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Ezio Auditore da Firenze



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Ezio Auditore da Firenze
Char ezio.png
Información biográfica
Nombre completo

Ezio Auditore da Firenze

Nace

24 de junio de 1459[1]
Florencia, Italia[2]

Muere

1524[3]
Florencia, Italia[4] (65 años)[3]

Periodo de tiempo

Renacimiento Italiano
(siglos XV-XVI)[2][5]

Información política
Afiliaciones
Información out-universe
Aparece en
Actor

Devon Bostick

Actor de voz

Roger Craig Smith

«He vivido mi vida al máximo de mis habilidades, pero no he logrado escapar del destino, la ira o el dolor.»
―Ezio Auditore[fte]

Ezio Auditore da Firenze (1459 - 1524) fue El Profeta y el Mentor de la Orden de los Asesinos de la Italia renacentista entre los siglos XV y XVI, convirtiéndose en una de las figuras historiográficas más controversiales y tachadas, habiendo participado en conjunto con personajes de talla universal de la época, como Nicolás Maquiavelo o Leonardo da Vinci, y también fue ancestro de Desmond Miles y Clay Kaczmarek.

Nacido y criado como noble de la República Florentina en su etapa más próspera, Ezio no llegó a saber de su herencia correspondiente a los Asesinos hasta que, con 17 años, presenció la ejecución con cargos falsos de su padre, y dos de sus hermanos, refugiándose en la villa toscana de Monteriggioni con su tío, y tras esto dedicándose a cazar a los Templarios resurgidos de la época en un viaje que lo llevaría por toda Italia y lo haría vivir los momentos más duros del Renacimiento, incluyendo la Conspiración de los Pazzi y la Hoguera de las Vanidades.

En 1500, tras la muerte de su tío a manos del Capitán General del Ejército Pontificio César Borgia, Ezio se resguardó en Roma con la misión de liberar la ciudad santa de la estirpe del Papa Alejandro VI, hasta lograr acabar con la familia para el año 1507, llegando a ser entonces el miembro de más alta jerarquía de la orden a nivel mundial. También, como actos de notable referencia, ayudó en la preparación de los viajes de Cristóbal Colón, salvó a Nicolás Copérnico de la conspiración papal en su contra, impidió que el Culto de Hermes de Ercole Massimo adquiriera poder en Roma, esparció los ideales de libertad e independencia por la Europa renacentista, y entabló contacto con una Manzana de Edén.

En los años posteriores, Ezio dio inicio a un viaje para descubrir una antigua biblioteca de los Asesinos, llegando a la fortaleza siria de Masyaf, tras eso aventurándose al corazón del Imperio Otomano, Constantinopla, y emprendiendo la búsqueda de las Llaves de Masyaf. Durante su búsqueda, Ezio entabló luchó contra el remanente del Imperio Bizantino, liderado por el Templario Ahmed. Una vez obtuvo todas las llaves y acabó con sus enemigos, Ezio descubrió en Masyaf la Manzana de Edén que perteneció al Mentor Altaïr Ibn-La'Ahad, pero renunció a su vida de Asesino y dejó el artefacto en la biblioteca.

Para 1524, Ezio Auditore había contraído matrimonio con Sofía Sartor y tuvo al menos dos hijos, Flavia y Marcello. Durante ese año, la Asesina china Shao Jun acudió a él buscando ayuda para defender su tierra natal. Días después de haber aleccionado a Jun, Ezio murió de un ataque al corazón en su ciudad natal, enfrente de la Basílica de Santa María del Fiore.

Contenido

BiografíaEditar sección

Vida tempranaEditar sección

«…es competitivo, necio y de duras palabras, pero es tan apasionado que es muy difícil culparlo por algo…»
María Auditore da Firenze, hablando de su hijo en su diario[fte]

Ezio Auditore da Firenze nació en la República Florentina el 23 de junio de 1459[1] como segundo hijo varón de la familia Auditore, hijo de Giovanni y María Auditore, y hermano menor de Federico. Posteriormente, sus padres tuvieron otros dos hijos, Claudia y Petruccio. El patriarca Giovanni, que provenía de la villa de Monteriggioni, era descendiente de un linaje de la Orden de los Asesinos, y en Florencia transmitió su línea a su familia, educando a sus hijos para que adquirieran la responsabilidad que le correspondía cuando asumieran la mayoría de edad, y así mismo forjó una alianza con la familia gobernante Médicis para servir como aliado, protector y consejero. Con esta estrategia, Giovanni aseguró el sitio y resguardo de los Auditore en la ciudad-Estado, empleando como coartada el trabajo en el negocio bancario—el cual había adquirido mucha popularidad y bienestar en Florencia debido al ascenso al poder de los Médicis. Ante esta creciente alianza con los príncipes demagogos, Giovanni le provocó a su familia una enemistad con diversos nobles que eran de pensamiento absolutista, como la familia Pazzi.[2][6]

Ezio Auditore recién nacido en manos de su padre, Giovanni.
Lord DavidAñadida por Lord David

Destinado a servir a su familia pero al mismo tiempo a involucrarse en la orden a la que su linaje formaba parte, Ezio fue instruido en los negocios bancarios por el célebre tutor y banquero Giovanni Tornabuoni, aunque sus estudios cesaron repentinamente en algún momento del año 1476, ya que—habiendo cumplido diecisiete años—se le relacionó con un crimen famoso, además de que su actitud mujeriega le provocó una infamia entre los círculos de la nobleza florentina.[2]

En algún momento de ese mismo año, Ezio y su hermano Federico se reunieron en un mercado para observar a las jóvenes que iban a comprar frutas y a pasear. En medio de su conversación, Federico señaló a la joven Cristina Vespucci, a quien Ezio encontró muy atractiva pero no sabía como aproximársele. Federico le aconsejó que se arriesgara a hablar con la muchacha, señalando que la mayoría de los hombres temían acercársele a una mujer atractiva, pero que quien realmente lo hiciese tenía ventaja sobre los demás. Ezio siguió el consejo de su hermano y habló con Vespucci, a quien no supo dirigirse y simplemente le preguntó su nombre. La joven hizo ademanes de indiferencia y se alejó; no obstante, Federico le aconsejó a su hermano que no perdiera la esperanza, pues ella posiblemente lo recordaría. Ezio estuvo de acuerdo con su hermano y optó por seguir a Vespucci hasta su casa.[1][5]

Cuando llegó a la casa de la joven, Ezio se fijó en que el noble Vieri de' Pazzi había acosado sexualmente a la muchacha y pretendía violarla, aunque el Auditore intervino cortésmente y le pidió que la dejara en paz. Vieri de' Pazzi respondió de manera altanera y comenzó una pelea con Ezio, la cual finalmente ganó el Auditore. Vieri de' Pazzi se marchó indignado y lanzó palabras injuriosas a su vencedor, dejando en paz a Ezio y a Vespucci. Allí, una vez más, ambos jóvenes entablaron conversación y quedaron en noviazgo a causa de los eventos.[1][5]

Campañas Templarias en Toscana (1476)Editar sección

«Mis queridos hijos, los cielos oscuros se ciernen sobre Florencia y el tiempo se agota. El enemigo está más cerca de lo que pensé; ahora, la última lucha estará por librarse. Todo hombre es mortal y toda vida tiene un fin, pero ciertas cosas jamás cambiarán. Federico y Ezio, hijos míos, siempre recuerden: nosotros somos los Auditore da Firenze y somos Asesinos…»
―Giovanni Auditore dirigiéndose a sus hijos, posiblemente en una carta[fte]

Conforme avanzaba el año de 1476, el padre de Ezio descubrió varios intentos por parte del papado que buscaban deponer a los gobernantes de provincias de la Toscana que fueran populistas y reemplazarlos con otros que sirvieran a sus fines. Entre varios tumultos, Giovanni Auditore interceptó al cardenal Templario Rodrigo Borgia en una noche de ese año mientras transitaba por Florencia presumiblemente a causa de un encuentro con sus conspiradores. En la resultante confrontación, Giovanni capturó con vida a un guardia y lo llevó al palazzo de Lorenzo de Médicis para que fuese interrogado por el confaloniero de justicia Uberto Alberti. El interrogatorio reveló un plan del Papa Sixto IV para derrocar al duque milanés Galeazzo María Sforza—aliado de Lorenzo de Médicis—y fue ejecutado el 26 de diciembre de ese año, en un frustrado intento del Asesino por evitar el golpe.[6]

Ezio y Cristina Vespucci en la Florencia de 1476.
Lord DavidAñadida por Lord David

El resultado de la muerte de Galeazzo Sforza significó un golpe duro para Toscana, y Florencia se debilitó considerablemente, a pesar de que Lorenzo y su gobierno lograron mantener estables durante mucho tiempo las relaciones con el Estado pontificio.[6]

Cuando Giovanni Auditore regresó a su casa, Ezio y Federico estaban jugando ajedrez, aunque el hermano mayor terminó por vencer. En ese momento, Ezio vio como su padre le hablaba sobre la importancia de escoger sabiamente los movimientos, refiriéndose a que no era prudente esperar a que el enemigo actuara, sino que lo propicio era anticiparse a su jugada. La familia recibió al padre con mucha calidez, pues habían ansiado su llegada.[6]

Posteriormente, Giovanni emprendió misiones para Lorenzo a la Serenísima República de Venecia y a Roma, buscando a los conspiradores del papa, eventualmente encontrando a Borgia en la Basílica de San Pedro y enfrentándolo en un combate en que casi sale herido de muerte, y descubriendo la participación de la familia Pazzi en una conspiración contra Lorenzo en persona. Aunque Ezio expresó deseos de ayudarlo en estas misiones, pues sospechaba del motivo de su padre, Giovanni se negó, prefiriendo ocultar de su hijo la existencia de los Asesinos por un tiempo más.[6]

La Conspiración de los Pazzi (1476-1480)Editar sección

Rivalidad con el miembro más jovenEditar sección
«¡Amigos míos! ¿Saben qué es lo que nos reune aquí hoy? El honor. Vieri de' Pazzi injuria el nombre de mi familia y nos juzga en base a sus propias miserias.»
―Ezio Auditore a sus amigos poco antes de enfrentar a Vieri de' Pazzi[fte]

Poco después de los eventos, Giovanni Auditore enlistó los nombres de los nobles toscanos que creía que estaban aliados con la Orden Templaria y conspiraban contra Lorenzo. Entre los nombres estaba el padre de Vieri de' Pazzi, Francesco, de quien era bien sabido que odiaba a muerte a los Médicis por su tendencia populista. A raíz de la acusación, el Asesino emitió en el tribunal florentino una orden de captura de Francesco, y el confaloniero Alberti aprisionó al noble.[2]

La rivalidad entre Ezio y Vieri se acrecentó, y un día, ambos nobles se confrontaron seguidos de bandas de hombres en busca de pelea en el Ponte Vecchio. Allí, Ezio dio un discurso a sus camaradas sobre las señalaciones vitupéricas de su rival Vieri, aunque no tardó en ser interrumpido por el joven, que igualmente iba acompañado de una escolta. Ezio se burló de Vieri opinando que los Pazzi contrataban a otros para que hicieran su trabajo sucio pero que nunca se involucraban directamente. Vieri respondió con igual altanería, aunque Ezio tergiversó sus palabras para formar un chiste sexual sobre su hermana. Con esto se dio inicio a una prolongada confrontación callejera en la que Ezio fue herido en la boca con una piedra, la cual le marcó una honda cicatriz que llevaría toda su vida.[2]

Ezio Auditore saluda a su hermano Federico después de ganarle en una carrera hasta el techo de Santa Trinita.
Lord DavidAñadida por Lord David

A la lucha no tardó en sumársele Federico, quien ayudó a Ezio con los pocos hombres de los Pazzi que quedaban, y tras lo cual Vieri y sus seguidores restantes huyeron. Federico expresó que la herida de Ezio podía ser grave, por lo que sugirió llevarlo a un doctor para que fuese atendido. Ezio dijo que no cargaba dinero para pagarlo—afirmación que su hermano ligó a desperdiciarlo en cortesanas y vino—con lo que ambos Auditore optaron por hurgar en los bolsillos de sus enemigos caídos en busca de florines.[2]

Después de conseguir el dinero suficiente, ambos nobles fueron a casa del médico Ceresa, quien atendió a Ezio y le dijo que tendría que verlo por unos días más. Tras esto, Federico le sugirió a su hermano que hicieran una carrera hacia el techo de la iglesia Santa Trinita. Ezio ganó esta competencia, y tras eso ambos hermanos conversaron sobre sus vidas, las cuales consideraban grandiosas. Cuando Federico opinó que ambos deberían regresar a su hogar, pensando que su padre posiblemente estaría preocupado, Ezio pensó en visitar a Cristina Vespucci.[2]

Evadiendo a los matones de los Pazzi para llegar a casa de Cristina, Ezio pasó la noche con la joven, aunque tuvo que huir de su padre cuando éste los descubrió a ambos. Una vez que llegó a su casa, Giovanni lo reprimió por su comportamiento, pues tanto la riña contra Vieri de' Pazzi como la incursión a casa de Cristina Vespucci habían llegado a sus oídos, aunque terminó por simpatizar con su hijo, expresando que también había sido así en su juventud.[2]

Ejecución de los AuditoreEditar sección
Servicio familiarEditar sección
Giovanni: «¿Podré suponer que estas desventuras no interferirán con tu trabajo de hoy?»
Ezio: «No, padre. Avete la mia parola (Tienes mi palabra).»
— Giovanni Auditore y su hijo, Ezio[fte.]

