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Rashid ad-Din Sinan

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«Consagré mi vida a conocer la sabiduría, y también la locura y el desvarío. Ahora comprendo que era tan fútil como escribir en el agua, pues donde hay sabiduría, hay también pesar. Y quien atesora conocimiento, atesora dolor.»
―Al Mualim[fte]

Rashid ad-Din Sinan (1135 - 1191) fue un Asesino de Tierra Santa durante el siglo XII. Tras avanzar entre los rangos de su Orden, Sinan se convirtió en el mentor de los Asesinos Levantinos, a quienes lideró desde su centro neurálgico, el castillo de Masyaf. Bajo la identidad de Al Mualim, el Mentor extendió la fama de su Orden y la hizo temida en la sociedad medieval gracias a los asesinatos políticos cometidos en su nombre, además de la cantidad de leyendas y rumores que circulaban en torno a los Asesinos. Uno de los más notorios actos de Al Mualim fue en 1176, cuando, tras haber amenazado de muerte al sultán Salah Al'din, se vio obligado a proteger Masyaf del ejército sarraceno. Tras unas negociaciones con su tío Shihab Al'din, el mentor consiguió que el sultán ayubí abandonase Masyaf en calidad de aliado, tan solo perdiendo la vida el maestro Asesino Umar Ibn-La'Ahad.

Al Mualim continuó liderando a los Asesinos en las siguientes décadas, cada vez más interesado en hallar fragmentos del Edén, artefactos de la Primera Civilización también codiciados por los Caballeros Templarios. A la par que se centraba en hallar los fragmentos, los cruzados intentaban recuperar Jerusalén por medio de la Tercera Cruzada, conflicto manipulado por los Templarios. Al Mualim fue víctima de secuestro en 1189 durante un ataque Templario en Masyaf, pero fue rescatado por Altaïr Ibn-La'Ahad, a quien nombró maestro Asesino. Este se convirtió en su mejor agente al llevar a cabo tareas como la de buscar el cáliz, un fragmento del Edén con el poder de detener la Cruzada. Aunque Ibn-La'Ahad falló en su tarea, Al Mualim le siguió teniendo en alta estima, y le encomendó la misión de interceptar el Fruto del Edén #2 en el Templo de Salomón.

Cuando vio que su mejor Asesino había fracasado, Al Mualim lo degradó a novicio y le dio la tarea de asesinar a los Templarios más poderosos de Tierra Santa. Sin embargo, el mentor consiguió el Fruto igualmente, entregado por el Asesino Malik Al-Sayf, al que ascendió a rafiq. Con el artefacto arcano en sus manos, Sinan se replanteó su filosofía sobre la paz, que no podría ser obtenida mediante la voluntad de los hombres. Al Mualim empezó a creer en que la paz mundial solo sería posible si usaba el Fruto del Edén para imponer orden, cosa que intentó cuando Ibn-La'Ahad terminó su misión. El mentor tomó Masyaf poseyendo a todos los ciudadanos y Asesinos, pero Ibn-La'Ahad y Al-Sayf lideraron un intento de recuperar el castillo. Al Mualim se enfrentó a su antiguo discípulo Ibn-La'Ahad, a quien intentó convencer de unirse a su causa, solo para perder tanto el Fruto como su vida en el duelo.

BiografíaEditar

OrígenesEditar

Rashid ad-Din Sinan[3] nació en 1135,[1] y en un momento de su vida se unió a la orden de los Asesinos, aprendiendo el credo y teniendo una excelente formación cultural.[2] Sinan perdió visión en su ojo derecho en su edad adulta, pero se desconoce cómo. De todas formas, fue avanzando en los rangos de los Asesinos Levantinos hasta convertirse en mentor de su Orden.[4] El mentor estableció el cuartel general de su Hermandad en el castillo de Masyaf, en Siria, y comenzó a ser conocido por el título de Al Mualim;[2] además, restringió el uso de solo una hoja oculta a todo aquel que sacrificase su dedo anular,[5] acto que el propio mentor acabó cometiendo.[4]

