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Carlo Grimaldi

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«Carlo Grimaldi. Emergiendo de su palacio en Mónaco en la búsqueda del poder político, Carlo no tardó en convertirse en una pieza clave para las decisiones de la nobleza veneciana, mientras su renombrada discresión le cedía el puesto de espectador tras bastidores.»
Shaun Hastings, en su entrada sobre Grimaldi en el Animus 2.0[fte]

Carlo Grimaldi (1445 - 14 de septiembre de 1485) fue un noble de Mónaco que vivió casi toda su vida en Italia, específicamente en la Serenísima República de Venecia durante el siglo XV renacentista. Un ser muy habilidoso y astuto, Grimaldi era capaz de conservar sus amistades y conexiones dentro de diferentes familias reales, y no tardó en convertirse en un aliado de confianza de los Barbarigos, quienes sostenían el poder en la hegemonía veneciana. Además de su pericia para mantener intactos sus lazos y ser de utilidad para los Templarios, Grimaldi obtuvo un puesto importante en el Consejo de los Diez tras ayudar a su líder, el noble Ignazio Contarini, al descubrir un plan de su hija para escapar de Venecia.

Con el paso de los años, Grimaldi ayudó a los Templarios a usurpar el control de diferentes Estados italianos y cederlos a sus lacayos, hasta el fallido intento de derrocamiento de la familia florentina Medici, que terminó con el poder de toda la Toscana cedido a los gobernantes de Florencia en 1480. Para el año 1485, Grimaldi recibió la encomienda del líder Templario en persona de esa época, Rodrigo Borgia, y esta era la pronta ejecución de un cercano amigo suyo, el Dogo Giovanni Mocenigo. Después de envenenar el vino de Mocenigo, el dogo falleció durante una partida de ajedrez que jugaba con Grimaldi; sin embargo, Carlo no fue protegido por sus guardias del Asesino Ezio Auditore da Firenze, quien terminó dándole muerte inclementemente.

Entrada en la base de datos

"Fecha de nacimiento: 1445.

Ocupación: noble, miembro del Consejo de los Diez.

Carlo Grimaldi. Tras llegar de su palacio de Mónaco ávido de poder político, Carlo no tardó en convertirse en invitado asiduo de las cenas de la nobleza veneciana, al tiempo que su reputación de discreto le daba entrada a muchos aposentos privados. Así es como este bastardo acabó en el Consejo de los Diez. Mientras visitaba al jefe del Consejo, Ignacio Contarini, Carlo se encontró con su hija. Ella, que estaba... desesperada, y sabiendo la fama de discreto de Carlo, confió en él. Su padre había concertado su boda, pero ella quería escapar con el hijo de uno de los sirvientes. Habían estado enamorados desde niños, y planeaban emprender una nueva vida en Milán, donde ella no dependería de su padre. Carlo sugirió que actuaran de inmediato y huyeran en barco esa noche. Ambos amantes siguieron sus instrucciones. ¡Cuando subieron por la pasarela, se sintieron libres! Hasta que vieron que Ignacio estaba a bordo. Carlo fue recompensado por su lealtad a la familia Contarini, y el amor verdadero... bueno, ya ves qué pasó".

Biografía

Noble veneciano

Carlo Grimaldi, nacido en 1445, fue un noble europeo que vivió en el Principado de Mónaco durante el siglo XV, en plena época del Renacimiento, y que en una encrucijada por la adquisición de la autoridad política, terminó desplazándose al Estado italiano de La Serenísima, ganándose el favor de los nobles más influyentes de ese periodo.

Con una particular reputación de ser una persona sumamente discreta, Carlo fue muy astuto y habilidoso para ganarse la confianza y el favor de los miembros más importantes del gobierno veneciano de ese entonces, el Consejo de los Diez, y aunque bajo ningún medio le fue permitido formar parte de éste, tuvo permiso de asistir a sus reuniones y servir de espectador.

Miembro del Consejo de los Diez

«Mientras visitaba al jefe del Consejo, Ignazio Contarini, Carlo se topó con nada menos que su hija…»
―Shaun Hastings, en la entrada de Grimaldi en el Animus 2.0[fte]
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Carlo Grimaldi abrazando hipócritamente a la hija de Ignazio Contarini.