Giovanni eventualmente le encomendó a su hijo la tarea de llevar una carta a Lorenzo de Médicis; en este documento, el Asesino exponía todos sus hallazgos en torno a la investigación del derrocamiento de Galeazzo Sforza, así como sus sospechas en cuanto a los nobles de Florencia, en especial los Pazzi.[2]

Ezio llevó la carta a un sirviente de los Médicis en una de sus residencias; no obstante, el hombre informó al joven que Lorenzo y su familia habían viajado a la Villa Careggi ese día, y que transcurriría al menos otro día antes de su regreso. El joven, un poco asombrado, regresó a su hogar y entró en la oficina de su padre tras bromear un poco con su hermano.[2]

Ezio Auditore saluda con reverencia al confaloniero Alberti, mientras tiene compañía de su padre Giovanni.
Lord DavidAñadida por Lord David

Giovanni Auditore había estado reuniéndose con el confaloniero de justicia Uberto Alberti, a quien había llamado a causa de sus inquietudes respectivas a la posibilidad de un golpe de Estado dentro de la república. Ezio escuchó parte de su conversación, en la que distinguió a Alberti intentando convencer a su padre de que la amenaza había sido erradicada con el aprisionamiento de Francesco de' Pazzi. Ezio le dijo a Giovanni que la familia Médicis había viajado a Villa Careggi, noticia que también fue recibida con cierta sorpresa por el noble. Después de saludar al confaloniero, Ezio fue relevado de su deber con Giovanni, aunque éste le pidió que atendiera a su madre y hermanos, alegando que podían requerir su asistencia para sus diversas tareas.[2]

Después de salir, Ezio encontró a su hermana Claudia llorando en una banca en el patio de la residencia. Claudia le dijo que su prometido, Duccio de Luca, posiblemente le estaba siendo infiel, sospechando a razón de escrupulosos chismes de sus amigas. Ezio tranquilizó a su hermana, prefiriendo que se alejase de sus compañías, y aclarando que iría a buscar a Lucca.[2]

Eventualmente, Ezio dio con el joven muy cerca de la Basílica de Santa María del Fiore, observando cómo era acompañado de otra mujer, y además hacía constantes referencias y ademanes sexuales. Ezio se refirió a Lucca con desdén y lo golpeó en la nariz cuando él intentó saludarlo. Seguidamente, empezó una pelea que terminó ganando Ezio, con la que Lucca dio promesas de que se comportaría tras lo sucedido, aunque Ezio aclaró que no quería que volviera a acercarse a Claudia.[2]

Tras regresar a su residencia, Ezio encontró a Petruccio, quien le pidió que buscara plumas de águila que habían caído en diversas casas aledañas. Ezio le dijo a su hermano que debía regresar a la cama o se metería en problemas por lo tarde de la hora, aunque Petruccio insistió, y Ezio aceptó buscar las plumas. El niño se negó a revelarle el uso de las plumas a su hermano, aunque Ezio sospechaba fuertemente que serían un regalo para su madre.[2][1]

Ezio y su madre, María, se preparan para ir con Leonardo da Vinci al Palazzo Auditore.
Lord DavidAñadida por Lord David

Ezio no tardó en conseguir a María Auditore en el mismo patio, quien también hizo comentarios alegóricos a la pelea de Ezio con Vieri de' Pazzi y de su escapada con Cristina Vespucci. María le pidió a su hijo que la acompañara hasta la vivienda de Leonardo da Vinci, estudiante del apadrinado patrón de las artes Andrea del Verrocchio, y a quien la familia Auditore había encargado varias pinturas para decorar estancias.[2]

Mientras caminaban, María mencionó la confrontación entre Vieri y Ezio, señalando que la familia Pazzi pasaba por momentos difíciles debido al encarcelamiento de Francesco, también dejando claro que nunca había sospechado que él fuese capaz de llevar a cabo un asesinato. Ezio le preguntó a su madre qué ocurriría con el noble, a lo que ella respondió que probablemente se haría un juicio y que Giovanni tendría que hablar en estado de acusación, pues era él quien tenía evidencia de su participación en las conspiraciones. Ezio expresó descontento con esta solución, y tras eso ambos llegaron a la bodega de Da Vinci.[2]

Después de tocar, el estudiante de artes les dijo que aguardaran un momento, durante el cual María le recomendó a Ezio que buscase una tarea productiva a la cual dedicarse además de a las mujeres. Ezio pasó por alto el comentario, y a continuación acompañaron a Da Vinci al Palazzo Auditore. El joven pintor habló durante el trayecto, contando sobre sus deseos de contribuir al mundo más allá del arte, dejando claro que no estaba satisfecho con capturar los ideales del hombre.[2]

Una vez en la residencia, María despidió a Ezio de sus deberes, diciéndole que debería volver con su padre. Giovanni entonces le pidió a su hijo que llevara una correspondencia a asociados suyos dentro de la ciudad, y que después buscase un mensaje de un puesto que le fue enviado especialmente vía paloma mensajera; luego, el padre estableció su deseo de que Ezio se mantuviera fuera de líos durante ese tiempo, y que volviera después para discutir con Giovanni.[2]

Ezio Auditore recoge la correspondencia de su padre de un puesto de mensajería.
Lord DavidAñadida por Lord David

Poco después, Ezio llegó al patio de una casa, donde fue recibido por dos amigos de su padre: un ladrón y una cortesana. El ladrón se dirigió a él preguntándole si era el hijo de Giovanni, a lo que la cortesana irónicamente dijo que no y que solo se le asemejaba. Ezio le entregó el paquete de su padre, y tras eso se dirigió a la plataforma de una casa en otro distrito, donde un mercenario lo llamó para que subiera. El mercenario, antes de llevarse el envío, le preguntó a Ezio si había sido seguido desde que partió de su hogar, a lo que él respondió que no había razón para que lo siguieran. Acto seguido, el mercenario le dijo que su padre sería prudente si se trasladaba esa misma noche, tras lo cual se marchó.[2]

Después de llevar las correspondencias de su padre, Ezio llegó al puesto de palomas mensajeras que su padre le indicó y retiró la carta. No obstante, reparó en varias hordas de guardias del tribunal que corrían desmesurados hacia el interior del distrito.[2]

Traición del Tribunal FlorentinoEditar sección
«¡Padre! ¿Qué ha ocurrido?»
«Ha sido un poco agitado, pero estoy bien. ¿Qué hay de tu madre y tu hermana?»
«Están a salvo ahora.»
«¿Se las llevó Annetta
«Sí. Espera… ¿tú sabías que esto pasaría?»
«No de esta forma y no tan de prisa, pero sí. Ahora ya no importa.»
―Ezio Auditore habla con su padre, Giovanni, aprisionado en la torre del Palazzo della Signoria[fte]

Ezio regresó inmediatamente al Palazzo Auditore, donde descubrió de oídos de la sirvienta Annetta que su padre y sus hermanos habían sido tomados en custodia por guardias del tribunal florentino, y que, igualmente, los hombres estaban buscándole a él. Ezio observó que su madre estaba catatónica, por lo que pidió a Annetta que llevase a María y a Claudia al burdel La Rosa Colta para resguardarse.[2]

Ezio visita la celda de su padre en la torre del Palazzo della Signoria.
Lord DavidAñadida por Lord David

Tras llegar al Palazzo della Signoria, sede del poder jurídico en la república, Ezio trepó los muros que la rodeaban y alcanzó llegar hasta la cima de la torre, donde estaba ubicada la celda de Giovanni. El padre de Ezio no tardó en responder a su hijo, mostrando su preocupación por los eventos, así como de la condición de su esposa e hija. Ezio le preguntó a Giovanni si él sabía que aquellos acontecimientos se darían, a lo que el padre dio respuesta afirmativa, y Ezio concluyó que todo había sido obra de los Pazzi y sus aliados. Giovanni le pidió a su hijo que regresara a casa y encontrase una puerta oculta en su despacho, alegando que adentro había un cofre cuyo contenido era muy importante y que Ezio debía llevarlo todo consigo; igualmente, había varios documentos y cartas que debían ser llevados al confaloniero Alberti, los cuales eran prueba de la lealtad de la familia al gobierno de los Médicis.[2]

Tras escuchar el sonido de la puerta de la celda de Giovanni siendo abierta, el padre le pidió a su hijo que se marchara lo más pronto posible, y Ezio se dejó caer de la torre por medio de un salto de fe.[2]

Al huir del palazzo y llegar de nuevo a su casa, Ezio entró en la oficina de Giovanni y usó la habilidad visión de águila para dar con la sección oculta, la cual encontró con facilidad. En efecto, tras hallar el cofre, Ezio tomó de su interior todo lo que había, siguiendo las instrucciones de su padre al pie de la letra. El contenido era la túnica de Asesino de Giovanni, la espada que este usase durante sus misiones, la Cuchilla Oculta que había resultado averiada en su última encomienda, una modesta cantidad de páginas del Códice de los Asesinos, y varios documentos indispensables para probar la inocencia de los Auditore sobre los cargos con que se les acusaba.[2]

Al salir del Palazzo Auditore, Ezio se encontró con dos guardias que irrumpieron en el porche y sacaron sus espadas en señal de amenaza. El joven noble les preguntó que si sus órdenes no eran de arresto, a lo que los soldados respondieron que no, y expresaron abiertamente su intención de matarlo. A continuación, se dio una breve confrontación en la que venció Ezio, y tras la cual se dirigió con toda prisa a la casa del confaloniero de justicia.[2]

Ezio descubre la túnica de Asesino de su padre.
Lord DavidAñadida por Lord David

En la casa de Alberti, el líder del tribunal florentino le preguntó a Ezio su motivo de visita, a lo que el joven no supo responder sin titubear. Finalmente, Ezio le dijo a Alberti que su padre y hermanos habían sido encarcelados, y que había recibido instrucciones de Giovanni de entregarle a él aquellos documentos, cosa que hizo. El confaloniero aclaró que todo había sido un malentendido y que él se encargaría de liberar a sus familiares la mañana siguiente, alegando que aquellos documentos contenían evidencia de una conspiración contra la república. No obstante, Alberti mentía, ya que él había dado las órdenes de captura de los Auditore al haber trabajado en conjunción con el papado y ayudar a los Pazzi a sutilmente destituir a los Médicis del poder.[2]

A pesar de la invitación que el confaloniero ofreció a Ezio para que durmiera en su casa, el joven la rechazó, y se alejó mientras esperaba la audiencia de Giovanni, Federico y Petruccio que el día siguiente daría el tribunal para discutir si aprobar o revocar su sentencia a muerte.[2]

En la Piazza della Signoria, Ezio se ocultó entre las multitudes que observaban el espectáculo ocasionado por el dirigente del tribunal. Alberti había subido a los Auditore a una tarima en todo el centro de la plaza, ordenando a los guardias a que ataran a cada uno de ellos a sogas a punto de ser ejecutados, previendo evaluar su sentencia después. Finalmente, el confaloniero declaró que habían sido juzgados bajo el cargo de traición a la República de Florencia, y que la pena era por tanto la de muerte, a no ser que hubiera evidencia que respaldara lo contrario.