Por si fuera poco, Al Mualim también denegó utilizar veneno en los asesinatos, o que las familias de Asesinos mostrasen afecto, pues estos se llevarían por las emociones cuando muriesen sus seres queridos.[5] Los Asesinos se ganaron una reputación de fanáticos religiosos consumidores de hachís gracias al mentor, quien consideraba esta fama apropiada para generar temor y, por tanto, respeto. Incluso se llegó a rumorear que Al Mualim tenía un jardín privado al que llevaba a los novicios para seducirles con mujeres y drogas, de tal forma que quedasen convencidos para luchar por su Orden.[2]

Guerra con los sarracenosEditar

«¿Quieres que nos encontremos a su merced? ¿Deseas que nosotros, sus renuentes aliados, nos pongamos en contra del sultán? Somos los Asesinos, Faheem. Nuestro propósito es solo nuestro. No pertenecemos a nadie.»
―Al Mualim[fte]

En el año de 1175, los Asesinos intentaron asesinar dos veces al sultán de Egipto y Siria Salah Al'din, haciendo daño al caudillo sarraceno en el segundo intento. Los ejércitos de Saladino atacaron Masyaf en agosto de 1176, y establecieron un campamento a las puertas de la fortaleza, ante lo que los Asesinos solo pudieron esperar. Esa noche, al ver que no había respuesta del caudillo, Al Mualim convocó a los maestros presentes en Masyaf para decidir qué hacer ante la amenaza invasora.[6]

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Al Mualim, mentor de los Asesinos, en acción.

El maestro Faheem al-Sayf propuso asesinar al sultán, pues así el ejército sarraceno se derrumbaría; el mentor, tras pensar en que el ejército de Salah Al'din era ilimitado, le corrigió explicando que su tío Shihab Al'din se pondría al frente de las fuerzas islámicas, aunque al-Sayf pensó que el sustituto no sería un líder tan capaz como su predecesor. Enfadado por la actitud del maestro Asesino, Al Mualim dijo que, a consecuencia de eso, los cruzados tendrían más éxito en tomar Tierra Santa, además de que los Asesinos debían aliarse con el sultán sin dejar de servir al Credo. Por último, Sinan reflexionó diciendo que entre los Asesinos y Salah Al'din había una desconfianza recíproca.[6]

El día siguiente los dos bandos causaron un gran número de bajas, dando pie a la noche. Al Mualim encomendó al maestro Umar Ibn-La'Ahad, ayudado del espía Ahmad Sofian, entrar en la tienda del caudillo y colocar una daga clavando una carta a su camastro, aparte de una pluma. El Asesino hizo así, pero fue descubierto y huyó, en su camino matando a un general sarraceno. A su regreso, Ibn-La'Ahad despertó al mentor y le convocó en su estudio. Al Mualim preguntó cómo había sucedido su misión, satisfecho con la explicación que el maestro le iba dando, se preocupó cuando Ibn-La'Ahad empezó a titubear en su informe.[6]

Luego, el maestro reveló haber sido descubierto por el sultán, y que se fugó por poco, obligado a matar a dicho general. Afligido, Al Mualim le preguntó si estaba seguro de que hubiese habido otra opción. Ibn-La'Ahad negó esto, con lo que el mentor declaró que solo quedaba esperar a ver qué sucedía, sabiendo que el resto de su misión fue un éxito. Horas más tarde, al alba, Shihab Al'din apareció en las puertas del castillo con un sirviente. A través de este, el militar propuso una tregua con los Asesinos, que se mantendría siempre que sus intereses no entrasen en conflicto.[6]

Al Mualim preguntó si, durante la recogida del campamento, los soldados sarracenos podrían reparar la empalizada. El mensajero comunicó que el único término del tratado era que, a cambio de la paz, los Asesinos debían entregar al homicida del general fallecido. El mentor negó entonces la tregua, al ir contra su honor entregar a sus hombres. El sirviente recalcó la cantidad de muertes que ocurrirían en Masyaf si no se establecía el tratado de paz. Al Mualim, ignorando la petición de Ibn-La'Ahad de entregarse, repitió que ninguno de sus Asesinos sería entregado.[6]