Durante una de sus jugadas políticas, Carlo visitó al mismísimo líder del Consejo de los Diez, el noble Ignazio Contarini en su palazzo. Sin embargo, mientras deambulaba por los pasillos del edificio, Carlo se encontró con la hija de Contarini, quien le contó que su padre había arreglado su matrimonio con un noble, pero ella estaba enamorada del hijo de uno de los peones del palazzo, y que ambos habían establecido desde niños una relación romántica duradera, planeando incluso escapar a Milán, donde su padre no pudiera molestarla y formar una vida distinta.

No obstante, Carlo no vio esto como una situación en la que la muchacha y su pareja necesitaban ayuda, sino más bien como una oportunidad para ganarse el favor de Ignazio, a sabiendas de que su hija confiaba en él por su reconocida reputación de ser un hombre honesto y siempre dispuesto a ayudar. Jugando con la inocencia de los jóvenes, Carlo les dijo que era necesario buscar la forma más pronta de actuar antes de que se temiera realmente por sus vidas, esclareciendo así que buscaría un barco para que esa misma noche los novios partieran de Venecia a Milán y se libraran de su padre, comenzando así su vida amorosa. La hija de Ignazio estuvo muy agradecida, y ella y su novio siguieron las instrucciones dadas por Carlo de ocultarse por lo que quedara del día. Pero Carlo informó a Ignazio de todo lo que planeaba su hija, quien le pidió ayuda a él y ambos quedaron en mantener a Ignazio dentro del barco en el que partirían los jóvenes.

La noche de ese día, los muchachos subieron a un barco poco tripulado pagado por Carlo, agradecidos de la amabilidad del hombre, pero quedaron sorprendidos cuando Ignazio apareció en la cubierta. El resultado fue igualmente horroroso, pues el novio de la joven fue asesinado y lanzado al agua para que fuera devorado por las gaviotas y las demás aves carroñeras. Ignazio, sumamente agradecido a Carlo, lo dotó de joyas y oro y lo convirtió en uno de los miembros del Consejo de los Diez.

Los planes de "El Español"

«Messer Grimaldi, usted es el más afín a Mocenigo. Séanos de utilidad, y no lo olvidaremos.»
―Rodrigo Borgia a Grimaldi[fte]

Conforme pasaban los años, Grimaldi se convirtió en un aliado duro de los líderes del Consejo de los Diez, y ejerció su influencia y autoridad sobre grandes nobles venecianos. En 1485, en pleno apogeo del poder templario sobre Venecia, Carlo le pidió al noble Emilio Barbarigo que fuera a la plaza San Marco, en la que tendría su reunión con los otros miembros de la familia Barbarigo. Cuando Silvio Barbarigo, pariente de Emilio, le preguntó a Carlo si le había pedido a Emilio que fuera al lugar en persona, éste respondió que aparentemente Silvio no confiaba en él. Carlo y Silvio caminaron por varias calles de Venecia y discutieron acusándose mutuamente de ser negligentes y no obedecer bien las instrucciones de su Maestro.

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Grimaldi escuchando a Marco Barbarigo junto con sus colegas Templarios.

Llegaron hasta la plaza de la Basílica de San Marco, donde se encontraron al noble Marco Barbarigo y su guardaespaldas, Dante Moro. Carlo sabía que los Barbarigo, bajo las instrucciones de Rodrigo Borgia, querían que Carlo participase directamente en el homicidio del Dogo de esa época, Giovanni Mocenigo, que era un aliado de los Asesinos y que interfería con los planes de los Templarios. Carlo le dijo a Marco que estaba cerca de poder ejecutar el plan, pero que requería un poco más de tiempo para idear una forma sutil de realizarlo, aunque Marco refutó la petición y señaló que existía la urgencia de que el plan no pasara de más de una semana. Al grupo se le unió Rodrigo Borgia en persona, que reprendió a los venecianos porque no habían recibido el permiso para planear sin autorización de él.