El padre y los hermanos de Ezio son detenidos y sentenciados a muerte bajo el cargo de traición.
Lord DavidAñadida por Lord David

Giovanni Auditore se defendió a voz abierta, afirmando que su hijo le había enviado documentos que probaban verazmente su lealtad a la ciudad. No obstante, el confaloniero se desentendió del comentario, estableciendo que aquel esclarecimiento era falso, mintiendo sobre la correspondencia que Ezio le había hecho llegar. El joven Auditore, buscando aproximarse al estrado para evitar una catástrofe, no pudo intervenir antes de que Alberti pronunciara su último veredicto, sentenciando a sus familiares a muerte.[2]

A pesar de que Giovanni intentó proferir palabras incendiarias contra su verdugo político, los guardias accionaron el mecanismo del cadalzo, y el padre y los hermanos de Ezio murieron al instante.[2]

En ese momento, Alberti distinguió a Ezio entre la muchedumbre y ordenó a los soldados que lo aprehendieran. Ezio extrajo su espada a medida de defensa, pero un bruto no tardó en desarmarlo de un brusco ataque de su hacha. En ese instante, los aliados del difunto Giovanni recomendaron a Ezio que huyera, y el joven no tardó en escapar de la escena trepando por los tejados de casas cercanas.[2]

Debido entierroEditar sección
«Los cuerpos de mi familia, no puedo dejar que permanezcan colgados en el cadalzo... tengo que brindarles los últimos ritos... Enviarlos al siguiente mundo…»
―Ezio a Cristina Vespucci[fte]

Posiblemente la noche del día en que fueron ejecutados su padre y sus hermanos, Ezio Auditore se reunió con Cristina Vespucci, quien también había conocido los eventos. Ambos expresaron su tragedia por lo ocurrido, y la joven se dispuso a ayudar a su novio en darle a los cadáveres los honores que no les fueron otorgados por los guardias florentinos.[5]

Ezio carga el cuerpo de Giovanni Auditore hacia el río Arno.
Lord DavidAñadida por Lord David

Después de que llegaran a la Piazza della Signoria, Ezio y Cristina vieron que los cuerpos habían sido retirados y que no había rastro de su paradero. Sorprendido, Ezio le sugirió a Cristina que se ocultara mientras hablaba con el guardia que en ese momento cuidaba la horca. El guardia negó saber a dónde pensaban llevarse los cuerpos, aunque expresó que posiblemente los llevarían al río para tirarlos en sus aguas.[5]

Posteriormente, Ezio y Cristina llegaron a una salida del distrito que daba abiertamente al río Arno, y donde los cuerpos de Giovanni, Federico y Petruccio Auditore estaban postrados en el piso bajo vigilancia de la guardia. Aunque Ezio sintió que debía matar a los soldados por ejecutar órdenes sin cuestionarlas, Cristina le pidió que no entrara en violencia, y el joven optó entonces por buscar una ruta alternativa para llevar los cadáveres a un bote y sacarlos fuera de la escena.[5]

Ezio cargó uno por uno los cuerpos y los llevó río abajo utilizando el bote. Luego, Ezio se reunió con Cristina, a quien confesó su necesidad de partir fuera de la ciudad, así como su deseo de que ella fuese con él. La joven, sin saber qué responder, negó que podía desentenderse de su familia y de su posición en la república; Ezio, sin más, le regaló a ella un collar que simbolizaría su unión por los años venideros en que no se verían más.[5]

Camino a la represaliaEditar sección
«¿Por qué vas a enseñarme a matar?»
«No voy a hacerlo, te enseñaré a sobrevivir.»
―Ezio y Paola[fte]

La noche de ese día, Ezio regresó al Palazzo Auditore, pero la presencia de guardias florentinos en la estancia le contuvo de entrar en la casa, por lo que decidió permanecer afuera y esperar a la sirvienta Annetta. La joven apareció poco después, expresando sus deseos de ocultar a Ezio de la vista pública; el Auditore, reconociendo que no había podido detener a los verdugos de sus familiares, preguntó por su madre y su hermana. Annetta les explicó que ellas estaban a salvo y que lo guiaría hasta su posición, el prostíbulo que dirigía su hermana. Ezio pensó que pondría en peligro a la sirvienta si viajaban juntos, por lo que prefirió que ella le diera la ubicación del mismo y acordó encontrarse con Annetta en la entrada del edificio, optando por una ruta más discreta que la suya.[2]

Ezio Auditore discute con Paola sobre cómo matar a Uberto Alberti.
Lord DavidAñadida por Lord David

Al llegar a La Rosa Colta, Ezio se encontró con Annetta y ambos fueron recibidos por la hermana de esta, Paola. La mujer se presentó y trató con amabilidad al recién llegado Ezio, ofreciéndole refugio para ocultarse de la guardia de la ciudad. No obstante, Ezio aclaró que sus intenciones eran vengar a su familia, y que debía matar al confaloniero Alberti por su traición. Paola indicó que el hombre era poderoso y por lo tanto significaba un riesgo para él actuar solo, aunque también explicó que ella podía enseñarle las habilidades de sigilo necesarias para llevar a cabo aquella tarea.[2]

Primeramente, Paola se ocupó de instruir a Ezio en pasar desapercibido entre las multitudes, dejando claro que era una herramienta útil el mezclarse con los pasantes para no ser distinguido por guardias cercanos. La mujer llevó al joven Auditore a un breve recorrido alrededor del prostíbulo, evadiendo los guardias usando esta medida. A continuación, la mujer pasó a explicar a Ezio la utilidad y necesidad de robar en casos de necesidad, encomendándole robar a cinco diferentes personas y luego ocultarse entre grupos de personas para no ser atrapado. Ezio cumplió con las instrucciones dadas por Paola, y la mujer lo felicitó.[2]

Posteriormente, Paola afirmó que Ezio requería de un arma precisa para poder emplear esas habilidades en el asesinato, y le mostró al Auditore su propia Cuchilla Oculta en el momento en que él preguntó qué debía usar. La mujer aclaró que la había obtenido por medio de las mismas tácticas que le había enseñado, y le recomendó que visitara a Leonardo da Vinci para que la reparara, señalando que sus pericias se extendían mucho más que al ámbito de la pintura. Por último, Ezio le preguntó por qué le había ayudado tanto si a fin de cuentas era para ella un extraño, a lo que Paola respondió que ella también había sido víctima de la traición, y dejó ver una herida de su brazo.[2]

Ezio Auditore fue directo a la bodega de Leonardo da Vinci, quien lo recibió cálidamente y preguntó en qué podía servirle. Ezio, sin saber cómo proceder, afirmó únicamente que necesitaba reparar un objeto suyo y esperaba que él le ayudase. Leonardo lo invitó a pasar, y dentro despejó un escritorio de trabajo abarrotado de papeles y sextantes para colocar la Cuchilla Oculta dañada de Giovanni Auditore. Aunque al principio confesó que sería imposible reparar el objeto sin los planos originales debido a la complejidad de sus mecanismos, el erudito no tardó en notar un rollo de pergamino oculto por el estuche del arma. Este rollo, escrito en una combinación de diferentes dialectos y lenguas orientales y nórdicas, resultó para Da Vinci la codificación de las instrucciones de construcción, uso y reparación del objeto, y que logró descifrar sin dificultad.[2]

Ezio Auditore prepara su dedo anular para que sea amputado por Leonardo da Vinci.
Lord DavidAñadida por Lord David

Da Vinci despertó al joven Auditore después de que éste quedara dormido, y le explicó que ya había reparado la Cuchilla. No obstante, basado en la decodificación del texto que estaba debajo de la misma, el uso requería el sacrificio y compromiso de quien tuviese propuesto matar por medio de ella: el que se pusiera la Cuchilla debía cortarse el dedo anular y permitir que la hoja pasara fuera del orificio que éste desocupaba. Ezio asumió que la medida era necesaria y que habría sido concebida como forma de seguridad, por lo que se preparó para ello; sin embargo, Da Vinci confesó haber mentido a manera de broma, señalando que los mecanismos habían sido reinventados en la Edad Media para permitir a los usuarios conservar su dedo.[2]

Después de que Ezio probara la Cuchilla, Da Vinci le preguntó si poseía más pergaminos como aquel, a lo que el Auditore respondió que no. Da Vinci le pidió que si en algún momento volvía a encontrarse con uno se lo llevara para descifrarlo, pues mostraba un amplio interés en su contenido.[2]

En ese momento, la puerta de la bodega sonó y el erudito fue a atenderla. Un guardia florentino replicó a Da Vinci que debía responder varias preguntas, y salió al patio del taller en compañía del erudito. El guardia comenzó a preguntarle sobre su relación con la familia Auditore y agredió con patadas a Da Vinci a medio de tortura; no obstante, Ezio intervino repentinamente y salvó al erudito de la hostigación, apuñalando con su Cuchilla al guardia en la espalda.[2]

Tras agradecerle, Da Vinci le indicó al joven que llevara el cadáver a la parte trasera de la bodega, donde estudiaba la anatomía de diversos otros cuerpos que encontraba en la ciudad como parte de sus estudios. Ezio obedeció y dejó al guardia muerto en el sitio, al mismo tiempo que agradecía con sinceridad a Da Vinci por haberlo ayudado. El erudito respondió con amabilidad, y señaló que mejoraría la Cuchilla de Ezio si las otras páginas que encontraba contenían más diseños para la misma.[2]

Juez, Jurado y EjecutorEditar sección
«¡Los Auditore no han muerto! ¡Yo sigo aquí! ¡Yo! ¡Ezio Auditore!»
―Ezio después de asesinar a Uberto Alberti[fte]

Ezio fue de vuelta a La Rosa Colta, donde Paola le preguntó si había tenido éxito reparando la Cuchilla Oculta con ayuda de Leonardo; el Auditore le mostró a la mujer el arma y esta quedó impresionada con la rapidez con que desenfundaba su hoja. Allí, Paola informó a Ezio que Uberto Alberti atendería esa misma noche a la exposición artística de los últimos trabajos de Andrea del Verrocchio, que sería llevada a cabo en la Basílica de la Santa Cruz. Ezio pautó ir allá a realizar su venganza contra el confaloniero, y le pidió a Paola que cuidara de su madre y su hermana mientras se ausentaba.[2]

Después de llegar a la zona que rodeaba la basílica, Ezio buscó un punto estratégico en el techo de una de las casas aledañas, desde donde podía ver los grupos de personas que asistían a la exposición, distinguiendo entre las multitudes al confaloniero florentino.[2]

Alberti iba en compañía de Lorenzo de Médicis, que había regresado de Villa Careggi días atrás, y que se había topado con el sorprendente y altamente dudoso curso de acción del líder del tribunal de la República. En medio de una discusión política que arremetía contra las lealtades de ambos, los nobles se dispusieron a entrar en la galería, y Ezio los siguió bajando de la casa y ocultándose entre los civiles que se trasladaban a pie.[2]

Dentro de la exposición, el joven Auditore distrajo la atención de sí mismo sentándose en una de las bancas que rodeaban la galería, y desde la cual tenía una perfecta vista del confaloniero y de sus invitados. Entre la nefasta compañía que rodeaba al hombre, una pareja habló injuriosamente sobre los Auditore, sugiriéndole a Alberti que borrara de todo registro la memoria de la familia, a la que calificaron de traidores y de plebeyos. Una mujer se aproximó igualmente a Alberti, calificándolo de héroe, mientras que otra pareja cuestionó la originalidad de los supuestos actos traidores de los Auditore, señalando que posiblemente habían recibido ayuda de otras familias. Para colmo, el último grupo expresó el deseo de ejecutar a Ezio Auditore, señalándolo como la mayor amenaza para los intereses de la ciudad en aquel momento, aunque el confaloniero subestimó su carácter, calificándole de impetuoso e infantil, creyendo que nunca actuaría en retribución.[2]