Para tensar más la situación, los sarracenos trajeron al espía, a quien planeaban decapitar, pero perdonarían si el culpable daba su vida. Shihab Al'din, tan pronto terminó su siervo, acusó a Umar Ibn-La'Ahad de todas las muertes que sucederían. Al Mualim, decepcionado por la traición de Sofian, optó por permitirle a Ibn-La'Ahad entregarse, viendo que el espía estaba a punto de morir. El maestro Asesino reveló su posición y bajó hacia donde estaban los sarracenos, no sin antes pedirle a Sinan que cuidase de su hijo Altaïr, a quien además debía entrenar como novicio suyo. Finalmente, Umar Ibn-La'Ahad fue decapitado, y el ejército procedió a levantar el asedio.[6]

ConsecuenciasEditar

«Tenemos que decir a la Orden que Ahmad se ha ido bajo la oscuridad. Quizás saquen sus propias conclusiones. No podemos permitir que Abbas sea envenenado con la culpa del suicidio de su padre. Lo que ha hecho Ahmad es deshonrrable. Su desgracia se extendería por su familia.»
―Al Mualim sobre el suicidio de Ahmad Sofian[fte]

Después de la batalla, Altaïr se enfadó e insultó a Sofian por haber sido una de las causas de la muerte de su padre. El sentimiento de culpa acabó volviendo demente a Ahmad, que gritó por las noches sin control, impidiendo a los Asesinos dormir.[6]

Una noche, Sinan fue despertado por Ibn-La'Ahad. El Mentor descubrió que Ahmad se había suicidado, y Altaïr le explicó que le pidió disculpas antes de cometer suicidio. Al Mualim pensó que sería mejor no contar los hechos ocurridos—remplazándolos con que Sofian dejó la orden por arrepentimiento—y así no deshonrar a Ahmad ni a su hijo Abbas; además, el Mentor declaró que a partir del día siguiente Altaïr y Abbas entrenarían juntos, y así Ibn-La'Ahad vigilaría a Sofian de cerca.[6]

Un año más tarde,[7] Abbas se había vuelto más distante debido a la desaparición de su padre, por lo que Altaïr le contó la verdad, esperando que dejase de tener una actitud negativa. Sin embargo, Sofian atacó furiosamente a su compañero durante su entrenamiento, casi matándolo; Al Mualim intervino, y los dos novicios fueron encerrados durante un mes. El Mentor ordenó que Abbas tuviese un año de entrenamiento adicional por su comportamiento, y los dos jóvenes Asesinos no volvieron a ser amigos.[6]

Traicionado desde dentroEditar

Al Mualim: «Tú también naciste en el seno de la Orden, ¿Lo lamentas?»
Altaïr Ibn-La'Ahad: «¿Como voy a lamentar la única vida que he conocido?»
— Al Mualim y Altaïr Ibn-La'Ahad[fte.]
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Al Mualim capturado por los Templarios.

Al Mualim aún mantenía su posición de mentor en 1189. Para entonces, el viejo Asesino ya había comenzado su búsqueda de los fragmentos del Edén, unos artefactos dejados atrás por la Primera Civilización, en especial el Fruto del Edén #2. Recién empezada la Tercera Cruzada, Masyaf fue atacada por los Caballeros Templarios, una facción cruzada con propósitos de un nuevo Orden Mundial. El comandante enemigo resultó ser el antiguo novicio Haras, quien estaba descontento con su posición en la Orden y cambió de bando sin que sus antiguos hermanos lo supiesen. Aprovechando sus habilidades de camuflaje, Haras consiguió infiltrar a los Templarios en la fortaleza y tomar a Al Mualim como rehén junto a Raşit El Zübeydi, Vahid Ahmedi y Fahd El Fehmi.[8]

