romanos, y en cada una asignó a un capitán de la guardia que con armas suficientes mantuviera al pueblo en su sitio impidiendo revueltas y que le mantendría informado de cualquier logro o contratiempo.[1]

Por otro lado, al ver que el arte de la guerra endurecía y se hacía más intenso por Europa, así como las consistentes amenazas y represalias de los diferentes estados italianos en contra de otros y de potencias extranjeras que invadían y salían de Italia, y también temiendo de que sus aliados pudieran aprovecharse de su fe, César buscó entre los más destacados ingenieros de Italia a Leonardo da Vinci, hombre a quien obligó a diseñar armas, máquinas de guerra y sistemas de defensa para él; las cuales construyó y fueron expuestas y probadas en la corte de los Borgia. Da Vinci, que en realidad era un aliado de los Asesinos, se conformó con un mísero salario que recibía de las autoridades de la corte, y supo que las armas tarde o temprano serían puesta a prueba contra los Asesinos que quedaban y que debían ser detenidas.[1]

Eventualmente, Ezio Auditore llegó a Roma, y al hacerlo se reunió con varios de sus aliados, entre quienes estaban Nicolás Maquiavelo, el condotiero veneciano Bartolomeo d'Alviano, el jefe del gremio de ladrones La Volpe, y su madre y su hermana. Los Asesinos, que estuvieron organizados en el edificio de la Isla Tiberina, planearon reclutar personas capacitadas y hábiles que estuvieran dentro de las masas para que integraran un nuevo ejército que luchara contra los Borgia.[1]

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César y Lucrecia conversan en el Castel Sant'Angelo.

César Borgia, aunque estaba consciente de que la guerra contra los Asesinos sería inminente, ignoraba el potencial de acción de estos, y mientras permanecía aislado en sus largas campañas militares, desconocía que los aliados de los Auditore ya habían comenzado a quemar sus torres y a matar a sus capitanes de la guardia.[1]

En el año de 1503, César acompañó a un desfile militar rumbo al Castel Sant'Angelo en Roma para llevar a la prisionera Caterina Sforza. De acuerdo con los rumores que frecuentaron la región en ese momento, César había violado oralmente a la condesa de Forlì durante su aprisionamiento en el castillo. La hermana de César, Lucrecia, llevó personalmente a la prisionera a los calabozos y la sometió a un intenso maltrato físico y verbal.[1]

César Borgia se reunió en el castillo con Octavio de Valois, sus lugartenientes del ejército francés y su primo Juan Borgia. César les contó a los hombres sobre los planes que tenía para mantener a Roma bajo un régimen en el cual no atrevería a alzarse. Cuando sus aliados le preguntaron sobre sus temores con respecto a la reacción del Papa o de su corte, César dijo que no importaba, e incluso se refirió al Vaticano como un "grupo de viejos cansados".[1]

Después de reunirse con su hermana en el castillo, César le prometió a ésta que buscaría los medios por los cuales convertirse en rey y que la haría su reina. Ambos se besaron íntimamente, y poco después, César partió a la Romaña.[1]

El ocaso de Juan Borgia

«¿Qué mejor forma de celebrar mis victorias que unirse a la hermandad del hombre? ¡Muy pronto, todos estaremos celebrando el orgullo de una Italia unida! ¡Y entonces el festín durará por cuarenta días y cuarenta noches! Commenciamo ora!»
―César Borgia durante el festín pagano de Juan Borgia[fte]

En el año de 1503, César Borgia asistió junto a su padre al festín pagano organizado por Juan Borgia el Mayor en las ruinas de la ciudad de Roma. El festín, que anualmente era realizado por cardenales y miembros de alta importancia dentro de la Iglesia, era concebida como una noche para que las personas cayeran en los pecados de la bebida y el coito excesivo, pero que al mismo tiempo serían perdonados por los vicarios, y de esta forma no cometían acto en contra de las leyes de Cristo, supuestamente.[1]

César anunció el festín y declaró que tenía la intención de unificar Italia para hacer que su familia y Europa entera se regocijara y sintiera alegría. Alejandro VI, quien había escuchado sus palabras desde un extremo, le dijo a su hijo que todavía no habían acordado conquistar Italia, a lo que César respondió que si "el brillante capitán general" lo decía debía ocurrir. Esa misma noche, Juan Borgia fue asesinado por Ezio Auditore, quien había logrado eludir a los guardias y entrar en la fiesta.[1]

