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Conspiración de los Pazzi

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«¡Se acabó tu día, Lorenzo! ¡Hoy toda tu familia muere bajo mi espada!»
Francesco de' Pazzi a Lorenzo de' Medici[fte]

La Conspiración de los Pazzi fue un intento de derrocamiento del gobierno de la República de Florencia durante el siglo XV—encabezado en ese entonces por Lorenzo I—y que fue orquestrado y llevado a cabo por los Templarios del español Rodrigo Borgia y la colaboración de la familia Pazzi, la cual le dio el nombre al penoso suceso que la marcaría con el sello de la infamia y la vergüenza en la historia de Italia por el resto de los siglos.

El plan, llevado a cabo como un medio para eliminar a los Medici del gobierno florentino debido a su falta de complacencia a la clase rica, así como para colocar en su lugar a una monarquía dispuesta a sucumbir ante la voluntad de los Templarios, fue respaldado por el Papa Sixto IV, creyendo que sería posible derrocar al Estado de Florencia tras la exitosa aunque costosa maniobra de deposición del Duque de Milán. El fue asignado a la segunda familia con más poder de Florencia, los Pazzi, cuyo patriarca, Jacopo, decidió dejar el complot en manos de su sobrino, Francesco, su hijo, y cuatro arrendatarios, siendo éstos el monje Antonio Maffei, el banquero Bernardo Baroncelli, el cura Stefano da Bagnone, y el Arzobispo de Pisa Francesco Salviati, ya que él mismo tenía buenas relaciones con el gobierno de Lorenzo, y no deseaba verse envuelto directamente en el suceso.

Aunque el hijo de Francesco fue muerto durante una escaramuza en la ciudad de San Gimignano, el plan se llevó a cabo en abril de 1478, en el momento en que Lorenzo I visitaba la congregación de creyentes en la Basílica de Santa María del Fiore, en un baño de sangre a la vista de toda la ciudadanía de Florencia, en el cual fue muerto el hermano de Lorenzo, Giuliano. No obstante, el Asesino Ezio Auditore intervino y logró salvar a Lorenzo y resguardarlo en su palazzo. El príncipe, posteriormente, le pidió a Ezio que diera muerte a los Pazzi por su traición, y Francesco fue muerto a manos del Asesino y colgado por una multitud enfurecida de la cima del Palazzo della Signoria, la corte de justicia de la República Florentina.

Después de los eventos, los arrendatarios escaparon a San Gimignano, y Ezio Auditore, tras liberar a Lorenzo de otro intento de homicidio dentro de su residencia, cazó a los conspiradores. Finalmente, Jacopo fue traicionado por Rodrigo Borgia cuando intentó pedir pasaje a Roma o a Venecia, y murió en la ciudad de la Toscana, marcando con esto el fin de la familia Pazzi.

Historia

Preludio

Orígenes

«Florencia está débil ahora. Tenemos que aprovecharnos de eso.»
Rodrigo Borgia intenta convencer a Sixto IV de atacar Florencia[fte]

Durante el siglo XV, la Italia del Renacimiento se vio aislada del resto de Europa, azotada por crisis monetarias y con deseo de unión de sus provincias, las cuales, principalmente las ciudades y diversos Estados estaban en manos de nobles y patriarcas de familias ricas o condottieros.

Rodrigo Borgia, quien era para entonces líder de la Orden de los Templarios resurgidos, se propuso la tarea de planear las caídas de monarcas y duques de diversos Estados que estuviesen particularmente enemistados o que pensasen diferente a las ideas del Papado, colocando en su lugar a gobiernos que fácilmente sucumbieran a los mandatos y deseos de Su Santidad en Roma. Para hacerlo, Borgia requirió el uso de la fuerza militar, principalmente mercenaria para ejecutar los planes trazados, así como la ayuda de familias nobles que formaran parte del círculo de los Templarios, o que simplemente deseaban ser las más notorias de los Estados que habitaban.