Mientras Asesinos y Templarios se batían en duelo en el pueblo, Haras interrogó al mentor. Le preguntó por el paradero del Fruto, alegando que, como líder de una Hermandad, debía compartir sus secretos con sus semejantes. Sinan no medió palabra alguna, así que su secuestrador ejecutó a Ahmedi y El Zübeydi para ejercer presión. Luego, el traidor argumentó que el líder de los Asesinos carecía de habilidad para usar el Fruto, aunque revelar su paradero permitiría que Masyaf siguiese en pie. Al Mualim no respondió a Haras, que terminó matando a El Fehmi, y se dispuso a ejecutar a Sinan pues, al no poder conseguir el Fruto, al menos tomaría la vida del mentor de los Asesinos. Antes de que pudiese morir Al Mualim, Altaïr Ibn-La'Ahad, que había liderado a los Asesinos durante la batalla, asesinó a Haras.[8]

Al Mualim tomó provecho de la conmoción de sus captores para liberarse a base de lucha cuerpo a cuerpo, mientras Ibn-La'Ahad ofrecía a Haras una oportunidad de redención. El cruzado la rechazó y murió, dejando a maestro y discípulo charlando sobre lo ocurrido; estando el mentor orgulloso de la facilidad y destreza con la que su discípulo había manejado la situación, le dijo que le recordaba a su padre Umar, y se aseguró de la lealtad de Ibn-La'Ahad a la Hermandad, antes de impulsarle a seguir combatiendo.[8] El joven Asesino repelió a los Templarios de Masyaf, lo que le ganó el rango de maestro de manos de Al Mualim.[9]

Búsqueda del cálizEditar

«Hemos obrado sin cuidado, estaban siguiendo a uno de nuestros hombres.»
―Al Mualim[fte]

Al año siguiente el mentor había trasladado el cuartel general de los Asesinos a Alep y asignado al maestro Harash como segundo al mando. Los Templarios, liderados en secreto por Harash, volvieron a entablar batalla con la Hermandad atacando Alep; se desconoce el papel que Al Mualim jugó en la batalla, pero sobrevivió y se reunió con el maestro Ibn-La'Ahad después. Sinan le encargó la importante misión de encontrar un fragmento del Edén conocido como "el Cáliz."[10]

El artefacto de la Primera Civilización, escondido en el Templo de las Arenas, resultó ser en realidad una mujer de nombre Adha. Tras ser capturada por los Templarios y liberada por el Asesino, ella le reveló que Harash les había traicionado. Por tanto, Harash fue ejecutado por Ibn-La'Ahad antes de que este se intentase fugar con Adha. La misión resultó ser un completo fracaso, puesto a que Ibn-La'Ahad cometió numerosas bajas entre los Asesinos[10] y Adha terminó muerta.[5] No se sabe si Al Mualim castigó a su discípulo de una forma u otra, pero para 1191 él aún era un Maestro Asesino.[2]

El Fruto del EdénEditar

Adquisición del Fruto y batalla de MasyafEditar

«¡Mis hombres no temen la muerte, Roberto, la abrazan junto a su merecida recompensa!»
―Al Mualim a Roberto de Sable en Masyaf[fte]

En 1191, Al Mualim volvía a residir en Masyaf, y en julio envió a Altaïr con los hermanos Malik y Kadar Al-Sayf al Templo de Salomón en Jerusalén, con el objetivo de recuperar un fragmento del Edén conocido como el Fruto del Edén. Debido a la intromisión de los Templarios del Gran Maestro Roberto de Sable, Kadar murió y Altaïr huyó del Templo después de ser expulsado de la sala en la que estaban. Sin embargo, Malik cargó con su brazo izquierdo gravemente herido y el Fruto del Edén hasta Masyaf.[2]

Al Mualim recibió a Altaïr en su oficina, y su aprendiz le contó que falló en la misión, a lo que replicó Al Mualim que era la más importante que habían realizado nunca, y que sería castigado. En ese momento, Malik llegó con la Manzana de Edén, y dijo que la muerte de su hermano fue por culpa de Ibn-La'Ahad. Un informante entró en la oficina de Al Mualim, advirtiendo que los Templarios estaban atacando Masyaf. Al Mualim ordenó a Altaïr que fuese con los otros Asesinos a repeler el ataque Templario.[2]

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Al Mualim y sus Asesinos durante la batalla de Masyaf.