Las lealtades de Lucrecia y planes para la Romaña

«¡Lucrecia es mía, nadie más habrá de tenerla!»
―César Borgia[fte]

En agosto de ese mismo año, César viajó a Roma y se quedó allá por un tiempo sin que lo supiera el público general. Aunque Ezio Auditore y sus Asesinos ya habían dado muerte al Barón de Valois, César ignoraba tal hecho, y prefirió concentrarse en el estancado legado de su difunto primo.[1]

César fue informado de que un amigo personal suyo e importante aliado del Vaticano, Francesco Troche, había descrito en una carta a su hermano Egidio—quien era senador—sobre los planes que César tenía en mente para mantener sublevada a la Romaña. En consecuencia, Egidio escribió al embajador veneciano advirtiéndole de la situación y con esperanzas de que pudieran prevenir un asalto y evitar que los Borgia terminaran de conquistar la Romaña.[1]

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Ezio Auditore observa cómo César Borgia y Micheletto Corella asesinan a Francesco Troche.

Micheletto Corella fue convocado por César para que matara a Francesco, lo que hizo cuando los guardias lo aprisionaron y lo llevaron al río Tíber para que confesara. Después de que Francesco en persona contara lo que le había dicho a su hermano, y dijera que esperaba que César lo liberara, Corella lo estranguló con una soga, y su cadáver fue lanzado al río. César le dijo a Corella que quería que matara al actor Pietro Rossi, quien era amante de Lucrecia Borgia, y que la noche de ese día estaría esteralizando una obra de teatro en el Coliseo Romano sobre la pasión de Jesucristo.[1]

El matón de César recorrió las calles de Roma buscando mercenarios y soldados del Vaticano que en la obra posarían disfrazados de guardias romanos y que matarían a Rossi cuando él se los indicase, ya que irónicamente, Rossi interpretaba a Jesucristo en la obra. No obstante, el plan fue frustrado por Ezio Auditore, quien, junto a sus reclutas, tomó el control de los disfraces y actuaron en el momento preciso durante la obra. Aunque Micheletto Corella no fue muerto en la confrontación subsecuente, falló en su misión, y también fue asesinado un mercenario del gremio de los Asesinos que había estado informando a los Borgia de sus actividades.[1]

Muerte de Alejandro VI y pérdida de la Manzana del Edén

«¿Te han dicho que el Barón de Valois ha muerto?»
«No… ¿Tú…?»
«Vamos, ¿por qué iba yo a querer matarle? ¿Acaso conspiraba él contra mí junto a mi "brillante" y traidor capitán general?»
«No tengo por qué escuchar necedades.»
«Los Asesinos le mataron.»
«¡Por qué no les detuviste!»
«¿Me culpas a mí? yo no decidí atacar monteriggioni, fuiste tú. Es hora de que asumas la responsabilidad de tus actos.»
―Alejandro VI y César Borgia discuten en el Castel Sant'Angelo[fte]
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César confronta a Lucrecia y a Rodrigo.

Ese mismo mes, César Borgia fue al Castel Sant'Angelo a reunirse con su padre para discutir por qué habían disminuido sus inversiones militares y a dónde habían sido relevadas las tropas. Alejandro VI, que había previsto el comportamiento de su hijo por haber deshecho sus planes para locas campañas, le dijo que todo se debía a dificultad financiera. César en respuesta le preguntó si él pensaba darle dinero, y le dijo que no. César Borgia ignoraba que las armas diseñadas por Leonardo da Vinci habían sido destruidas por los Asesinos, y que éstos también habían matado a Octavio de Valois. César, preocupado, comió de una manzana que estaba una cesta, y Alejandro VI reprendió a su hijo y le dijo que debía responsabilizarse de sus actos. En respuesta, César refutó hablando de sus logros y que todo lo había alcanzado a pesar de la "interferencia" de fracasos como su padre. El Papa Alejandro se asombró por la actitud desesperada y demencial de César, y le negó irse en el momento en que Lucrecia le dijo al capitán general que la manzana de la que había comido estaba envenenada. César, horrorizado ante la posibilidad de morirse, escupió los trozos que había mordido, y acto seguido le dijo a su padre que su voluntad era ley, y que si en ese momento él deseaba ver a su padre muerto, así sería. César incrustó la manzana mordida en la boca de Alejandro y lo tumbó al suelo, haciéndolo tragar el fruto a la fuerza. Lucrecia, sin dar crédito a lo que veían sus ojos, le dijo a su hermano que sabía la ubicación de la Pieza del Edén, aunque solo logró que él la maltratara físicamente y la golpeara para que le dijera dónde estaba. Lucrecia finalmente le dijo que sospechaba que estuviera en la entrada de la basílica de San Pedro, y tras eso, César se marchó del castillo y se dirigió al lugar.[1]