En diciembre de 1476, Borgia orquestró exitosamente el asesinato del Duque de Milán, Galeazzo María Sforza, dando con esto la posibilidad de colocar en su lugar a un gobernante complaciente de los deseos del Papa, Sixto IV. Este suceso, que había sido previsto por el monarca líder de la República de Florencia, Lorenzo de' Medici, fue evaluado como una posible amenaza a los Estados italianos que no se convirtieran en lacayos del Papado o siquiera accediesen a sus peticiones. Los Templarios de Borgia deseaban deponer a Lorenzo de su cargo por el medio que fuera necesario, ya que durante la época la familia Medici había buscado establecer en vano la igualdad de las clases sociales, así como una política de participación popular que no excluyera a los más pobres—pensamientos que aislaban a la clase social burguesa y provocaba que ciertas familias entraran en desesperación—y también por la alianza del príncipie florentino con la organización opuesta a los Templarios, los Asesinos.

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Rodrigo Borgia y sus aliados caminan por las calles de Florencia.

A finales de ese mismo mes, los aliados de Borgia en la Serenísima República de Venecia enviaron una carta asegurando su participación en los planes a futuro que ejecutarían los Templarios, y que debía ser entregada a Rodrigo en Roma. No obstante, la carta fue interceptada por un aliado de Lorenzo de' Medici, el Asesino Giovanni Auditore, a pesar de que ésta eventualmente fue llevada a manos de Borgia gracias a la ayuda de un Templario infiltrado en el gobierno florentino, el confaloniero de justicia Uberto Alberti, quien también poco después ordenó la ejecución de casi toda la familia Auditore por el hecho de interferir en los planes de la organización, aunque, paradógicamente, bajo la acusación de traición a la familia Medici.

Rodrigo Borgia en persona entregó la carta al Papa, quien expresó su conformidad con el derrocamiento de los Sforza del trono de Milán, aunque también preocupación por el futuro de la República de Florencia si ésta no sucumbía al control de los Templarios. Rodrigo, viendo la oportunidad, pidió al Papa su consentimiento de reunir los medios necesarios para derrocar a Lorenzo de' Medici, a lo que Sixto accedió brindando su supuesta "ayuda espiritual", y aceptando incluso brindar apoyo militar.

Para lograr su cometido, Rodrigo decidió aliarse con la familia Pazzi de Florencia, la cual ocupaba el segundo puesto de ser la familia banquera más prestigiosa y poderosa de la República, y que deseaba con premura e inmediatez la caída del gobierno.

La tarea fue asignada por Borgia al patriarca de la familia, Jacopo. Sin embargo, como él era pragmático y tenía buenas relaciones con los Medici, prefirió dejar el plan en manos de cuatro arrendatarios, todos los cuales buscaban retribución de la familia gobernante de Florencia: el monje Antonio Maffei—que presenció el saqueo de la ciudad toscana de Volterra a manos de mercenarios florentinos y culpó a Lorenzo del suceso—el banquero Bernardo di Bandino Baroncelli—cuyos primos habían sido exiliados de Florencia aparentemente por causas ligadas a crímenes contra los Medici—el Arzobispo de Pisa, Francesco Salviati—cuya ambición por convertirse en arzobispo de la República Florentina se vio obstaculizada por la llegada de Lorenzo al poder—y el cura Stefano da Bagnone, que formaba parte de los consejeros del círculo cerrado de Jacopo de' Pazzi.

Junto a estos hombres, Francesco de' Pazzi, sobrino de Jacopo, y su hijo, Vieri, organizaron sus fuerzas y su potencial para preparar el terreno de lo que sería la caída de uno de los Estados más poderosos de Italia.