Poco después de una intensa lucha, el mentor ordenó a los Asesinos retirarse al castillo, ya que estaban siendo superados por los Templarios. El instructor de novicios Rauf pidió a Al Mualim que él, junto a Altaïr y un novicio, hiciesen un salto de fe para enseñar a sus enemigos que no tenían miedo, además de servir como acceso al mecanismo de una trampa que prepararon; Al Mualim lo autorizó.[2]

Cuando los ejércitos del temple llegaron a las puertas de la ciudadela, De Sable empezó a amenazar al maestro, negociando el intercambio de la vida de un Asesino capturado por el Fruto, mas Al Mualim no aceptó. El Maestro Templario sentenció que sería imposible conservar la fidelidad de los Asesinos a falta de comida, pero Al Mualim replicó que los Asesinos no temían a nada, y ordenó a los tres Asesinos hacer un salto de fe. Después, Altaïr accionó la trampa, y la mayor parte de las fuerzas Templarias murieron.[2]

Al Mualim procedió a juzgar a Altaïr una vez terminada la batalla y el ejército templario se hubiese ido. El mentor explicó a su discípulo que su misión salió bien porque escuchó, y después de una breve discusión, Al Mualim ordenó a dos novicios que agarrasen a Altaïr, y le empezó a recordar las tres normas del credo, abofeteándole cada vez que le interrumpiese. Finalmente, el mentor apuñaló a Ibn-La'Ahad en el estómago, induciéndole a una parálisis temporal.[2]

Deshaciéndose de los líderes TemplariosEditar

«Aquí tengo una lista. Nueve nombres hay en ella. Nueve hombres que deben morir. Traen plagas y guerras. Su poder e influencia corrompen la tierra y aseguran que la Cruzada continúe. Los encontrarás. Mátalos. Haciendo esto, sembrarás las semillas de la paz. Para la región, y para ti. De este modo serás redimido.»
―Rrashid ad-Din Sinan a Altaïr Iibn-La'Ahad[fte]

Después de dejar inconsciente a Altaïr, Rashid ad-Din Sinan dejaría vivir y devolvería su rango a su discípulo con la condición de que este asesinase a nueve objetivos. Las nueve personas eran agentes Templarios que ansiaban tener el Fruto, y con su muerte, Al Mualim usaría el fragmento para su propio fin sin la intromisión de nadie; por el momento, Sinan prefirió no revelar la verdadera lealtad de los objetivos. Antes de empezar la campaña contra Roberto de Sable, el Mentor ordenó a Altaïr encontrar a un traidor que abrió las puertas de Masyaf a los templarios. Ibn-La'Ahad terminó encontrando al traidor, Masun, y lo llevó ante su maestro. Después de darle una oportunidad de redención al Templario, la cual rechazó, Sinan ejecutó a Masun con una espada. Al Mualim explicó a su discípulo que el corazón de algunos hombres estaba emponzoñado, y que intentar redimirles era inútil.[2]

Como premio, el Maestro otorgó a Altaïr la espada que recién había usado y le ordenó viajar a Damasco para asesinar al Templario Tamir Bin Musa, poderoso miembro del Gremio de Mercaderes damasceno, que se encontraba fabricando armas para los Templarios. Después de su asesinato, Altaïr volvió a Masyaf, y Sinan le aseguró que esperaba que Tamir fuese el primero de una lista de muertos a manos de su aprendiz. Entonces Al Mualim envió a Ibn-La'Ahad—con un rango y una parte de su equipamiento más—a Acre, para que terminase con el Gran Maestre de los Caballeros Hospitalarios Garnier de Naplouse.[2]

Cuando Altaïr regresó a Masyaf, preguntó a Sinan por qué los pacientes obedecían a Garnier, éste respondió que De Naplouse los drogaba, y así estaría seguro de que tendría hombres a su disposición. Además, el mentor remarcó que los Templarios decían que él hacía lo mismo con los Asesinos. Altaïr fue a Jerusalén para matar a Talal con mejor equipo y rango por orden de su mentor. Días después, Al Mualim recibió a Altaïr con felicitaciones por haber asesinado a tres de los nueve, y le explicó que los tres siguientes objetivos eran los regentes de las ciudades que había visitado, puestos a cargo por la salida de Ricardo Corazón de León y Salah Al'din hacia Arsuf. Altaïr volvió a ser recompensado y fue a Acre, ésta vez para dar muerte a Guillermo de Montferrat.[2]

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Sinan y Altaïr hablan en Masyaf.