No obstante, en el camino para salir del Castel Sant'Angelo, se topó con Ezio Auditore, con quien forcejeó un momento hasta que logró cerrar una reja. Después de gritar desesperadamente a los guardias "¡Assessino!", le dijo a Ezio que después volvería para matarlo. César Borgia logró salir del castillo y llegar a la basílica a tiempo, pero no logró encontrar la Manzana, aunque Ezio Auditore sí la ubicó en una fuente gracias a la visión de águila de los Asesinos y escapó del lugar a tiempo con ella. César y sus guardias intentaron detenerlo antes de que lograra escapar, pero él utilizó la Manzana del Edén para cegarlos y dejaron de perseguirlo. César, derrotado, envenenado y herido, entró en la basílica a refugiarse y a pensar en lo sucedido.[1]

Baños de sangre y arresto

Ezio: «¡Arroja las armas, César Borgia!»
César: «¡Las tropas de Micheletto se ciernen detrás de mí! ¡Tomaremos mi ciudad de vuelta!»
Ezio: «¡Esta ya no es tu ciudad!»
— Ezio Auditore y César Borgia[fte.]

El veneno que César había ingerido de la manzana lo debilitó por varios meses, y a finales de 1503 escribió una petición al Vaticano donde esclarecía que era de vital importancia la intervención de los refuerzos del ejército en Roma, y también envió a Micheletto Corella a reunir a sus guarniciones apostados en los diferentes estados para que invadieran la ciudad y acabaran con los Asesinos.[1]

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César Borgia desafía a Ezio y a sus Asesinos en Roma.

En una plaza, César se reunió con capitanes de la guardia para girarles instrucciones de que se organizaran y mataran a todos los Asesinos que encontrasen. No obstante, los guardias sentían mucho temor sobre combatir a los foragidos y le expresaron sus preocupaciones a César, y terminaron diciéndole que necesitaban su ayuda. César estalló en furia y les dijo que estaba grave y que necesitaba que los guardias actuaran por su cuenta. Cuando se vieron interrumpidos por Ezio, el capitán general huyó invadido por el terror y la sorpresa. Todos los guardias de allí murieron a manos de los reclutas de Ezio o por efecto de la energía que emanaba de la Manzana del Edén.[1]

No mucho después, César se reunió con un grupo de cardenales en el Coliseo, donde les dijo sobre que necesitaba la intervención del Vaticano para detener a los Asesinos. Sin embargo, los cardenales desaprobaron la propuesta del capitán general y le explicaron que habían electo a Giuliano della Rovere al Papado ya que el dinero proveniente de los Borgia se había visto manchado por las desastrosas campañas de César y la tiranía e infamia de Alejandro VI. César Borgia no podía creer la respuesta de los cardenales y juró que pagarían por su decisión, aunque en el momento los Asesinos atacaron y eliminaron a todos los guardias.[1]

Ursino: «¡Bajo órdenes del Papa Julio II, te pongo bajo arresto, César Bogia: por los crímenes de homicidio, traición, e incesto!»
César: «¡NO! ¡No! ¡No! ¡No! ¡Las cadenas no me detendrán! ¡Yo no seré detenido por la mano del hombre!»
— Fabio Ursino arresta a César Borgia[fte.]
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César Borgia es detenido por los guardias de Fabio Ursino.