Sentando las bases

Borgia: «¿Qué ocurre, Jacopo? ¿Acaso crees que sospechen de algo?»
Francesco: «¡Imposible! Los Medici son demasiado arrogantes o demasiado estúpidos para darse cuenta. Quizá sean ambas cosas.»
Jacopo: «¡Haz el favor de no subestimar a nuestros enemigos, Francesco! ¿O acaso ya has olvidado cómo fue muerto tu hijo?»
Francesco: «Esta vez no habrá ningún tipo de sorpresas, Maestro. Tiene mi palabra.»
Borgia: «Molto bene. Debo irme. Tengo otros asuntos que atender antes de partir a Roma. Caballeros, mañana un nuevo sol se pondrá sobre Firenze. Que el Padre de la Sabiduría nos guíe.»
— Los Templarios reunidos en Santa María Novella[fte.]

Antes de poder llevar a cabo el plan, el hijo restante del difunto Asesino Giovanni Auditore, Ezio, dio muerte al confaloniero Alberti, uno de los aliados más cruciales para el desenvolvimiento del plan. No obstante, Rodrigo Borgia pensó que todavía era posible actuar, y para comienzos de 1478, ya habían diseñado una estrategia de ataque y de defensa, conteniendo guarniciones de refuerzo en la ciudad de San Gimignano.

Entre enero y marzo de ese mismo año, Rodrigo Borgia acudió a San Gimignano para reunirse con Jacopo, Francesco y Vieri, y asignarles a cada uno sus respectivas tareas. El líder de los Templarios le dijo a Vieri que se quedara en la ciudad para coordinar y agrupar los contingentes de mercenarios ubicados allí. Francesco debía organizar a sus fuerzas en Florencia y avisarles al resto de los arrendatarios cuándo debían atacar, mientras que su tío se encargaría de calmar a la población una vez pasados los eventos. Vieri se quejó de los pocos recursos a su disposición y de la intervención del condottiero Mario Auditore en su ciudad. Rodrigo se desentendió de la situación y le dijo al joven que poco después acabarían con quienes quedasen. Creyendo que todo estaba bien, Rodrigo, Jacopo y Francesco se retiraron de la ciudad, el líder probablemente a Roma, y los Pazzi posiblemente a empezar sus asignaciones respectivas. No obstante, Vieri fue muerto ese mismo día en el que Mario y Ezio Auditore invadieron San Gimignano y arrasaron a la guardia de los Pazzi. Poco después, el suceso llegó a oídos de Rodrigo, quien pensó que no era requerida la ayuda del joven, y se involucró personalmente en la etapa final de la conspiración.

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Stefano da Bagnone, Jacopo de' Pazzi y Bernardo Baroncelli discutiendo en las catacumbas de Santa María Novella.

El 25 de abril de 1478, Rodrigo preparó una reunión con todos los conspiradores en las catacumbas de la iglesia Santa María Novella, en Florencia, listo para ejecutar el plan el día siguiente. Sin embargo, Ezio Auditore, que había ido a la ciudad buscando a Francesco de' Pazzi, fue avisado por Leonardo da Vinci de la existencia del delincuente La Volpe, quien a su vez lo llevó hasta Santa María Novella, explicándole que Francesco había llegado junto con un conjunto de carruajes a Florencia, y que posiblemente estaba dentro de aquella iglesia.

El Auditore exploró las catacumbas buscando el sarcófago del antiguo Asesino Darío, y dio con la reunión que se estaba dando en una disimulada y abigarrada sala de conferencias a varios metros por debajo. Bernardo Baroncelli, que había llevado consigo un conjunto amplio de armas, enseñaba y exponía las medidas de ataque que sus tropas tomarían contra la Guardia Real de los Medici. Stefano da Bagnone le preguntó a Borgia si Sixto IV había dado el permiso de actuar, y el líder Templario respondió que había accedido siempre y cuando nadie muriese, comentario que fijó con ironía. Borgia vio en la cara de Jacopo de' Pazzi un gesto de preocupación y le preguntó al noble si pensaba que los Medici sospechaban de algo, a lo que Francesco aseguró que eran una familia demasiado arrogante o estúpida para tener esas molestias. Jacopo recalcó el asesinato del hijo de Francesco, y pidió a su sobrino que fuera más precavido o acabaría de la misma forma. No obstante, Francesco aseguró a Rodrigo Borgia que no habría contratiempo en el plan, con lo cual todos cerraron la reunión diciendo su respectivo juramento templario.