Ezio Auditore asesina a Uberto Alberti.
Lord DavidAñadida por Lord David

Aprovechando las circunstancias, Ezio se abrió paso entre el público hacia Alberti, quien, sorprendido, lo reconoció al instante y pidió ayuda a gritos. El joven apuñaló varias veces al confaloniero en el pecho y en el abdomen, derramando grandes cantidades de sangre del hombre y sosteniendo su cuerpo en sus últimos momentos. Inmediatamente antes de fallecer, Alberti opinó que Ezio hubiera podido actuar de la misma forma en el momento previo a la ejecución de su padre y hermanos, dejando claro con esto que hubiese preferido morir en aquel momento antes que traicionar a su mejor amigo.[2]

Después de dejar el cadáver de Alberti, Ezio proclamó que los Auditore no habían muerto, y que él llevaba consigo el nombre de la familia que había sido ejecutada en un vil acto de traición. Mientras los guardias corrían a apresarle, el joven escapó trepando los techos de las casas y volvió de inmediato a La Rosa Colta.[2]

Huida de FlorenciaEditar sección
«He visto carteles por todo el distrito, quitarlos es una buena forma de que la ciudad olvide tu rostro. Cabe destacar que los heraldos también incitan al público, sobórnalos y hablarán de otras cosas. O también puedes darle caza a aquellos que falsamente testifican en tu contra. Negocian la dignidad por dinero, su pérdida no será añorada. Haz cualquiera de estas cosas, y podrás irte con libertad.»
―Paola aconsejando a Ezio[fte]

De vuelta en la Rosa Colta, Ezio informó de su éxito a Paola, quien lo felicitó de manera discreta y analítica; ambos concluyeron que los Auditore debían marcharse de Florencia. Ezio sugirió que podía llevar a su familia a la Villa Auditore de Monteriggioni, dirigida por su tío Mario. Paola, no obstante, le avisó que era demasiado pronto para partir, y que era una mejor alternativa deshacerse de los indicios de su presencia en la ciudad: la cortesana recomendó al joven quitar carteles puestos por la guardia florentina que anunciaban una recompensa por su captura, o bien sobornar heraldos que informaran al pueblo del asesinato del confaloniero Alberti, o dar muerte a políticos indulgentes que pronunciaban calumnias sobre los Auditore.[2]

Ezio arranca un cartel de recompensa por su vida colgado por la guardia florentina.
Lord DavidAñadida por Lord David

Ezio se dio durante varias horas tarea de hacer desaparecer su rostro de la imagen pública para evitar el alboroto que su presencia y sus actos causaran entre las masas; posiblemente removió varios carteles, sobornó heraldos y mató oficiales de una manera que lo beneficiaron redujendo su reputación considerablemente.[2]

No mucho después, Ezio regresó a La Rosa Colta, donde fue recibido con amabilidad por Paola y Annetta. La sirvienta llevó a la madre y la hermana de Ezio ante su presencia; Claudia, que desconocía que su padre y sus otros hermanos habían sido ejecutados, se sorprendió enormemente al oír la noticia por parte de Ezio. Finalmente, Ezio convenció a su hermana de que había hecho lo necesario, y que para huir de Florencia en aquel momento él requería que ella mantuviera la cordura, a lo que Claudia se mostró dispuesta.[2]

Paola se despidió muy cordialmente de los Auditore, que partieron en ese momento para salir de los dominios de la República Florentina. A pesar de que la puerta de salida estaba custodiada por una guarnición de guardias, el joven Auditore pagó a unas cortesanas para que les distrajeran mientras su familia escapaba.[2]

Mientras transitaban por el sendero montañoso que separaba a Florencia de Monteriggioni, Claudia le preguntó repetidamente a Ezio cómo su familia había llegado a aquella situación. Sin embargo, aunque el Auditore negó repetidamente saber cómo había ocurrido, afirmó que sus difuntos habían recibido un entierro apropiado, habiéndose encargado de ello junto a Cristina Vespucci varios días atrás.[2][5]

Llegada a MonteriggioniEditar sección
«¡Cuéntamelo todo!»
«Ejecutaron a papá por traición, igual que a Federico y a Petruccio. Entonces fueron a buscarme.»
«¿Sabes por qué?»
«No tengo respuestas, tío, solo una lista de nombres que obtuve de un hombre que me deseaba muerto.»
―Mario y Ezio Auditore[fte]

Ezio, Claudia y María transitaron durante varias horas hasta llegar a Monteriggioni, donde sintieron un repentino alivio, aunque se vieron interrumpidos por un grupo de hombres armados liderados por Vieri de' Pazzi. El joven noble se dirigió con cinismo a Ezio, ofreciéndole hipócritas palabras de consolación con respecto a la ejecución de sus familiares, aunque al mismo tiempo dejando claro que pretendía matarlo y llevarse a su madre y hermana.[2]

Ezio se encuentra con su tío Mario en las afueras de Monteriggioni.
Lord DavidAñadida por Lord David

No obstante, Ezio defendió a María y a Claudia, y eventualmente Vieri convocó a todos sus hombres a la confrontación. Estos, sorprendentemente, fueron vencidos por un grupo de mercenarios procedentes de Monteriggioni, y que estaban liderados por el tío de Ezio, Mario.[2]

Tras vencer a Vieri de' Pazzi y que este huyera del sitio, Ezio reconoció a su tío y se reencontró con él después de varios años sin verle. Mario afirmó que se había enterado de la muerte de su hermano, y expresó que debía llevar a sus sobrinos y a la esposa de Giovanni al interior de la fortaleza.[2]

Conforme avanzaban por Monteriggioni, Ezio le fue contando a su tío lo sucedido en Florencia, mencionando la captura y ejecución de Giovanni, Federico y Petruccio. Después, Mario le preguntó a su sobrino si sabía por qué Alberti había actuado de esa forma contra su familia, a lo que Ezio negó conocer, alegando que la única pista que tenía hasta ahora era la lista de conspiradores aliados con el difunto confaloniero. Después de expresar que le costaba creer que su padre y hermanos hubieran muerto, Ezio recibió consuelo de su tío, quien afirmó que lograrían superarse, aunque el joven más bien creyó que Mario actuaba de forma optimista.[2]

Mario Auditore pensó que a Ezio le gustaría Monteriggioni, argumentando que si bien la villa había sido durante mucho tiempo enemiga de la República Florentina, en otros momentos se aliaba con la misma en un acto pragmático, aludiendo a la relatividad de las amistades conforme cambiaban los tiempos. Mario también afirmó que los habitantes de Monteriggioni eran hombres trabajadores, y que sus negocios vendían bienes simples pero que eran de muy buena mano de obra; igualmente, se refirió a la capilla de Monteriggioni, en la que tenía cordiales relaciones con su sacerdote.[2]

A continuación, Mario le explicó a Ezio que la villa había sido construida doscientos años atrás por su bisabuelo, Domenico Auditore. Mario dejó claro que la decadencia del pueblo y los cambios drásticos que habían ocurrido con los años y que estaban sujetos a graves conflictos, habían maltratado a Monteriggioni como ciudad, y que por mucho que él como gobernador hubiese querido contribuir a mejorar, el estado de su economía no se lo permitía.[2]

Ezio habla con Claudia y María en el vestíbulo de la Villa Auditore.
Lord DavidAñadida por Lord David

Después de llegar a la Villa Auditore, Mario le dijo a Ezio que fuese al pueblo a comprar suministros médicos para lo que sería un rústico entrenamiento, aunque el joven declaró que solo había acudido a la ciudad para esconderse y que, no conforme, pensaba llevar a su familia a un sitio más seguro tras un breve tiempo. Mario, a raíz de la conversación de su sobrino, se percató de que Ezio desconocía la participación de su familia en la Orden de los Asesinos, y apenado aclaró que pensaría en cómo explicarle el trabajo que había llevado a cabo su padre en vida y que ahora le correspondía continuar. Finalmente, Mario le informó a su sobrino que había preparado una habitación para él en el último piso de la villa, y tras eso Ezio partió al mercado a comprar medicina, una daga y guantes de pelea.[2]

En el vestíbulo de la villa, Ezio se reunió con Claudia y María. Su hermana expresó que se sentía incómoda en Monteriggioni en comparación con su estancia en Florencia, aunque Ezio le aseguró que solo estarían allí momentáneamente y que no tardarían en partir, dejando a las Auditore para que fueran a sus cuartos.[2]

Entrenamiento en la Villa AuditoreEditar sección
«¿Estás familiarizado con los Templarios? Una de varias órdenes de caballería establecidas durante las Cruzadas. La historia te enseñará que fueron disueltos hace casi doscientos años en Francia, solo que no fue así. Apenas fueron vagamente degradados mientras continuaban su nefasta labor. (...) Los Templarios buscan el dominio sobre todos los hombres, y nosotros, los Asesinos, estamos destinados a enfrentarlos.»
―Mario Auditore a Ezio[fte]

Regresando con su tío Mario, Ezio le informó que se había equipado como él le había dispuesto, aunque volvió a asegurar que su intención era marcharse con su madre y su hermana a una estancia de mayor refugio. Mario pidió a su sobrino que entrara en razón, alegando que él apenas podía defenderse de Vieri de' Pazzi en combate, y eventualmente pidiéndole que le permitiera entrenarle en el campo de mercenarios cerca de la villa. Ezio finalmente accedió, y se reunió con Mario en el lugar.[2]

Ezio practica en el campo de entrenamiento de Monteriggioni.
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El campo era un improvisado círculo llano en el que los mercenarios subordinados a Mario Auditore practicaban movimientos de ataque y de defensa coordinados muchas veces por el condotiero. Ezio fue llevado e introducido a las prácticas por su tío, al momento en que Mario aprovechaba para hablarle del verdadero trabajo de Giovanni Auditore, a diferencia de que, como el joven creía, era una labor bancaria. Mario explicó que Ezio había heredado por linaje la responsabilidad del Asesino, hombre que, integrando una amplia orden, se proponía confrontar en todo plan a los Templarios, aclarando también que los hombres responsables por la muerte de sus familiares pertenecían a este grupo de nefastos propósitos.[2]

Apoyándose también en el descubrimiento de la Cuchilla Oculta y el Códice por parte de Ezio para hacerle entender la existencia de la orden, Mario le explicó los principios por los que esta se ejercía, suponiendo, a su vez, que debido a que su hermano Federico era el de mayor edad en la familia, Giovanni asumió que a él correspondería el puesto de Asesino tras su defunción.[2]

El entrenamiento se extendió por varios días, y Mario descubrió a Ezio investigando sobre los Asesinos en los libros de la biblioteca de su estudio, señalando que el joven ya estaba seguro de la pertenencia de su padre a la sociedad secreta. Ezio afirmó estar de acuerdo, aunque cuestionó la necesidad de poner aquellos dictámenes en secreto, especialmente a él, quien era de la misma familia. Después de un debate algo prolongado, y ciertos procesos de entrenamiento, ambos concordaron; no obstante, Ezio aseguró que su objetivo en los días venideros sería llevar a su familia a España, lejos de los Pazzi. Mario se molestó, argumentando que le había brindado las habilidades necesarias para defenderse de sus enemigos, y que lo que él hacía era negar la herencia de su padre y la labor de su familia.[2]

Ezio habla con un mercenario sobre la vulnerabilidad de las fuerzas de Mario ante los ataques de Vieri de' Pazzi.
Lord DavidAñadida por Lord David

Mario se marchó después de la breve discusión, y Ezio le preguntó a uno de sus mercenarios a qué se debía su decepción. El soldado expuso que Vieri de' Pazzi había estado acosando a las fuerzas de Monteriggioni desde la llegada de Ezio a la villa, y que Mario como condotiero no podía permitirse más humillaciones, alegando además que él había tenido la esperanza de que Ezio se sumara a sus fuerzas con la culminación del entrenamiento.[2]

El joven Auditore partió hacia el estudio para hablar con su tío, aunque otro mercenario lo encontró y le informó que había partido inmediatamente junto a sus fuerzas a San Gimignano para combatir a Vieri de' Pazzi. Ezio concluyó que sería sensato asistirlo en su empresa, aunque primero optó por verificar el estado de Claudia y María.[2]

Ezio se sorprendió cuando Claudia le dijo que María Auditore había quedado en estado catatónico, y la observó en pose de plegaria postrada frente a las plumas de águila que su hijo menor, Petruccio, había solido recolectar. Ezio, sin embargo, pensó que su madre no duraría así por mucho tiempo, y tranquilizó a su hermana, creyendo que podría hacer volver a su madre a la razón.[2]

Posteriormente, Ezio marchó al establo, donde cabalgó un caballo y partió hacia San Gimignano.[2]

Asaltando San GimignanoEditar sección
Ezio: «¿Qué estaban planeando tus aliados? ¿Esto es lo que mi padre descubrió? ¿Fue por esto que lo mataron?»
Vieri: «Perdona, ¿acaso esperabas una confesión?»
— Ezio Auditore y Vieri de' Pazzi, minutos antes de que éste muriera desangrado[fte.]