En diciembre de 1503, César Borgia convocó a las guarniciones y los ejércitos que Micheletto había reunido en la Romaña para que fueran a Roma, y esto trajo reacción negativa del pueblo. Los Asesinos liderados por Ezio fueron a enfrentar a César en la puerta de salida de Roma, y este dijo mofándose de ellos que si venían a ver su triunfo. Los Asesinos levantaron sus armas en señal de preparación para un inminente combate, y todos al unísono declararon la guerra a César Borgia proclamando la frase "Vittoria Agli Assassini!" (Victoria a los Asesinos).[1]

Muchos guardias salieron en ayuda de César, y este atravesó el portón y se alejó de la entrada principal de Roma y caminó hasta adentrarse un poco en las montañas de las afueras. La batalla terminó con todos los guardias muertos o dementes bajo los efectos de la Manzana de Edén. César, no obstante, continuó mofándose de los Asesinos, y se contentó al ver que una vasta guarnición de soldados papales caminaban por las hilanderas rumbo a Roma. César gritó que ese momento lo llenaría de gloria al penetrar en Roma y restaurar el poder que antes había sido suyo. Para su sorpresa, no obstante, el general Fabio Ursino llegó con una orden de arresto del Papa por haber cometido el asesinato de Alejandro VI, por tanto traicionando al Vaticano y a todo lo que representa, y haber tenido relaciones carnales con su hermana Lucrecia. César, consternado y aterrorizado, gritó mientras se lo llevaban que no sería detenido por el hombre y que escaparía para adquirir otra vez la gloria de conquistador.[1]

De Italia a España

Inmediatamente después de ser arrestado, César fue encarcelado en el Castel Sant'Angelo. Sin embargo, logró escapar de la prisión y huir lejos de Roma. Aunque César fue nuevamente capturado, el Papa Julio II concluyó que debía ser trasladado a una prisión de mayor seguridad, y ordenó que fuese encarcelado en el Castillo de la Mota en Aragón, España. Aunque Ezio Auditore tenía la intención de matar a César sin importar de que hubiese sido aprisionado, desconocía la ubicación a la que César había sido transferido. A pesar de que él, Maquiavelo y Leonardo habían estado rastreándolo, Micheletto, que había eludido la prisión y le seguía siendo fiel al ex-capitán general, planeó el escape de César.[5]

En 1506, Micheletto sobornó a un guardia de la prisión del castillo. Tras haber lanzado una soga hacia la ventana de su prisión, César bajó por esta a modo de escalar y atravesó la puerta principal vistiendo un uniforme de guardia. Cuando se reunió con Micheletto, el matón le informó que Ezio lo estaba rastreando por España, aunque no dijo más nada al respecto. Micheletto luego le dijo a su amo que había hecho los preparativos para ir a Valencia, y tras eso ambos se dirigieron allá.[5]

Asalto a Valencia

Después de su escape, César comenzó a reconstruir sus fuerzas en Valencia, con hombres voluntarios para entrar a su servicio organizando un enorme campamento militar. Mientras que César organizaba un ejército pequeño, pasó la mayor parte de su tiempo coordinando las tácticas de batalla dentro del barco Lobo Solitario. Ezio y Maquiavelo pronto se dieron cuenta de esto, y lograron destruir el campamento y doce naves con las bombas manuales de Da Vinci.[5]

Después, ellos lo espiaron desde la cubierta del Lobo Solitario. César culpó a Micheletto del ataque de los Asesinos y lo insultó como a un perro, injuriando que debería encontrar un lugar en dónde morir. Durante su disputa verbal con Micheletto, César afirmó que intentaría cruzar la frontera y pedirle ayuda a su cuñado, el Rey Juan III de Navarra.[5]

Aunque Micheletto le rogó a César que recordara su leal servicio, César continuó insultándolo. Sin embargo, esta actitud repercutió a César, ya que Micheletto, al ver lo poco que valía su trabajo para su amo, intentó matarlo por medio del estrangulamiento. No obstante, César logró alejarse de Micheletto y asesinarlo de un disparo a la cabeza. Ezio y Maquiavelo, que habían visto el desenlace de la escena, inconscientemente hicieron ruido desde donde estaban. César, al escuchar, disparó su rifle e hirió a Maquiavelo.[5]

Ezio entonces llevó a Maquiavelo a un doctor en lugar de atacar a César, dándole al templario una oportunidad de escapar de Valencia y cruzar la frontera hasta el reino de Navarra.[5]

Asalto a Viana y muerte

Ezio: «¡César! ¡Las paredes te rodean! ¡No hay a dónde escapar!»
César: «¡Entonces sube, Ezio!»
— César Borgia reta a Ezio Auditore a confrontarlo encima de un castillo en Viana[fte.]
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César Borgia sostiene su espada durante la Batalla de Viana.