Cuando el grupo caminó por diversas calles tratando de figurar un modo de matar a Mocenigo, Silvio Barbarigo dijo que su gente había descubierto un útil y letal veneno llamado Cantarella. Rodrigo entonces les dio las instrucciones a cada uno de ellos, diciéndole a Carlo que él debía de verter el veneno en el vino que bebiera el Dogo, y que tras la muerte de Mocenigo, Marco tomaría el lugar como Dogo de Venecia. Según Rodrigo, Carlo debía ser quien matara al dogo, ya que era él quien estaba más cerca de él, así como la persona en quien el otro depositaba más confianza.

Homicidio de Mocenigo

Ezio: «¡Alto, Signore, no beba eso!»
Grimaldi: «Llegas tarde, el dogo ya ha muerto.»
— Ezio Auditore intenta salvar a Mocenigo de Grimaldi[fte.]
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Grimaldi jugando ajedrez con el Dogo Mocenigo poco antes de matarlo.

No mucho después de la reunión, Grimaldi recibió el veneno de Silvio Barbarigo o de su gente en la residencia de Mocenigo, el Palazzo Ducale, y logró entrar en la cocina y vertirlo en el vino del dogo, esperando pacientemente el momento de su arribo. Una vez que había llegado Mocenigo, Grimaldi intentó convencerlo de unirse a los Templarios como último acto antes de asesinarlo. El dogo, sin embargo, descartó los comentarios de su compañero e incluso lo acusó de ser insolente, probando con esto que el noble de Mónaco no podía convertir al funcionario, y viéndose ante la inminente necesidad de darle muerte.

Como pretexto para hacer al dogo beber el veneno, Grimaldi invitó a Mocenigo a una partida de ajedrez en un estudio del palazzo, partida que procuró que durara lo suficiente para que el hombre sufriera los fatales efectos del arsénico con prontitud. Conforme avanzaba el juego, no obstante, Mocenigo se sintió pesaroso y vaciló en numerosas ocasiones hacia la ventana, como consciente de algo que sucediese fuera del palazzo. Grimaldi, en un intento por calmarlo, le dijo que no importaban los disturbios de los civiles, invitándolo a retomar la partida.

Sin embargo, el dogo fue alertado por Ezio Auditore da Firenze, el Asesino florentino que había acabado con los Pazzi y con Emilio Barbarigo, y que utilizando la Máquina Voladora del inventor Leonardo da Vinci logró infiltrarse en el Palazzo Ducale.

A pesar de que Mocenigo llegó a entender lo que había hecho Grimaldi, el noble solo tumbó la pieza del rey del bando con el que estaba jugando el dogo, señalando que ya había muerto. Espantado por la llegada del Asesino, Carlo Grimaldi salió del estudio gritando ayuda a sus guardias, dejando al dogo sangrando para morirse, y asegurando que él le había matado.

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Carlo Grimaldi muere a manos de Ezio Auditore.

Grimaldi, huyendo de Ezio Auditore, corrió por varias partes del interior del Palazzo Ducale en busca de una salida y confiando en sus guardias, pero los soldados eventualmente fueron superados por el Asesino, y Grimaldi terminó siendo ejecutado a manos del Auditore. En sus últimos momentos, Grimaldi indicó que el acto cometido por él y por Ezio era similar, ya que ambos mataban creyendo que hacían lo mejor. Ezio, sin embargo, señaló que en su caso él no asesinaba por razones propias, dejándolo morir en el centro del palazzo.

Palabras finales

Carlo grimaldi assassination.jpg

Últimos momentos de Carlo Grimaldi.

Ezio: Se necesita a un asesino para matar a otro, así parece.

Grimaldi: Matamos porque creemos que es lo mejor para nosotros… ¿no es así, Messer Ezio?

Ezio: Compio questo sacrificio per il bene superiore (hago este sacrificio por el bien superior). Requiescat in pace. (descansa en paz)

Apariciones

Notas y referencias

  1. Carlo Grimaldi murió el mismo día que Giovanni Mocenigo, según Wikipedia, Mocenigo murió el 14 de septiembre de 1485.

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