En primavera de 1477[1], Ezio se reunió con su tío Mario y un grupo de mercenarios en las afueras de San Gimignano. Mario, sorprendido al ver a su sobrino después de la breve disputa que habían tenido en Monteriggioni, se contenta al ver la disposición de Ezio a colaborar en el ataque contra las fuerzas de Vieri de' Pazzi. Ezio, no obstante, pensaba que se estaba responsabilizando de lo que había sido una injusta represalia por parte del florentino hacia su tío; Mario le explicó que la posición de ellos como Asesinos los comprometía a los deseos de los Templarios, como era Vieri.[2]

Ezio planea con su tío Mario el asalto de San Gimignano.
Lord DavidAñadida por Lord David

Mario explicó que Vieri aguardaba la llegada de Mario, pues no habían sido lo suficientemente discretos en su llegada; sin embargo, Mario esclareció que la ciudad era lo suficientemente grande para ellos entrar inadvertidos y acercarse furtivamente. Ezio, de acuerdo con las pautas de su tío, aceptó sus indicaciones, y a continuación el grupo marchó hacia las murallas que rodeaban la ciudad para buscar una ruta de ingreso a la fortaleza.[2]

El tío de Ezio vio una entrada por uno de los muros que sería fácilmente accesible para su sobrino, por lo que optó por darle a Ezio un conjunto de cuchillos para lanzar, armas que podía usar contra los arqueros que custodiaban la entrada de la ciudad y que se postraban en diferentes puntos en la cima de la muralla.[2]

Mario lideró a sus mercenarios en un combate contra los guardias que defendían la entrada, directamente atacándolos sin darles oportunidad de alertar a sus compañeros sobre la muralla. Ezio, aprovechando la distracción, trepó el muro y mató a los arqueros utilizando los cuchillos; después, procedió a abrir la puerta, y el grupo de Mario entró en San Gimignano sin dificultad.[2]

Después, mientras avanzaban, el grupo vislumbró a un gran conjunto de guardias apostados al final de unas escaleras que daban al corazón de la ciudad. Mario le encomendó a Ezio la tarea de matar a aquellos soldados con la ayuda de varios de sus mercenarios. Mientras se les acercaba, Ezio escuchó que los guardias hablaban de uno de sus compañeros que había sido desfigurado por Vieri de' Pazzi a causa de incompetencia al llevar a cabo una de sus órdenes.[2]

Mario y sus mercenarios vadiaron el área para acercarse al centro de la ciudad, mientras que Ezio y su pequeño grupo combatía a los guardias. Después de matar a todos los soldados, Ezio y sus mercenarios se adentraron en la ciudad, hasta que encontraron a uno de los hombres de Mario postrado y herido en un pozo; el mercenario le dijo a Ezio que Mario necesitaba ayuda, ya que el grueso de los hombres de Vieri lo había encontrado y le estaban dando una pelea fuerte.[2]

Ezio llegó para asistir a su tío, aunque Mario pareció reponerse rápidamente y sus hombres recobraron la ventaja en la confrontación. Su tío le encomendó buscar por los techos a Vieri de' Pazzi y darle muerte, mientras que él y sus soldados detenían a sus fuerzas, dándole tiempo suficiente para encontrarlo y asesinarlo.[2]

Inmediatamente después, Ezio trepó las casas de la ciudad en busca de alguna pista del paradero del noble, eventualmente encontrándolo junto a un grupo de aliados en la entrada norte de la ciudad. Ezio reconoció a dos personas, el padre de Ezio, Francesco—a quien Giovanni había acusado de conspirador en una de sus cartas—y a su tío abuelo, Jacopo. El otro hombre que les acompañaba, un español, era en realidad el cardenal Rodrigo Borgia, líder de la Orden Templaria.[2]

Ezio escuchó cómo el español les giraba instrucciones a Vieri y a sus familiares, específicamente preparándolos para una importante jugada que se daría en los meses entrantes. Ezio entendió la mayoría de las referencias de los hombres, pues sus palabras implicaban que estaban planeando un atentado o un gran movimiento político; igualmente, Vieri injurió a Mario Auditore, aseverando que sus fuerzas representaban para él una amenaza. El líder español lo calmó, aclarando que después se encargarían de él.[2]

Cuando los acompañantes de Vieri se marcharon de la ciudad, un guardia subordinado corrió al joven Pazzi a informarle del ataque orquestrado por los mercenarios de Monteriggioni. Vieri, ansioso por el combate, reunió a los soldados que les quedaba en la entrada norte para resistir al avance de Mario, mientras que él se apostaba con dos escoltas en la muralla de la misma puerta.[2]

Ezio asesina a Vieri de' Pazzi.
Lord DavidAñadida por Lord David

Ezio aprovechó la oportunidad para correr hacia la ubicación, al momento en que los guardias de Vieri se enfrentaban a las fuerzas de Mario. Vieri atacó a Ezio, pero el Auditore lo superó en combate con las técnicas que su tío le había enseñado, y terminó por asesinarlo junto a sus escoltas.[2]

Momentos antes de morir, Vieri fue severamente interrogado por Ezio, quien le preguntó si aquella conspiración era lo que su padre había descubierto y la causa de su propia muerte, a lo que el Pazzi contestó altaneramente que no daría confesiones. Ezio procedió a injuriar a Vieri de' Pazzi con fuertes palabras insultantes, finalmente siendo interrumpido por su tío, que había vencido a las tropas del noble.[2]

Mario brindó los honores que los Asesinos consideraban correctos a los cadáveres de sus víctimas, y al final extrajo de las ropas de Vieri una página del Códice, y una carta que le entregó a su sobrino, pidiéndole que la leyera cuando tuviera la oportunidad, aseverando que tenían que regresar a Monteriggioni.[2]

Los secretos de la Villa AuditoreEditar sección
Ezio: «Los Pazzi responden a otro, un español.»
Mario: «Él es Rodrigo Borgia, uno de los hombres más poderosos de Europa, y líder de la Orden Templaria»
Ezio: «Lo que lo vuelve responsable de la muerte de mi padre y mis hermanos»
Mario: «Sí, y te matará a ti también, si se le presenta la oportunidad.»
―Ezio discute con su tío Mario sobre los Templarios [fuente]

En Monteriggioni, los mercenarios llevaron a cabo celebraciones por el asesinato de Vieri de' Pazzi, que para sorpresa de muchos había resultado callado y poco había afectado a la ciudad, aunque los conspiradores miraron con asombro la pérdida de uno de sus principales agentes en Toscana.[2]

Mientras Ezio se distanciaba del grupo de soldados de Mario, su tío lo llamó para que fuese con él a la villa y discutiesen sobre sus siguientes pasos. Ezio le contó a su tío la reunión que había presenciado, dejando claro que el líder al que rendían cuentas los Pazzi era un hombre español. Mario le explicó que se trataba del cardenal Borgia, y dejó claro que su poder tenía una ascendencia por todo el continente, y que además era líder de la orden a la que pertenecía. Ezio concluyó que también debía matarle si estaba involucrado en la ejecución de su familia, y acto seguido le dijo a su tío que pensaba regresar a Florencia a dar muerte a Francesco de' Pazzi, pensando que debía compartir el destino que correspondió a su hijo en San Gimignano. Mario compartió el punto de vista de su sobrino, aseverando que el noble tramaba el mal para la ciudad.[2]

Después, Mario se marchó a su estudio, y Ezio optó por leer la carta que él le había dado tras la muerte de Vieri de' Pazzi. La carta había sido escrita por el arquitecto Giovanni Giocondo, quien según lo escrito dentro de su contenido, evidenciaba que el hombre había sido un amigo de confianza del padre de Vieri, Francesco. La carta, de hecho, estaba dirigida a Francesco, y hablaba sobre una discertación que aparentemente Giocondo y él habían tenido sobre la actitud de Vieri, y que se había extendido desde su origen y continuado en una breve correspondencia. Giocondo alegaba que, si bien Vieri exhibía conductas sádicas, él se había dado cuenta de que hacía este tipo de prácticas en necesidad de una mayor atención por parte de su padre, por lo que fijamente le recomendaba a Francesco que ejerciera mejor su paternidad hacia su hijo. Finalmente, Giocondo expresaba su temor de qué sería de él si la carta llegase a ser descubierta por Vieri, y en efecto lo fue, pues estaba en su bolsillo, evidencia que puso a pensar a Ezio sobre el paradero o estado de Giocondo.[2]

Ezio y Mario estudian las páginas del Códice en el estudio de la Villa Auditore.
Lord DavidAñadida por Lord David

Ezio se unió a su tío en el estudio de la finca, donde observó que Mario miraba una pared de exposición en el que estaban puestas varias páginas del Códice. Ezio pudo identificarlas, aunque eran pocas. Mario explicó que Giovanni Auditore había traducido aquellas en vida; Ezio le dio a su tío la que estaba en su posición, y le dijo que habían podido ser descifradas por el erudito Leonardo da Vinci. Mario notó la forma en que las letras de cada página de cruzaban con las de la otra; Ezio opinó que alguna especie de dibujo estaba oculto en el contenido de las páginas como un total, y que requerían la presencia de todas para ser visible: el joven Asesino creyó que se trataba de un trabajo de cartografía.[2]

Mario le contó a Ezio que Giovanni y él habían trabajado juntos descifrando muchos de los dictámenes de las páginas. Igualmente, explicó que el Códice había sido escrito por el Asesino cruzado Altaïr Ibn-La'Ahad, después de que él capturara para su causa una de las Piezas de Edén. Según Mario, Altaïr había hablado en sus escritos de un ente poderoso y mágico que yacía más allá de las tierras conocidas por el hombre, aunque el condotiero negaba saber qué era. Ezio se dispuso a completar el trabajo de su padre, y aclaró que podía volver a Leonardo para que decodificara la página del Códice que había obtenido de Vieri de' Pazzi.[2]

Cuando Ezio pasó a la oficina principal de la villa, vio a su hermana Claudia sentada en el escritorio del gobernador. Claudia le dijo a su hermano que Mario la había hecho trabajar administrando los ingresos y gastos de Monteriggioni, aunque expresó inconformidad con el hecho. Claudia explicó a Ezio que todo lo que fuese recaudado de las visitas turísticas sería colocado en un cofre en la oficina, y que después de un tiempo, Ezio debía tomar el dinero para depositarlo en el banco, también dejando en claro que si él no lo hacía cuando le correspondía, ella se quedaría con lo que sobrara. Ezio aceptó el trato, y pasó a conocer a un arquitecto. El hombre aclaró que Mario Auditore lo había contratado para que arreglara las fachadas decaídas del pueblo, pero como no tenía dinero, poco podía hacer para arreglar los problemas. Ezio explicó que él podía brindar el dinero necesario, y acordó aportar cada cierto tiempo una cantidad suficiente para arreglar las atracciones turísticas y principales negocios de la ciudad para fortalecer su economía.[2]

Ezio y Mario contemplan el Santuario.
Lord DavidAñadida por Lord David

Poco después, Ezio regresó al estudio con su tío, quien expresó sus deseos de enseñarle algo especial. Mario abrió un pasadizo ubicado en la biblioteca de su estudio, mostrando que llevaba a la parte subterránea de la cripta. Ezio lo siguió, y descubrió que ahí estaba localizado el Santuario de los Asesinos, lugar en que había un semicírculo integrado por estatuas de diferentes Asesinos que habían tenido un rol en vida sumamente importante para la supervivencia de la orden y de sus principios; estos eran: Darío, quien había utilizado la Cuchilla Oculta para asesinar a Jerjes I de Persia, Iltani, Asesina babilonia que había envenenado a Alejandro Magno, Wei Yu, Asesino chino que había empleado una lanza para dar muerte al Emperador Qin Shi Huang, Amunet, Asesina egipcia que había matado a Cleopatra utilizando una serpiente, y Leonio, Asesino del Imperio Romano, que había cometido magnicidio al apuñalar hasta la muerte a Calígula.[2]