Guillermo fue asesinado, y Altaïr volvió a Masyaf para hablar con Sinan, que garantizó que estaba haciendo un gran trabajo en su campaña contra De Sable. Ibn-La'Ahad preguntó al Mentor por qué los objetivos estaban tan orgullosos de si mismos y confiaban en su victoria; Sinan dijo que, como Asesino, el deber de Altaïr era darse cuenta de las sucesos que ocurrían y preguntarse sobre ello; no obstante, cuando preguntó más sobre sus asesinatos, Al Mualim le mandó callar, y le ordenó que simplemente creyese a su maestro. Al ascender de rango y mejorar sus habilidades, Altaïr partió a Damasco, ésta vez para matar a Abu'l Nuqoud.[2]

Después de haber asesinado a Nuqoud, Altaïr regresó a Masyaf e informó de su progreso a Al Mualim. Debido a la cantidad de dudas que tenía sobre sus objetivos, el joven pidió a Sinan saber qué unía a los nueve objetivos entre si, y amenazó con rehusar a seguir con su trabajo si no le daba una respuesta. El Mentor amenazó a su aprendiz con una espada, y le advirtió de que podría ser él quien le castigase si no contenía su lengua; sin embargo, el anciano opinó que, en cierto modo, Altaïr tenía razón, y le reveló que los nueve hombres eran Templarios. Sinan aseguró que la misión no había cambiado, sino su contexto. De nuevo le ascendió de rango, y Altaïr fue a Jerusalén para matar a Majd Addin.[2]

La muerte de Majd Addin marcó el fin de los regentes que gobernaban las ciudades, y Altaïr preguntó a su maestro sobre las funciones que tenían los Templarios que había cazado hasta ahora. El Mentor afirmó que los objetivos tenían funciones de dominación y preparación de civiles para cuando los Templarios hubiesen dominado Tierra Santa, dándose los dos cuenta del objetivo que tenían cada uno: Talal reclutaba hombres; Garnier, con drogas o curándoles de sus enfermedades, los convertía en soldados; Tamir era el encargado de proporcionar armas; y los regentes aseguraban que las ciudades permaneciesen en el poder de la orden del Temple, aprovechando la ausencia de los reyes. Además, Al Mualim enseñó a Altaïr la Manzana, y le reveló que ese artefacto fue la causa de la Guerra de Troya y que Jesucristo convirtiese agua en vino; en secreto, Al Mualim intentó controlar la mente de Altaïr, pero por causas que desconocía, no pudo; por suerte, Altaïr no supo de ésto. Con sólo tres objetivos restantes, Altaïr fue ascendido y partió a Damasco en busca de Jubair al Hakim.[2]

Como siempre, Al Mualim recibió a Altaïr en su estudio, y el discípulo preguntó por qué se requería la muerte de Jubair en Damasco y Sibrand en Acre, Sinan dijo que no habían hecho nada por el momento, pero su muerte era necesaria, ya que podrían suceder a De Sable y tomar la orden del Temple desde una dirección más discreta. Sinan explicó a Altaïr que el último hombre que se interponía entre él y Roberto era Sibrand, quien se encontraba en Acre, y le subió de rango una vez más. Altaïr fue a la ciudad cristiana y dio muerte a Sibrand.[2]

Rashid ad-Din Sinan esperó a Ibn-La'Ahad en su estudio, y le empezó a hablar de los verdaderos objetivos de los Templarios—fingiendo creer que Altaïr había sido la causa de que el Mentor supiese más sobre los Templarios—los cuales consistían en la paz mediante la dominación mundial. También, Al Mualim advirtió que Roberto de Sable era un loco que, al saber las capacidades de la Manzana, se acabó corrompiendo hasta caer en una obsesión por el artefacto. El Mentor recompensó a Altaïr devolviéndole el rango de Maestro Asesino y una espada de Siria, completando así su rango y equipamiento. Entonces, el discípulo partió a Jerusalén con el objetivo de asesinar a De Sable.[2]

MuerteEditar

Sinan: «Imposible. El discípulo no puede derrotar al Maestro.»
Altaïr: «Laa shay'a waqi'un moutlaq, bale kouloun moumkine. (Nada es verdad, todo está permitido)»
— Sinan es derrotado por Altaïr.[fte.]
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Sinan con la Manzana del Edén.