En marzo de 1507, César Borgia lanzó una campaña liderando el ejército de Juan III para asaltar la ciudad de Viana, con la cual, si resultaba victorioso, obtendría nuevamente el apoyo de los franceses. César dirigió a su ejército a una fortaleza en Viana, y lanzó sus máquinas de guerra contra las murallas y las defensas, mientras él en persona conducía a una cuantas tropas a combatir a los guardias defensivos en las afueras de la ciudad.[1]

No obstante, cuando el combate se desenvolvía, el Asesino Ezio Auditore apareció y atacó al ex-capitán general alegando que había logrado ir allá guiado por la Manzana del Edén. César, asustado pero con ánimos de triunfar, se defendió del ataque del forajido y ordenó a sus guardias matarlo. Aunque todos los soldados de allí, tanto de la defensa de Viana como los invasores, murieron a manos de Ezio, los cañones de las murallas atacaron al Asesino y lo hicieron caer inconsciente. Tras darlo por muerto, César se dirigió al interior de Viana con unos cuantos guardias, implacablemente dando muerte a todo aquel con quien se encontrase.[1]

Una mujer suplicó ayuda a los soldados que escoltaban a César Borgia, diciendo que su hijo había sido herido y que necesitaba ayuda, pero lo que recibió a cambio fue una apuñalada en el estómago por parte de uno de los guardias por órdenes de César. El general se dirigió al castillo de defensa de Viana, con sus guardias atacando a los civiles y a los soldados defensores. César mató a todos los que se encontraban en la línea de defensa de la parte inferior e interna de la muralla, asesinando a todos los cañoneros.[1]

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Ezio Auditore lucha contra César Borgia.

Para su sorpresa, poco después se vio frente a Ezio Auditore, quien le reclamó que ya no podía huir y que debía dar la cara como general. César, agotado pero ansioso por terminar la pelea, le dijo a Ezio que subiera, y el Asesino, tras derribar una torre de asedio que estalló en conjunto con los almacenes de pólvora de la muralla, atacó a Borgia con su cuchilla oculta.[1]

El general se defendió con una espada y llamó a muchos guardias. Durante el combate, César gritó repetidamente que su destino era grandioso y que conquistaría toda Europa, convirtiéndose finalmente en rey. Disparándole al Asesino varias veces con la pistola que Da Vinci le había diseñado, y que él mismo había utilizado para matar a Mario Auditore siete años antes. Sin embargo, Ezio Auditore terminó matando a todos sus guardias, formando un grotesco y macabro montón de cadáveres sobre la muralla, y tras eso clavar su cuchilla en el cuello de César Borgia.[1]

Antes de morir y en pleno proceso de sangrado, César le dijo a Ezio que el trono era suyo y que correspondía a él llevar a la humanidad a un paso evolutivo. Ezio le dijo que un verdadero líder le daba el poder al pueblo que gobernaba; César en respuesta le dijo que él no podía morir a manos del hombre. Tras eso, el Asesino le dijo que entonces lo dejaría en manos del destino, y como acto final en contra del general, lo levantó fuera de la muralla y lo dejó caer a las montañas.[1]

César Borgia falleció el 12 de marzo de 1507 al caer desde la cima de una muralla de un castillo de Viana y estrellarse contra el suelo.[1][2]

Legado

El cuerpo de César Borgia fue encontrado y posteriormente sepultado en la ciudad de Viana, y ahí permaneció hasta los tiempos modernos. Aunque trató de invadir España durante sus campañas, es recordado en la ciudad de su muerte y venerado con respeto y admiración.[2]

En 1522, el libro de Nicolás Maquiavelo, El Príncipe, fue publicado en Italia. El libro, compuesto de una serie de ensayos, está dirigido y dedicado a Lorenzo II de' Medici de la República Florentina, y está enfocado hacia los deberes de un monarca y de cómo debe obrar y gobernar ante ciertas situaciones. Para exponer su tesis, Maquiavelo se valió de hechos y sucesos históricos de la historia universal y la italiana, citando entre personajes importantes al mismísimo César Borgia.[2]

Personalidad y rasgos

«No titubearé nunca en citar a César Borgia y sus acciones. Este duque entró en Romaña con tropas auxiliares, conduciendo a ella fuerzas francesas, con las cuales tomó Imola y Forlì. Poco después, no pareciéndole seguras tales tropas, recurrió a las mercenarias, juzgando que en aquéllas había demasiado peligro, y tomó a sueldo las de los Ursinos y Vitellis. Hallando después que estas obraban de modo sospechoso, infiel y peligroso, se deshizo de ellas, y recurrió a las propias.»
―Nicolás Maquiavelo[fte]
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César Borgia.