Mario le explicó a Ezio que el Santuario había sido construido por Domenico Auditore para honrar y preservar la memoria de los Asesinos y su lucha por la humanidad a lo largo de la historia. Tras dirigir su vista a cada uno de ellos, Mario le enseñó a su sobrino la Armadura de Altaïr, depositada en el centro en una sala abovedada e inaccesible, en la que además se postraba la estatua del mismísimo Altaïr. Mario le dijo que, si bien poco se conocía sobre la vida de Altaïr, la armadura que había legado era ligera pero sumamente resistente; aunque expresó deseos de dársela a su sobrino, afirmó que no sabía cómo retirarla de aquella cámara. Igualmente, Mario aclaró que en vida, Domenico le había dicho que la armadura podría salir con un mecanismo que se activaría si los respectivos sellos de las estatuas de los Asesinos eran depositados; también dijo que los sellos estaban ubicados en diversas criptas esparcidas por Italia, y aunque había intentado localizarlas en su juventud, no había tenido éxito; no obstante, expresó deseos de que Ezio sí pudiera.[2]

Regreso a FlorenciaEditar sección
Los esponsales de Cristina VespucciEditar sección
Ezio: «¡¿TÚ LA AMAS?! ¿A Cristina? ¡La mujer que desposarás!»
Soderini: «¡Sí, lo juro! ¡La amo! ¡Máteme aquí y seguiré amándola!»
Ezio: «No volverás a apostar.»
Soderini: «Nunca, Messere.»
Ezio: «O te cazaré y te mataré yo mismo.»
―Ezio amenaza de muerte a Manfredo Soderini [fuente]
Ezio se reencuentra con Cristina Vespucci.
Lord DavidAñadida por Lord David

En 1478[2], Ezio regresó a la República Florentina para investigar el paradero de los agentes Templarios que orquestraron la ejecución de sus familiares. En un día a comienzos del año, Ezio fue a la casa de Cristina Vespucci para visitarla, irrumpiendo en su habitación por medio de la ventana, e interrumpiendo a la joven mientras se peinaba. Cristina se sorprendió por la llegada de Ezio, y el joven Auditore le dijo que la había extrañado y expresó palabras de consuelo. Ella, sin embargo, le informó de su preocupación, pues su padre había arreglado su matrimonio con el joven Manfredo Soderini. Poco después, una pareja le informó a Ezio y a Cristina que Manfredo Soderini se había metido en problemas con la guardia local por una deuda de apuestas, y que por no poder pagarla los guardias iban a arrojarlo al río Arno desde un puente bajo construcción.[5]

Ezio partió para impedir que Manfredo fuese asesinado, llegando a tiempo para matar a los guardias que le acosaban. Soderini agradeció a Ezio por haberlo salvado, pero el Auditore le sostuvo al borde del puente, preguntándole con firmeza si él amaba a Cristina. Soderini afirmó vehemente que sí, y tuvo que prometerle a Ezio que dejaría de apostar y convertirse en un buen marido.[5]

Ezio no tardó en regresar con Cristina Vespucci, a quien expresó su amor aún latente besándola con intimidad. Finalmente, Ezio le dijo que se había asegurado de que Manfredo Soderini sería un buen esposo, dejando anodada a su ex novia.[5]

Cazando TemplariosEditar sección
«Hay catacumbas que atraviesan la ciudad. Te llevarán a un lugar desde el que te será posible espiar su reunión.»
―La Volpe a Ezio[fte]

No mucho después, Ezio se dirigió a la bodega de Leonardo da Vinci para pedirle ayuda sobre cómo aproximarse a Francesco de' Pazzi. Da Vinci se sorprendió de ver a Ezio después de dos años, aunque lo recibió amablemente y le preguntó cómo podía ayudarlo. Antes que nada, Ezio le dio la página del Códice que esperaba que tradujera; aunque el erudito confesó que se le hacía difícil entender un poco la estructuración de los vocablos antiguos, logró descifrarla sin problema, explicándole a Ezio que se trataba de un manual para varias técnicas de asesinato que le serían útiles. Aunque el Auditore mostró interés en verlas, Da Vinci las estudió detenidamente, dando con el diseño de una segunda Cuchilla Oculta.[2]

Ezio le entrega una página del Códice a Leonardo da Vinci.
Lord DavidAñadida por Lord David

Da Vinci le dijo a Ezio que podía practicar las técnicas en el patio de su taller mientras él buscaba la manera de armar la otra cuchilla, que también pensaba darle a Ezio siguiendo las instrucciones del pergamino. Ezio fue al patio, donde el asistente de Da Vinci, Vincenzo, posicionó tres muñecos en diferentes sitios para que Ezio practicase, aprendiendo de este modo el asesinato aéreo, el asesinato desde un punto oculto, y el asesinato desde debajo de un balcón. [2]

El erudito Da Vinci había terminado para cuando Ezio regresó, y le dio la segunda Cuchilla Oculta. Ezio le agradeció, y aprovechó el momento para preguntarle sobre cómo podía acercarse a quien esperaba que fuera su siguiente objetivo: el noble traidor Francesco de' Pazzi. Da Vinci discretamente le recomendó que fuese al Mercato Vecchio a buscar al ladrón La Volpe, y tras eso, el Auditore se marchó.[2]

En el Mercato Vecchio, Ezio se escondió entre la multitud y utilizó la habilidad de visión de águila para dar con el hombre que buscaba. Después de ver a un ladrón que actuaba en conducta sospechosa, el hombre corrió hacia Ezio y le robó de su cinturón su bolsa con dinero. Aunque el Auditore le pidió que le devolviera sus florines, el ladrón negó tenerlos de forma retadora y corrió, aunque Ezio no tardó en alcanzarle.[2]

Ezio y La Volpe discuten sobre cómo entrar a Santa María Novella.
Lord DavidAñadida por Lord David

Sin querer entrar en ningún tipo de pelea, Ezio le pidió al ladrón que le regresara su dinero y lo dejaría tranquilo. En ese momento, el Auditore fue interrumpido por un ladrón vestido con capa marrón, quien se presentó como La Volpe, e igual afirmó conocer el nombre de Ezio. Cuando el joven noble le preguntó cómo sabía cómo se llamaba, Volpe le respondió que su deber y negocio era conocer todo en Florencia. El ladrón procedió a preguntarle a Ezio qué necesitaba, y el joven aseveró que requería conocer el paradero en que estaría Francesco de' Pazzi antes de que se diera para saber cómo acercársele. La Volpe afirmó que una caravana había venido desde Roma, y que muy posiblemente se daría inicio un encuentro con el hombre proveniente allí y el noble que Ezio buscaba. El Auditore le preguntó si sabía como podía interceptarlo, a lo que el ladrón respondió que sí y le regresó el dinero robado.[2]

La Volpe acordó con Ezio que él debía seguirlo en una carrera por los techos y el ladrón lo llevaría a la ubicación que deseaba y le diría todo lo que necesitaba. Ezio aceptó, y le dio ventaja a Volpe para que este corriera por delante de él unos pocos segundos.[2]

La carrera condujo a Ezio hasta unas casas ubicadas frente a la iglesia Santa María Novella. La Volpe le aseguró al Auditore que Francesco de' Pazzi estaba reuniéndose con sus aliados en la iglesia, y que podía acceder utilizando las catacumbas que la atravesaban y a las que se podría entrar halando el mecanismo de la calavera de cristal pegada al altar de uno de los exteriores. Ezio agradeció la ayuda del ladrón florentino, y se dispuso a continuar.[2]

El rastro de los conspiradoresEditar sección
Baroncelli: «Todo está aquí: espadas, hachas, armadura, flechas. Nuestros hombres no necesitarán nada más.»
Francesco: «Asumo que este obsequio es de parte del Papa
Borgia: «Dio su consentimiento hacia la operación, siempre que nadie sea asesinado.»
— Los conspiradores Pazzi hablan con el cardenal Borgia sobre el planeado golpe de Estado contra los Médicis[fte.]

Ezio siguió las instrucciones de La Volpe, activando el mecanismo de la calavera blanca para abrir un pasaje subterráneo debajo de la iglesia. En los pasadizos, descendió por un conjunto de cruces y escaleras, eventualmente llegando una sección en la que tres guardias florentinos, cuyas palabras dejaban ver que habían sido pagados por Francesco de' Pazzi, cuidaban las catacumbas y patrullaban en busca de intrusos.[2]

Ezio entra en las catacumbas de Santa María Novella
Lord DavidAñadida por Lord David

Cuando los guardias se retiraron a otra parte de las mazmorras para conversar, Ezio aprovechó el momento para poder adentrarse en la cripta y subir por las ruinas hasta lograr abrir la puerta con acceso al Gran Salón utilizando un mecanismo ubicado en la planta superior. Los guardias se alarmaron al ver que la puerta había sido abierta, y varios de ellos regresaron para investigar, alarmados y desenfundando sus armas.[2]

Sin embargo, Ezio logró matar a todos los soldados, aunque uno de ellos, Ilario, observó pasmado el espectáculo y huyó horrorizado, finalmente siendo muerto por el mismo Asesino. Después, Ezio continuó hasta llegar a una sala llena de guardias, a los que igualmente asesinó.[2]

Tras abrir otra puerta y entrar en otro pasadizo, Ezio descubrió que los conspiradores y sicarios de los Pazzi estaban reuniéndose en ese momento con el cardenal Rodrigo Borgia, y se acercó a la abarrotada ventana de la planta para poder oírlos.[2]

Las palabras de los hombres afirmaban que estaban planificando un golpe de Estado contra la familia Médici, habiendo recibido el apoyo y consentimiento del mismo papa Sixto IV. Los aliados de Francesco y Jacopo de' Pazzi y Rodrigo Borgia estaban exhibiendo varias armas que planeaban usar, y aseveraban que estaban dispuestos a atacar a Lorenzo de Médicis, y a su hermano, Giuliano, el día siguiente, cuando se diera la congregación de feligreces, y misa de la principal basílica de la República: Santa María del Fiore.[2]

Después de que la reunión de los Templarios tuviera fin, Ezio continuó su camino dentro de la cripta y halló el sarcófago y monumento del Asesino Darío, extrayendo su sello y tesoro de la sala. Entonces, el noble florentino salió de la cripta y se reencontró con La Volpe en un muelle del río Arno.[2]

Defendiendo a la familia realEditar sección
Ezio: «Ignoro la especificidad de sus intenciones, pero comenzará mañana e incluye a los Médicis.»
Volpe: «La familia estará allí para el servicio del domingo… ¡junto con el resto de Florencia!»
— Ezio y La Volpe discuten su preocupación sobre el plan de los Pazzi[fte.]
Ezio discute con La Volpe acerca de los planes de la familia Pazzi.
Lord DavidAñadida por Lord David

Ezio se sentó junto a La Volpe en una banca que daba directamente al río Arno, y el Asesino le contó al ladrón sobre sus hallazgos en la cripta de Santa María Novella, expresando su preocupación por un plan que tenían pautado la familia Pazzi, un conjunto de infames sicarios, y la dirección y respaldo de miembros del papado y del mismo pontífice. La Volpe afirmó que los Médicis estarían el domingo siguiente acudiendo a la congregación de Santa María del Fiore a primera hora en conjunto con todo el pueblo florentino, en una de las principales misas del año. Ezio opinó que los Pazzi darían un golpe de Estado en ese momento, aunque calmó a La Volpe tras la afirmación de que haría lo necesario para impedirlo.[2]

Naturalmente, el día 26 de abril, Lorenzo de Médicis acudió junto a su esposa, Clarice Ursino, y su hermano, Giuliano, a la Basílica de Santa María del Fiore, seguidos por un gran grupo de ciudadanos dispuestos a acudir a la misa de ese día. Ezio se mezcló entre la multitud y empleó su Visión de Águila para localizar a los golpistas, finalmente ubicando a Francesco de' Pazzi y al banquero Bernardo Baroncelli.[2]

Apenas había ubicado al noble y al sicario, Baroncelli atacó a Giuliano con un brutal golpe de arma blanca dirigido al cuello. Lorenzo se percató del ataque sorpresivo, y en ese momento, los monjes Antonio Maffei y Stefano da Bagnone, que formaban parte del grupo de la basílica, hirieron al príncipe en el cuello y la espalda respectivamente. Ezio intervino al momento en que Francesco de' Pazzi retaba a un combate de espadas a Lorenzo el Magnífico. El joven Asesino logró matar a todos los soldados de los Pazzi, ahuyentar a los conspiradores y vencer a Francesco para que no agrediese al monarca; no obstante, el noble había logrado dar muerte a Giuliano.