Ezio Auditore, tras eso, salió de la catacumba evacuando la iglesia por medio de un desagüe cerca de un puerto, en el cual se reunió con La Volpe. Cuando Ezio le contó al ladrón lo que había escuchado, éste le dijo que ellos planeaban actuar en frente de una muchedumbre que se congregaría en la Basílica de Santa María del Fiore. Ezio, dispuesto a actuar a modo de precaución como aliado de los Medici, se comprometió a intervenir y se marchó del puerto.

Masacre en el Duomo

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Lorenzo de' Medici con su señora frente a Santa María del Fiore.

Baroncelli: «Crepa, traditore! (¡Toma, traidor!)»
Lorenzo: «¡Giuliano! ¡No!»
Giuliano: «No! In nome di Dio, vi scongiuro! Pietà! (¡No! ¡En nombre de Dios! ¡Os suplico, piedad!).»
Francesco: «Nessuna pìetà, cane maledetto! Muori! Muori! Muoriiii! (¡Para ti no hay piedad, maldito perro! ¡Muere! ¡MUERE!).»
— Los Pazzi dan el primer golpe[fte.]

El día domingo, 26 de abril de 1478, Lorenzo de' Medici y su hermano, Giuliano salieron de su residencia con una escolta de guardias para acudir a la congregación de feligreces en Santa María del Fiore. Lorenzo fue en compañía de su esposa, Clarice Ursino, y Giuliano.

Ezio Auditore, que había acudido al evento para salvar a los gobernantes, observó una multitud de personas reunida afuera de la basílica, contemplando a los monarcas pasar por frente de ellos. Ocultándose entre la muchedumbre, Ezio distinguió a Lorenzo, a su esposa, a su hermano y a la acompañante del mismo, pero no logró ver a los conspiradores.

Sin embargo, Francesco de' Pazzi emergió de un lado de los grupos de personas e hizo una señal a unos guardias. Varios otros conspiradores comenzaron a aparecer, incluyendo a Bernardo di Bandino Baroncelli, que arremetió contra Giuliano con una cuchillada directo a la cara. Antonio Maffei y Stefano da Bagnone salieron de Santa María del Fiore, supuestamente para recibir a Lorenzo, pero sacaron de entre sus túnicas unos cuchillos. El príncipe dejó salir a su esposa, aunque antes de que pudiera desenvainar su espada, Bagnone lo apuñaló en la espada, y acto seguido Maffei clavó su arma en el cuello del monarca.

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Lorenzo de' Medici confronta a Francesco de' Pazzi.

Ezio, presenciando el sangriento y fugaz espectáculo, saltó hacia la plaza tratando de salvar a los Medici. No obstante, Francesco atacó a Giuliano, y mientras el hermano de Lorenzo suplicaba por piedad, el noble florentino le gritó palabras de muerte y lo acuchilló diecinueve veces a lo largo del tronco. Mientras Giuliano desangraba hasta morir, varios guardias mercenarios emergieron para atacar a Lorenzo, que empuñó su espada estupefacto y espantado por el suceso. Francesco señaló a Lorenzo con su propia arma, amenazándolo con que ése sería su último día.

Lorenzo, confundido y desorientado, alzó su espada para bloquear los repetidos ataques de Francesco mientras Ezio se defendía de los guardias con su Cuchilla Oculta. Bernardo Baroncelli, Maffei y Bagnone huyeron dentro de las calles de Florencia, y mientras más miembros de la Guardia Real de los Medici acudían en ayuda del gobernante florentino, Francesco se vio rodeado y solo frente al príncipe y su joven defensor. El Pazzi, alucinante y acobardado, se echó a la fuga, dejando a Lorenzo, a Ezio y al cuerpo de Giuliano en todo el pie de la basílica.