César Borgia, para el momento de ser un conquistador y Capitán General del Ejército Papal, tenía una estatura promedio para la época, cabello negro y barba negra.[1] A veces ocultó su rostro con una máscara, intentando esconder las heridas que le dieron la sífilis que padecía.[5] De una personalidad sumamente despótica, César tomaba placer en las muertes y los sufrimientos de los demás, así como desperdiciaba las vidas de sus guardias y soldados ya que poco le importaba lo que fuese de estos si su propia vida estaba en riesgo.[1][2]

Además de déspota, César exhibió en diferentes momentos de la historia un insaciable sadismo así como un irrespeto total a las normas de la Iglesia Católica y hacia su propio padre. Entre los hechos destaca la muerte de su hermano a manos de la prostitua Fiora Cavazza, el vasto número de muertos que lanzó al Río Tíber, las demostraciones públicas de poder durante la conquista de la Romaña, en cuyas sanguinarias exposiciones se veía un falso y promiscuo aprecio por la vida, aunque era más predominante la muerte dentro de sus valores.[1][3]

Cabe destacar la enfermiza relación entre César con su hermana, y las prácticas de incesto que junto a su padre realizó. César y Alejandro VI fueron muy conocidos durante sus mandatos por haber violado o participado en orgías múltiples veces con Lucrecia, así como a otras mujeres entre las que se destacan Caterina Sforza. Aunque César estaba consciente de que Lucrecia era su hermana y que lo que hacía iba en contra de las leyes religiosas que tanto profesaba, mantenía aspiraciones de convertirse en rey e incluso casarse con Lucrecia.[1][5]

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César Borgia besa íntimamente a su hermana, Lucrecia.

Posiblemente psicópata, César recurrió en numerosas ocasiones a Micheletto Corella, un despiadado matón a sangre fría que empleaba para llevar a cabo ejecuciones limpias y silenciosas. Con mucha frecuencia, las muertes efectuadas por Corella terminarían con el cadáver siendo lanzado al Río Tíber.[1] Entre los muertos se destacaron Vitellozzo Vitelli y Oliverotto de Fermo—hombres a quienes traicionió bajo promesa de alianza—así como un amigo suyo de confianza, Francesco Troche.[3][1] También es importante señalar que César en la mayoría de sus homicidios a sangre fría no tenía motivos realmente justos o claros para deshacerse de aquellos hombres; en el caso de Vitelli y De Fermo, estos le habían servido impecablemente durante la reconquista de la Romaña,[3] y Francesco Troche, por otro lado, era inocente de los actos de los que César le culpaba, además, antes de que éste fuera estrangulado, el duque le prometió que no lo mataría, rompiendo terriblemente con su propia palabra.[1]

César Borgia también era extremadamente soberbio, creyendo que su existencia, su ascenso al poder como Capitán General y como hijo del Papa, significaba más que todo lo que había representado el hombre a lo largo de la historia. César hizo actos cuyos simple concepto ameritaba la creencia de que sus oponentes fueran hombres estúpidos, subestimando todo el tiempo a quienes se enfrentó: esto se vio durante la ejecución de Vitelli y De Fermo, ya que ellos lucharon y mataron a todos los guardias enviados por César, y también se evidenció en el asalto a Monteriggioni, momento en el cual dictó un veredicto a los Asesinos creyendo que no irían a buscarlo a Roma.[1]

Tras la muerte de Alejandro VI, con la cual demostró que no tenía respeto alguno por el concepto de familia, César perdió la Manzana de Edén, aunque confiara excesivamente en que vencería con la ayuda de Micheletto y subestimando a los Asesinos.[1] También, durante su aprisionamiento en el Castel Sant'Angelo, así como también en el Castillo de la Mota, César exhibió un desprecio ante los guardias y los civiles, así como una exacerbada vanidad.[5]