Ezio trata de salvar a Giuliano de Médicis antes de que sea brutalmente ejecutado por Francesco de' Pazzi.
Lord DavidAñadida por Lord David

Lorenzo de Médicis se percató de que Ezio le había salvado la vida, y sumamente agradecido le pidió que lo escoltase hasta su refugio ubicado a unas cuantas cuadras de cercanía. Ezio acompañó al príncipe por varias calles en las que se libraba despiadadas confrontaciones entre soldados lealistas al gobierno y mercenarios pagados por los Pazzi, los cuales habían entrado en la ciudad liderados por el clérigo Francesco Salviati.[2]

En el refugio, Lorenzo fue atendido por el guardia Poliziano, quien les informó que la ciudad entera se había sumido en disturbios por el caos originado en la basílica. Lorenzo le dijo a Ezio que le debía la vida y le preguntó por qué le había ayudado. Ezio le reveló al monarca que era hijo de Giovanni Auditore, aquel banquero procedente de Monteriggioni que le había asesorado en décadas pasadas y que, a manera de traición, había sido condenado a muerte y ejecutado bajo cargos falsos por el confaloniero de justicia de la república. Lorenzo, apenado por la situación, expresó sus condolencias, y en ese momento, fueron informados por un guardia de que Francesco de' Pazzi planeaba tomar por fuerza la corte de la Signoria, colocando en esta a sus lacayos. El príncipe le dijo a Ezio que su vida no servía de nada para Florencia si el tribunal era controlado por los golpistas, pidiéndole personalmente al Auditore que diera muerte al noble traidor.[2]

Ezio escuchó el informe sobre la situación que le daba Poliziano, y tras eso se abrió paso por los techos de la ciudad hasta llegar a las casas aledañas al Palazzo della Signoria. Allí, en cuya plaza se llevaba a cabo una brutal batalla entre las fuerzas republicanas y golpistas, el Asesino fue distinguido por Francesco de' Pazzi, quien se encontraba en un punto de ventaja en la cima del palazzo, observando la refriega y siendo custodiado por un gran grupo de soldados. Francesco se impresionó de que Ezio siguiera vivo y le ordenó a los guardias bajo su mando que le dieran muerte.[2]

No obstante, Ezio logró trepar hasta el palazzo, donde acabó con todos los hombres de Francesco y persiguió al noble hasta su posición. El Pazzi, finalmente exhibiendo su temor hacia el joven Auditore, lanzó a éste palabras de injuria y ejecutó un salto de fe hasta el suelo, cayendo en una cesta de hojas y huyendo de Ezio por las calles del distrito. Ezio le persiguió, y logró darle una puñalada fatal con su Cuchilla Oculta en la espalda, provocando que cayera al suelo desangrando. En sus últimos momentos, Francesco de' Pazzi expresó que todo había terminado, en el momento en que Ezio le dijo que Florencia pasaría a juzgarlo por sus actos. En ese momento, Ezio le dio sus últimas palabras de respeto, siguiendo cuidadosamente el consejo de su tío, y cerrando con la frase Requiescat in Pace.[2]

Ezio sostiene el cuerpo sin vida de Francesco de' Pazzi.
Lord DavidAñadida por Lord David

Los tumultos por la ciudad no tardaron en cesar, y los lealistas al gobierno finalmente triunfaron, erradicando las fuerzas de los Pazzi, aunque llevando el cadáver de Francesco a la cima del palazzo. Fue en ese momento de la noche en que el tío del noble, Jacopo, reunió a las principales masas de la ciudad que favorecían a los Pazzi frente al palazzo para reclamar lo que consideraban era una libertad negada al gobierno de los Médicis. Entonces, como acto que simbolizaba el triunfo de los lealistas, Ezio y los soldados de Lorenzo arrojaron colgando el cuerpo de Francesco de' Pazzi dese la punta del palazzo, acto que aterrorizó a la muchedumbre, y del cual Leonardo da Vinci realizó un boceto al estar presente en el espectáculo.[2]

Después de su derrota en el intento de golpe de Estado, Jacopo de' Pazzi, Francesco Salviati, Stefano da Bagnone y Antonio Maffei huyeron a diversas regiones de Toscana, escapando de la jurisdicción y poder de la monarquía que, gracias a la fallida ejecución de su plan, se había consolidado más que nunca.[2]

Los últimos preparativosEditar sección
Lorenzo: «Cuando tenía seis años caí dentro del Arno. No tardé en percatarme de que me estaba ahogando, en la oscuridad, seguro de que mi vida estaba por terminar. Sin embargo, desperté tras el sonido del llanto de mi madre, con un extraño a su lado, quien empapado me sonreía. Mi madre me explicó que él me había salvado la vida, y entonces comenzó una larga y próspera relación entre dos familias, la tuya y la mía. Lamento no haber podido salvar a tu padre y a tus hermanos.»
Ezio: «No debe disculparse por nada. Creo que Jacopo de' Pazzi participó en sus ejecuciones, así como en el ataque en su contra. Necesito encontrarle.»
— Lorenzo el Magnífico y Ezio[fte.]
Ezio convence a Lorenzo de Médicis de que le dé los nombres de los conspiradores Pazzi.
Lord DavidAñadida por Lord David

A la mañana siguiente, Ezio se reencontró con Lorenzo de Médicis en el Ponte Vecchio, observando el río Arno detenidamente. Allí, el príncipe le contó al joven Auditore que su padre, Giovanni, le había salvado la vida cuando apenas contaba seis años y había caído en las profundidades del río. Tras eso, Lorenzo se disculpó por no haber intervenido a tiempo durante la traición del confaloniero Uberto Alberti dos años atrás, en las que resultó ejecutada casi toda la familia del Asesino. Ezio aseguró que Lorenzo no tenía nada que excusar, y en su lugar aclaró que debía ir tras Jacopo de' Pazzi y sus agentes, pues ellos habían ampliados sus ambiciones y eran enemigos tan peligrosos para la república como lo había sido Francesco en vida.[2]

Sin embargo, Lorenzo aseveró que Jacopo y sus sicarios habían huido antes de que su guardia pudiera arrestarlos, dispersándose por Toscana bien ocultos. Ezio le preguntó al monarca las identidades y funciones de cada uno de los aliados de Jacopo, y Lorenzo se las explicó; entonces, el joven Asesino afirmó que vería a su tío, quien creía que podía encontrar con relativa facilidad el paradero de los sicarios, pues tenía agentes apostados en los sitios más frecuentados de la campiña. A continuación, Lorenzo le dio a Ezio una página del Códice de los Asesinos, contándole que la había tomado de la biblioteca personal de Francesco de' Pazzi durante el saqueo de su casa. Ezio agradeció el obsequio, diciendo que le sería de mucha utilidad, y partió a cumplir su asignación.[2]

Durante este tiempo, Ezio volvió a visitar a Leonardo da Vinci en su taller, donde le llevó la página del Códice que Lorenzo le había entregado. El erudito se fascinó con la información que había conseguido desvelar, y aclaró que se trataba del diseño de una Cuchilla para administrar veneno.[2]

Ezio discute con Leonardo da Vinci sobre la función de la Cuchilla Envenenada.
Lord DavidAñadida por Lord David

Da Vinci le dijo a Ezio que tendría que idear un mecanismo para insertarle el contenedor de veneno a la Cuchilla sin que hubiese dañado su función mecánica principal. Sin embargo, Ezio no se mostró reacio a aceptar que manejase su arma, y poco después, el erudito ya había completado la mejora.[2]

Ezio agradeció a su amigo, y éste le dijo que el veneno que le había suministrado era poco en cantidad, pero que podría comprar más a los doctores. Tras esto, Ezio salió a completar su misión.[2]

Cazando a los ConspiradoresEditar sección
Reencuentro en MonteriggioniEditar sección
Ezio: «He sido enviado por Il Magnifico desde Firenze para encargarme de nuestro convenio sin honrar. Vengo en busca de Jacopo de' Pazzi.»
Mario: «¡Ja! ¿Y quién no? Hemos estado persiguiéndole por días.»
Ezio: «Puede que lo que ahora tengo en mi posesión nos ayude a ambos: una lista de sus co-conspiradores. Uno de ellos seguramente hablará antes de morir.»
— Ezio y Mario Auditore poco después de los eventos en el Duomo[fte.]
Ezio le lleva a su tío Mario la lista de conspiradores Pazzi.
Lord DavidAñadida por Lord David

Posteriormente en 1478, Ezio regresó a Monteriggioni para pedir asesoramiento a su tío Mario en la búsqueda de los conspiradores que habían eludido la jurisdicción de la República Florentina. Mario Auditore informó a Ezio que tras el atentado contra la vida del príncipe, los Asesinos habían buscado sin éxito a los colaboradores de Francesco de' Pazzi fuera de Florencia, y que éstos terminaron por esparcirse sin ser encontrados en Toscana. Ezio le mostró a Mario la lista que Lorenzo de Médicis le había dado de conspiradores y sicarios que habían participado directamente en la conspiración contra su familia y contra la de los Auditore. Tras identificarlos, Mario supuso que sería mucho más fácil rastrearlos de esa forma. Después, Ezio le entregó a su tío la página del Códice que le había dado Lorenzo, aunque Mario no logró sacar una conclusión reveladora de las premisas del mensaje escrito en el texto, pues solo hacía referencia a un misterio relacionado con un profeta.[2]

Mario Auditore aprovechó la llegada de su sobrino para llevarlo al campo de práctica y enseñarle las habilidades de desarme y evasión en combate. Tras impresionar a su tío, Ezio oyó de uno de sus mercenarios que los agentes de los Pazzi habían sido localizados y que esperaban de instrucciones para proceder. Mario le dio a su sobrino la orden de ir a Toscana y asistir a sus hombres en la misión, y le aconsejó que se preparara con cuidado.[2]

La caza de Antonio MaffeiEditar sección
Maffei: «¡Aléjate de mí, demonio!»
Ezio: «Ten un poco de respeto por la muerte, amigo.»
Maffei: «¡Yo te enseñaré respeto!»
Ezio: «No, lo haré yo. Che tu possa alfine trovare riposo nel corpo e nella mente (Que tu cuerpo y mente por fin encuentren descanso). Requiescat in Pace.»
―Ezio da muerte a Antonio Maffei [fuente]

El primer hombre en ser ubicado por los mercenarios de Mario Auditore fue Antonio Maffei, a quien localizaron en la ciudad de San Gimignano.[2] Ezio Auditore viajó a la ciudad toscana para encontrarse con uno de los agentes en la iglesia de Santa Maria Assunta. El hombre informó a Ezio que Maffei había buscado hacer un procelitismo en defensa de la causa Pazzi desde su llegada a la ciudad, aprovechando la influencia de Jacopo en la región y su posición como monje de la iglesia para esparcir un mensaje en favor de los intereses del papado y que condenaba con bases subjetivas a los Médicis.[2]

Ezio sostiene el cuerpo sin vida de Antonio Maffei.
Darth envidiousAñadida por Darth envidious

Como medida de protección, Maffei se había situado en la cumbre más alta de la ciudad, la Torre Grossa, desde la que podía ver a todas las multitudes y dirigirles su discurso político prefabricado. Para brindarse protección, Maffei había apostado varios arqueros en las torres vecinas que tenían una vista clara de los enemigos del monje.[2]

Ezio se dispuso a subir la Torre Grossa y eliminar a los arqueros mientras Maffei leía versículos de la Biblia acompañados de fuertes acusaciones a la familia real de Florencia fundamentadas en la fe y en la atribución del Sumo Pontífice a Dios. Sin embargo, Ezio pudo llegar a la cima a tiempo y dar muerte a Maffei, quien injurió al Asesino tachándolo de irrespetuoso por tal acción.[2]