Resguardando a Lorenzo

«¡Francesco de' Pazzi! ¡Lo voy a matar! ¡Acabaré con toda su familia en esta ciudad! ¡SERÁN BORRADOS!»
―Lorenzo de' Medici gritando palabras de furia a los Pazzi durante la masacre[fte]

Ezio Auditore decidió atender a Lorenzo en lugar de correr tras Francesco. El príncipe agradeció al joven por salvarle la vida y le pidió que lo llevara hasta su refugio no muy lejos de la iglesia. Ezio, viendo que la multitud había huido espantada, condujo a Lorenzo por el terreno abierto, evadiendo los grupos de soldados de la República combatiendo a mercenarios de los Pazzi.

Mientras caminaba, Lorenzo gritó amenazas de muerte a los Pazzi, señalando que mataría a toda la familia y literalmente los borraría. No obstante, mientras caminaba, Lorenzo dijo que estaba perdiendo mucha sangre, con lo que Ezio tuvo que encontrar una ruta en la que no se topase con guardias Pazzi.

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Ezio Auditore habla con Lorenzo, mientras éste es atendido por sus soldados en el refugio.

Al llegar al refugio, Poliziano, un soldado leal y de alto rango de la Guardia de Lorenzo, preguntó por la contraseña. Lorenzo, enfurecido y agonizante, le gritó que abriera la puerta, con lo que el soldado lo dejó entrar y lo acomodó en una silla mientras era atendido por doctores. Tras eso, Lorenzo le preguntó al joven su nombre, y Ezio se presentó, señalando que él también había perdido un hermano por culpa de los Pazzi. Lorenzo sintió que debía disculparse con Ezio por la circunstancia, y expresó haber sido amigo de su padre, Giovanni, y se refirió a él como "un buen hombre". Acto seguido, Lorenzo le pidió a Ezio que actuara contra los Pazzi, señalando que debía matarlos, a lo que el joven accedió.

Posteriormente, Francesco de' Pazzi y sus soldados se resguardaron en el Palazzo della Signoria dispuestos a tomar la corte suprema de la República de Florencia. Esta situación fue reportada por Poliziano a Ezio, y con esto el Auditore partió del refugio para matar a los conspiradores.

Caos en la Signoria

Ezio: «Ahora Firenze te juzgará por lo que has hecho.»
Francesco: «Se acababó… Todo ha terminado…»
Ezio: «Meglio essere felici in questa vita che aspirare a esserlo nella prossima (Es mejor estar contento con esta vida que aspirar a estarlo en la próxima). Requiescat in Pace (Que en Paz Descanses).»
— Ezio Auditore asesina a Francesco de' Pazzi[fte.]
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Francesco de' Pazzi observando los baños de sangre desde la cima del Palazzo della Signoria.

Ezio Auditore se abrió paso de entre pequeñas multitudes y grupos de soldados de Medici y Pazzi combatiendo brutalmente en el trayecto desde el refugio de Lorenzo al Palazzo della Signoria. Después de escalar las casas que rodeaban a la corte de justicia, Francesco de' Pazzi—que estaba en la terraza del palazzo aledaña a la Torre—distinguió a Ezio y furioso le gritó a sus guardias para que lo matasen, e incluso le preguntó al Asesino que por qué no estaba muerto.

Sin embargo, los guardias de los Pazzi no lograron impedir que Ezio llegase a la terraza del palazzo escalando por los andamios. Allí, varios grupos de mercenarios confrontaron al Auditore, y todos murieron a manos de él. Francesco, aterrorizado, pidió ayuda a más guardias, pero ninguno respondió, ya que el resto estaban ocupados en contiendas cerca del cadalzo de la Signoria. Ezio, dispuesto a matar al noble florentino, avanzó hacia Francesco con su Cuchilla Oculta lista, pero el hombre realizó un salto de fe desde su posición hacia la plaza muchos metros abajo, y huyó del Asesino.