Durante la Batalla de Viana, momentos antes de su muerte, César lanzó constantes y fuertes declaraciones de que él conquistaría toda Europa, que Ezio Auditore era indigno de quitarle la vida y que no moriría a manos del hombre. Posiblemente, este comportamiento se debe al efecto causado por el sentimiento de poder al poseer la Manzana de Edén.[1]

César Borgia también tuvo un gusto especial en contratar tropas mercenarias, vistiéndolas con uniformes de guardias, y estaba acostumbrado a que éstas lo dejaran en los momentos más difíciles. Las importantes hazañas de César Borgia son descritas en el libro El Príncipe del Asesino Nicolás Maquiavelo.[2]

Equipamiento y habilidades

«Soy el mejor guerrero que ha existido.»
―César Borgia[fte]
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César Borgia comanda unos guardias papales.

A pesar de haber sido cardenal de joven, César Borgia prefirió las batallas, siendo entrenado y adquiriendo una destreza implacable con la espada, a parte de tener una excelente puntería al usar una pistola en su mano izquierda—siendo Borgia diestro—y teniendo un dominio sin precedentes de la ballesta. Durante su duelo con Ezio Auditore, fue capaz de resistir los ataques del Asesino, hasta que éste rompió su armadura y le derrotó.[1] Liderando tropas, César tenía cierto don, abandonándolas a la muerte cuando se veía seriamente amenazado.[2] Borgia tenía también experiencia como torero, y según Nicolás Maquiavelo, su gusto por éste deporte pudo ser debido a sus orígenes hispanos y naturaleza violenta.[5]

César usaba una resistente armadura con ángeles forjados, simbolizando su puesto como Capitán General del Ejército Pontificio. Él tuvo en su posesión varios tipos de espada, entre ellas una espada común y una Schiavona, usando la primera más frecuentemente.[1] Borgia usó una ballesta cuando traicionó a Vitelli y a De Fermo,[3] prescindiendo de ella durante la liberación de Roma.[1]

Entre Bastidores

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Arte conceptual de César Borgia.

César Borgia fue en la vida real el Capitán General del Ejército Pontificio, hijo del Papa Alejandro VI. Sin embargo, Ubisoft tomó a César como el antagonista principal del videojuego de 2010 Assassin's Creed: Brotherhood, y el enemigo final del mismo; no obstante, Ubisoft modificó algunos detalles en la vida de César Borgia.

El debut de Borgia fue, en realidad, en una mención de la base de datos de Assassin's Creed II. En la versión original del juego, fue doblado por Andreas Apergis, quien también dió voz, entre otros, a Francesco de' Pazzi en Assassin's Creed II.

La historia de César antes de Brotherhood es narrada en Assassin's Creed: Ascendance, volviendo a ser doblado por Apergis.

César Borgia recibirá una entrada en la enciclopedia, que será puesta a la venta el 15 de noviembre de 2011.

Históricamente, César Borgia tuvo sífilis. En la novela, es descrito ciertas veces con una máscara para esconder sus infecciones, pero en el otro material de la saga, no se menciona ni se ve que César padezca sífilis o porte alguna máscara.

La muerte de César en Brotherhood tiene grandes diferencias respecto a su muerte real. En la vida real, los campamentos de los navarros tuvieron que retroceder para conseguir víveres, y aprovechando la situación, los ciudadanos de Viana hicieron los mismo, aparte de recuperar el terreno antes ocupado. Furioso por la pérdida de campo, César Borgia cabalgó hasta el castillo de Viana, donde fue emboscado, y posteriormente asesinado por tres jinetes, Garcés de Ágreda, Pedro de Allo, y otro de nombre desconocido.

En el juego, Maquiavelo respeta las habilidades de César para ejercer su voluntad. Históricamente, Maquiavelo admiró a César Borgia, y fue incluso amigo suyo, ayudándole en el asalto de Senigallia. El artículo asume la versión histórica junto a la del videojuego al no entrar en conflicto mutuamente.

Da Vinci no creó ninguna máquina de guerra para los Borgia según la historia, únicamente actuó como ingeniero personal de César, diseñándole el mapa de Imola.

Apariciones

Notas y referencias

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