Después de que el monje muriera, Ezio tomó de sus ropas una carta que éste había escrito para Jacopo de' Pazzi pero que no había llegado a enviar. En la carta, Maffei establece sus intenciones de no acudir a una reunión convocada por el conspirador líder, alegando como pretexto el temor que sentía por un posible ataque del Asesino.[2]

Ataque al Palazzo MediciEditar sección

En 1479, Ezio acudió al palazzo de Lorenzo de Médicis posiblemente siguiendo el rastro de los conspiradores. Atravesando el humbral de la entrada, Ezio descubrió que la estancia principal estaba saqueada, y alguien había muerto y su cuerpo había sido dejado en el suelo para su descomposición.[7]

En ese momento, un grupo de guardias detuvo el avance de Ezio y se dispusieron a matarlo antes de que llegara a donde se encontraba el príncipe. No obstante, Ezio logró dar muerte a los soldados y prosiguió su avance al segundo piso, una biblioteca custodiada por pocos guardias, y tras matarlos continuó más dentro del palazzo.[7]

Ezio entra a la estancia principal del Palazzo Medici después de su saqueo.
Lord DavidAñadida por Lord David

Después de subir varios pisos utilizando las ventanas y balcones para trepar, Ezio oyó de los guardias que Lorenzo se estaba ocultando en un escondrijo dentro de su recámara. Después de matar a los guardias procedió a la habitación del príncipe, donde sin dificultad lo encontró.[7]

Lorenzo de Médicis se mostró tan apenado como agradecido, y le dijo a Ezio que los Pazzi habían contratado soldados para que saquearan su hogar. El príncipe también le permitió a Ezio llevarse cualquier tesoro de su bóveda principal, sala en la que se había ocultado de los guardias.[7]

Después de tomar el oro, Ezio le dijo al príncipe que regresaría apenas hubiera terminado de cazar a los conspiradores.[7]

Asalto en la Villa SalviatiEditar sección
Salviati: «¡Yo soy un hombre responsable! ¿Qué te parece esto: retrocedan y retiraré a mis hombres?»
Ezio: «Lo siento, mi amigo. Tu nombre estaba en mi lista y tu destino está sellado.»
— Ezio Auditore asalta la villa de Francesco Salviati[fte.]

En algún momento de 1479, Ezio ubicó la Villa Salviati—propiedad de la familia del arzobispo conspirador—donde se encontró con uno de los mercenarios de Mario Auditore. El hombre le dijo a Ezio que Francesco Salviati se había abarricado dentro de la villa, empleando sus muros como fortaleza y haciendo uso de varios arqueros y soldados que patrullaban sus alrededores. El mercenario le recomendó a Ezio que empleara a los soldados bajo su disposición, pues para acceder al interior de la finca tendría que trazar una estrategia de ataque.[2]

Ezio aceptó liderar a los mercenarios que le había proporcionado el hombre de Mario, y los utilizó para distraer o matar a los guardias que rodeaban la Villa Salviati. Debido a que la puerta principal de acceso estaba cerrada, Ezio trepó los muros de la finca para abrirla desde adentro, y no tardó en ser visto por Salviati.[2]

Ezio sostiene a Francesco Salviati poco antes de su muerte.
Lord DavidAñadida por Lord David

Francesco Salviati lanzó palabras de injuria al Asesino, quien se limitó a buscar la manera de abrir el portón de acceso, y solo refutó al conspirador con palabras claras acerca de su objetivo. Los mercenarios atacaron a los hombres de Salviati, y en la confrontación resultante Ezio hirió mortalmente al arzobispo.[2]

Mientras desangraba, Salviati le reveló a Ezio que Jacopo de' Pazzi era consciente de su presencia en la Toscana, así como de la encomienda otorgada a él por Lorenzo de Médicis. Después de que Salviati muriera, Ezio extrajo de las ropas del conspirador una carta escrita por Jacopo de' Pazzi, en la que el noble revelaba su intención de reunirse con sus aliados en una iglesia de San Gimignano.[2]

A partir de los hallazgos, Ezio se dispuso a iniciar la búsqueda de Baroncelli y Bagnone.[2]

Asesinato de Bernardo BaroncelliEditar sección
Ezio: «¿Dónde está Jacopo?»
Baroncelli: «¿Para que le hagas a él lo que acabas de hacerme?»
Ezio: «Aún tienes tiempo de limpiar tu conciencia.»
Baroncelli: «Nos reuniremos en la iglesia cuando se convoque una reunión…»
Ezio: «Mi duole dover giungere a tanto (Lamento que llegara a esto). Requiescat in Pace.»
―Ezio da muerte a Bernardo Baroncelli [fuente]

Posteriormente, Ezio se encontró con un mercenario en las afueras de una iglesia de San Gimignano. El mercenario le dijo que Baroncelli había sido visto dentro de la ciudad poco tiempo atrás, pero que había sabido resguardarse y le habían perdido de vista. Lorenzo de Médici había promulgado una orden de arresto del Templario, pero éste había logrado escaparse. Ezio, no obstante, mostró despreocupación por el hecho y prometió que encontraría y daría muerte al conspirador.[2]

Ezio asesina a Bernardo di Bandino Baroncelli.
Lord DavidAñadida por Lord David

Sin mucho esfuerzo de búsqueda, Ezio localizó a Baroncelli caminando con varios escoltas en un mercado de la ciudad. El Templario discutía en voz alta sus planes sobre cómo huir del Asesino, pensando que si se movía constantemente y evitaba ser rastreado por los mercenarios de Monteriggioni lograría escapar de él y evadir la justicia por mano de los Médicis.[2]

No obstante, Ezio logró cazar a Baroncelli con facilidad y agredirlo de muerte. El conspirador afirmó que sabía que Ezio eventualmente lo encontraría, y le reveló que tenía pautado reunirse con Jacopo de' Pazzi en la iglesia de Santa Maria Assunta cuando él convocase una reunión. Tras eso, Ezio le mostró al Templario sus respetos y lo dejó para que falleciera en paz.[2]

Misión a Monte Oliveto MaggioreEditar sección
Bagnone: «Ahora veré quién tenía la razón.»
Ezio: «¿Dónde está Jacopo?»
Bagnone: «Nada que temer hay, supongo… nos reunimos a la sombra de los dioses romanos.»
Ezio: «Ora sei libero dalla paura. Requiescat in pace (Sé libre de temor ahora. Que en paz descanses).»
―Ezio da muerte a Stefano da Bagnone [fuente]

En algún momento durante el mismo año, Ezio encontró al monasterio de Monte Oliveto Maggiore en algún punto de Toscana, donde se reunió con uno de los agentes de su tío que le informó que el sitio estaba siendo el escondrijo del último conspirador aliado de Jacopo de' Pazzi: el monje Stefano da Bagnone.[3][2] El mercenario indicó a Ezio que siguera el rastro de la abadía y que se internara entre los grupos de monjes para ubicar a Bagnone, estableciendo que él podía hacer una distracción exitosa y lograr su escape con bombas de humo, las cuales el mercenario le proporcionó.[2]

Ezio caminó por los terrenos exteriores de la abadía de Monte Olivetto Maggiore, y utilizó su habilidad para identificar a los guardias y soldados disfrazados de monjes que se escondían entre los colegas de Bagnone con el fin de proteger al conspirador.[2]

Ezio asesina a Stefano da Bagnone.
Lord DavidAñadida por Lord David

Sin mucho esfuerzo, el Asesino logró entrar en la abadía y ver a Bagnone hablando con el abad. Tanto el conspirador como el abad discutieron con severidad la amenaza que representaba para ellos el Asesino Ezio Auditore, aunque Bagnone lo hacía desde un punto de vista materialista y prácticamente agnóstico, y su colega aludía a referencias de la Biblia y tachaba de "demonio" al Asesino.[2]

Eventualmente, Ezio se hizo ver entre los grupos de monjes y apuñaló con su Cuchilla Oculta a Stefano da Bagnone. El monje cayó en sus brazos desangrando, y afirmó con arrepentimiento que sabía que ese momento llegaría. Ezio finalmente le preguntó dónde estaba Jacopo de' Pazzi, a lo que el monje respondió con una alución a los dioses de la mitología romana.[2]

Después de que Bagnone acabara por morir, Ezio lanzó las bombas de humo para provocar la distracción y huyó rápidamente de la abadía.[2]

La caída de los PazziEditar sección
«¡Lamento haber reclamado tu trofeo, Asesino! ¿De verdad pensaste que no esperaría que nos siguieras? ¿Qué no estaría preparado? Llevamos mucho más tiempo en esto que tú.»
―Rodrigo Borgia en su primer encuentro con Ezio Auditore[fte]

Habiendo dado muerte a todos los colaboradores de la familia Pazzi para 1480, Ezio se dirigió a la iglesia en la que los Templarios se reencontrarían por última vez y pedirían ayuda al Gran Maestre de la Orden. Jacopo de' Pazzi al lugar sin más compañía que la de pocos guardias, dándose cuenta de esta forma que el Asesino había acabado con la vida de sus aliados. Ezio siguió a Jacopo por varias calles de la ciudad mientras el patriarca de la familia Pazzi se dirigía al Antiguo Teatro Romano para reunirse con Rodrigo Borgia.[2]

Ezio es retenido por guardias de Rodrigo Borgia.
Lord DavidAñadida por Lord David

Ezio salió de San Gimignano y transitó por el paisaje rural que dividía a la ciudad con el teatro. Allí, Ezio vio a Jacopo encontrarse con Rodrigo Borgia y el Templario veneciano Emilio Barbarigo. El patriarca de los Pazzi se disculpó inútilmente con sus superiores por haber fracasado en Florencia, y culpó de la muerte de sus colaboradores a su sobrino Francesco, calificándolo de inepto y arrogante. Borgia, sin embargo, se molestó ante la incapacidad de respuesta de Jacopo, alegando que no había estado preparado para la responsabilidad, y que sus excusas eran insultos y no buenos resultados. Finalmente, el cardenal apuñaló con una espada a Jacopo en el estómago y seguidamente en el cuello, dejándolo para que desangrara en el piso mientras él suplicaba por piedad a Borgia y a Barbarigo.[2]

Borgia distinguió a Ezio no muy lejos de donde estaba, y el Asesino fue retenido en los brazos por dos guardias. El Gran Maestre de los Templarios se refirió a Ezio como un joven ingenuo, pues dijo que él y su orden ya llevaban mucho más tiempo que él en la guerra entre Asesinos y Templarios. Ezio, no obstante, logró salvarse de los guardias después de que Borgia y Barbarigo se marcharan, y habiendo liquidado a los soldados, apuñaló a Jacopo de' Pazzi en el cuello para evitar que sufriera el dolor de morir desangrado.[2]

Ezio informa de su éxito a Lorenzo el Magnífico.
Lord DavidAñadida por Lord David

Durante el mismo año, Ezio regresó a la República Florentina para informar del éxito de su misión a Lorenzo el Magnífico. En el Palazzo Medici, Ezio le dijo al monarca que todos los conspiradores aliados y dentro de la familia Pazzi habían muerto, para júbilo del monarca. Lorenzo también se sorprendió de haber sido capaz de desear la muerte de sus enemigos con tal fervor, y le agradeció al joven Asesino por su participación en el resguardo y defensa de los principios de la República Florentina. El príncipe le preguntó a Ezio a dónde pensaba dirigirse habiendo cumplido su mandato, y el joven le dijo al monarca lo que había leído en la carta de Jacopo de' Pazzi, dejando claro que los Templarios ya estaban ejerciendo una considerable influencia en el gobierno de la Serenísima República de Venecia. Lorenzo de Médicis estuvo de acuerdo con la evaluación de Ezio, y en ese momento procedió a obsequiarle una capa que portaba el emblema de la Casa de los Médicis. El monarca explicó al Asesino que mientras él llevase puesta la capa en territorio toscano, actuaría en nombre del gobierno florentino y las guardias de los diversos estados serían más tolerantes de sus actos.[2]

Viaje a VeneciaEditar sección

Emboscada en la RomañaEditar sección
La República de los BarbarigosEditar sección

Notas y referenciasEditar sección

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