Ezio lo siguió bajando del palazzo y persiguiéndolo por las calles. Francesco comenzó a subirse a las casas a modo de desesperación. Ezio también lo siguió a los tejados, donde, apresuradamente, terminó rodeándolo y apuñalándolo por la espalda con su cuchilla.

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Ezio Auditore sostiene el cadáver de Francesco de' Pazzi.

Momentos antes de morir, Francesco le dijo a Ezio que todo había terminado. Sin saber muy bien a qué pudiera referirse, el Auditore le dijo que Florencia lo juzgaría por sus acciones, y dejó que pereciera con el señalamiento de que mejor se contentara con su vida en ese momento que esperase a tener mejor fortuna en vidas futuras.

«Libertà! Libertà! Libertà! Popolo e libertà! (¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad! ¡Pueblo y libertad!) ¿Francesco…?»
―Jacopo de' Pazzi presenciando la exhibición del cadáver de su sobrino[fte]

Para dar una sorpresa de muerte a los seguidores de los Pazzi, así como a sus aliados, Ezio Auditore y un grupo de soldados florentinos subieron el cadáver de Francesco de vuelta a la cima del Palazzo della Signoria, donde esperaron a que el grupo de voceros de Jacopo de' Pazzi se congregara en el cadalzo de la plaza listos para dar una señal.

Jacopo, creyendo que su sobrino había triunfado en su cometido al no oír noticia de su paradero, se dirigió en caballo a la plaza ubicada en frente del palazzo, donde instó a la multitud de ciudadanos florentinos a reclamar la supuesta libertad de la que los Medici los había despojado.

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Jacopo de' Pazzi y la multitud de ciudadanos observan el espectáculo del Palazzo della Signoria.

Lanzando gritos de reclamo y exigiendo justicia con la frase "popolo e libertà", Jacopo se adentró entre la muchedumbre hasta quedar en frente al palazzo. Estupefacto, subió la mirada para ver lo que colgaba desde la cima: el cadáver de Francesco de' Pazzi había sido desnudado, atado desde su cuello con una soga y arrojado hacia abajo, colgando desde una altura aproximada como la mitad del edificio.

Los ciudadanos, en silencio, se quedaron horrorizados, mientras que Jacopo, al ver el peligro en que estaba, se marchó cabalgando de Florencia hacia la ciudad de San Gimignano.

Un pacto de sangre

«Cuando tenía seis años caí dentro del Arno. Me vi a mí mismo a la deriva y en la oscuridad, seguro de que me vida estaba por terminar. Sin embargo, desperté con el sonido de mi madre llorando, y a su lado estaba un extraño, mojado y sonriéndome. Mi madre explicó que él me había salvado. Y así comenzó una larga y próspera relación entre dos familias; la tuya y la mía.»
―Lorenzo de' Medici a Ezio Auditore[fte]
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Ezio Auditore y Lorenzo de' Medici en el Ponte Vecchio.

Una vez pasados los eventos, y Lorenzo de' Medici habiéndose recuperado, el príncipe se dirigió al Ponte Vecchio, el cual cruzaba el río Arno, el más largo y hondo de Florencia. Allí, se reunió con Ezio Auditore, a quien explicó que durante su infancia se había visto en una situación cercana a la muerte, pero que su padre, Giovanni, lo había logrado salvar, marcando con ello el comienzo de una próspera relación entre los Medici y los Auditore. Después, el monarca se lamentó con Ezio señalando que no había podido salvar a su padre y a su hermano de los Templarios debido a indisposiciones en el momento.

