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Credo del Asesino

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«Nada es verdad, todo está permitido.»
―La máxima del Credo[fte]
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Símbolo de la Orden de los Asesinos.

El Credo del Asesino, o simplemente el Credo, fue el código ético y filosófico seguido por la Orden de los Asesinos, seguido desde al menos la Edad Media hasta los tiempos modernos. Considerado el pilar de la Orden, ordena que los Asesinos sean sabios, cuestionando la realidad y las restricciones morales de los hombres, y que las mentes han de ser libres, siempre y cuando uno asuma las consecuencias de sus actos. Además de esto, establece tres principios, prohibiendo el asesinato de inocentes, obligando a actuar sigilosamente, y a no comprometer a la Hermandad.

El castigo por la violación de uno de estos principios oscilaba entre la pena de muerte y la pérdida de rango, dado que el Credo servía como el mayor símbolo de identidad de la Hermandad, hasta tal punto que no seguirlo significaba no formar parte de los Asesinos. El mensaje del Credo fue transmitido de forma oral y escrita durante generaciones, para que todo Asesino pudiese conocerlo y seguirlo.

Era frecuentemente recitado en iniciaciones y otros rituales de los Asesinos, o incluso ante la ejecución de algún objetivo de la Orden. El Mentor de los Asesinos Sirios Altaïr Ibn-La'Ahad creó las tres ironías del Credo, indicando que se contradecía a si mismo en varios aspectos, tan solo siendo un esbozo de la realidad; el Mentor sirio admitió que no podría ser destruido, dado que esas ideas regresarían tarde o temprano, por mucho que sus seguidores fuesen muertos.

Los tres preceptos

El Credo se regía no solo por su máxima, sino por tres regla básicas. El no cumplir con ellas significaba no pertenecer a la Orden, y era castigado con la muerte o con la pérdida de un rango.[1]

Aleja tu hoja de la carne del inocente

El primer precepto dictaba que los Asesinos no podían asesinar a los civiles, intencionadamente[1] o no.[2] Esto era así dado que el objetivo de la Orden era proteger a los inocentes de ellos mismos, y la matanza de inocentes decaía la reputación de los Asesinos.[1]

En 1191, el Maestro Asesino Altaïr Ibn-La'Ahad asesinó a un sacerdote en el Templo de Salomón, y fue posteriormente castigado perdiendo su título, y devolviéndole el estatus de novicio.[1]

En cambio, cuando uno de los aprendices del Mentor Ezio Auditore da Firenze asesinó a un civil en la caza del Templario Cyril de Rodas en 1511, no fue castigado, sino que se le instó a reflexionar sobre su acto, y a redimirse matando al Templario. De hecho, al año siguiente Auditore mató indirectamente a varios civiles[2] en Derinkuyu,[3] pero se desconoce si fue castigado.[2]

El Mentor de los Asesinos Haitianos Eseosa decidió castigar al Asesino Jeannot Bullet por matar a inocentes, en 1791.[4] En 1998 la Asesina Hannah Mueller evitó que Daniel Cross, a quien creía un Asesino, matase a un inocente, diciéndole que había de seguir el Credo.[5]

Escóndete a plena vista

No comprometas a la Hermandad

Apariciones

Fuentes

Notas y referencias

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