Ezio, no obstante, descartó el comentario y le dijo a Lorenzo que tenía la tarea de atrapar a los demás conspiradores, ya que posiblemente también habían estado involucrados en el homicidio de sus familiares. Lorenzo señaló que Jacopo y sus lacayos habían huido de Florencia antes de que pudieran arrestarlos. Ezio le preguntó por los nombres de los participantes, y Lorenzo le explicó que todos habían sido arrendatarios, y que ninguno era un Pazzi. Ezio, que había conocido a Bagnone, Salviati, Baroncelli y Maffei, se conformó con la información, y posteriormente el príncipe florentino le dio al Asesino una página del Códice.

Decidido, y con el permiso de Lorenzo, Ezio partió del puente dispuesto a buscar a los conspiradores.

Ataque al Palazzo Medici

«¡Primero atacan mi ciudad, y luego mi casa!»
―Lorenzo de' Medici, hablando de los Pazzi[fte]

En 1479, los lacayos de los Pazzi se infiltraron en la milicia, y lograron enviar una pequeña guarnición de guardias al Palazzo Medici, la residencia de Lorenzo y su familia. Los guardias, actuando posiblemente bajo órdenes de los arrendatarios o del mismo Jacopo, secuestraron a Lorenzo, aunque el gobernante logró ocultarse en un escondite secreto al cual solo podía accederse por medio de un túnel secreto que se abría dentro de sus aposentos.

Ezio Auditore fue a buscar a Lorenzo y se encontró con la sorpresa de hordas de guardias atacantes. El Asesino se deshizo de los soldados, y logró llegar a Lorenzo en el escondite. El príncipe, agradecido al joven por haberlo rescatado, expresó deseos de intranquilidad, y permitió al Asesino tomar de su bóveda de oro todo lo que quisiese.

No obstante, Ezio se sintió particularmente atraído por un cofre perteneciente a los Templarios, el cual abrió y saqueó antes de marcharse, prometiendo a Lorenzo que regresaría una vez que hubiera acabado con los Pazzi y sus acólitos.

La caza de los conspiradores

Ezio: «He sido enviado por Il Magnifico desde Firenze para encargarme de nuestro convenio sin honrar. Vengo en busca de Jacopo de' Pazzi.»
Mario: «¡Ja! ¿Y quién no? Hemos estado persiguiéndole por días.»
Ezio: «Puede que lo que ahora tengo en mi posesión nos ayude a ambos: una lista de sus co-conspiradores. Uno de ellos seguramente hablará antes de morir.»
— Ezio y Mario Auditore poco después de los eventos[fte.]
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Los Asesinos Ezio y Mario Auditore en Monteriggioni.

No mucho después de que Ezio rescatara a Lorenzo de' Medici de su palazzo, el Asesino viajó a la Villa Auditore en Monteriggioni—la cual era propiedad de su tío, el condotiero Mario Auditore—Ezio llevó su lista de los aliados de los Pazzi durante los sucesos, todos ellos personas de mucho renombre dentro de los círculos sociales, ecleciásticos y militares de los ejércitos de la Toscana, y que en esos momentos los Asesinos sabían que estaban ocultándose dentro de San Gimignano y posiblemente en sus alrededores.

Mario Auditore, haciendo uso de la lista de su sobrino, asignó a sus mercenarios la vigilancia de las locaciones más célebres de la ciudad, así como investigarlas usando como estandarte el mando de la familia Medici, así como una supuesta nueva forjada alianza de Monteriggioni con la República Florentina con el mismo objetivo de dar con Rodrigo Borgia y sus arrendatarios.

Jacopo de' Pazzi, por su parte, convocó una reunión con el resto de sus aliados esparcidos por el territorio toscano, y con cuya presencia ansiaba acordar la petición de ayuda al jefe de los Templarios para resguardarse en Roma o en Venecia, cosa que sabía que posiblemente Borgia rechazaría, enviando una carta de alerta y de prevención al Arzobispo Francesco Salviati.

Apariciones

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