En algún momento después de la retirada de Altaïr, Sinan usó el Fruto para controlar las mentes de los Asesinos y aldeanos locales. El pueblo entero cayó en un estado de hipnosis, llegando a cantar alabanzas en honor a Al Mualim, o a matar a todo aquel que se le opusiese. A mediados de septiembre, Ibn-La'Ahad regresó a Masyaf, y unos hombres de Sinan le tendieron una emboscada, mas el joven Asesino pudo derrotarlos con ayuda de Malik Al-Sayf, y los dos acordaron derrotar al Mentor y sus fuerzas, intentando herir a la menor cantidad de gente posible.[2]

Sinan esperó al Maestro Asesino en un balcón del jardín de Masyaf, sin oponer ninguna resistencia dentro del castillo. Cuando Altaïr llegó, Al Mualim usó la Manzana y lo paralizó, aunque le permitió hablar. Ibn-La'Ahad declaró que no huiría de él, a lo que Sinan respondió diciendo que Altaïr tampoco le escucharía, y defendió la máxima del credo usando el artefacto en su poder. El Mentor creó uno ilusión de los nueve Templarios que Altaïr cazó previamente a partir de los cuerpos de otros Asesinos, instándoles a enfrentarse contra él. El Maestro Asesino derrotó a todos los lacayos, y volvió a discutir con su antiguo Mentor. Sinan afirmó que no tenía miedo de Altaïr, y usó la Pieza de Edén para crear varios clones suyos.[2]

Al Mualim y sus dobles lucharon contra el Asesino, pero no fueron capaces de derrotarlo, y el Mentor volvió a teletransportarse y paralizar a Altaïr. El Maestro Asesino preguntó a Sinan sobre sus motivaciones, a lo que éste respondió que sus acciones eran vitales para el progreso de la humanidad, la cual él dijo que necesitaba un líder; a su vez, Al Mualim defendió su posición de ateo—explicando que él era más útil que las deidades a las que musulmanes y cristianos alababan; diciendo que la prueba de la inexsistencia de dioses era la Manzana del Edén, y que todo aquel que tuviese religión estaba loco. Puesto a que Altaïr no quería colaborar con su antiguo maestro, Rashid ad-Din Sinan sacó su espada y afirmó que era el final de su ex-aprendiz. El Templario usó varias veces la Manzana para recuperarse de las heridas que le causó Ibn-La'Ahad, pero Al Mualim no sabía que cada vez que usaba el artefacto se hacía más débil. Finalmente, Altaïr terminó haciendo un daño considerable a Sinan y éste no pudo defenderse de un ataque de su antiguo discípulo debido a su cansancio. Finalmente, Sinan fue muerto a manos del Maestro Asesino,[2][6] siendo apuñalado en el cuello con la Hoja Oculta.[8]

Nada más ser derrotado, el Mentor cayó al suelo y soltó el Fruto. Sinan afirmó que no podía ser derrotado por su aprendiz, a lo que Altaïr respondió con la máxima del Credo. Ibn-La'Ahad declaró que su antiguo maestro tendría que haber destruido la Manzana, mas éste permaneció fiel a sus ideales Templarios y dijo que no habría auténtica paz sin el artefacto. Aunque Altaïr afirmó que destruiría el Fruto, este se asombró de su poder y no llegó a hacerlo. En sus últimas palabras, Rashid ad-Din Sinan señaló que más conocimiento equivalía a más dolor.[2]

LegadoEditar

«De esto estoy seguro: con Roberto y Al Mualim muertos, los ejércitos sarracenos y cruzados depondrán sus armas y abandonarán esta guerra sin sentido. Liberados de las manipulaciones y planes de hombres desdichados, Saladino y Ricardo descubrirán que tienen más en común de lo que piensan. La paz volverá a nuestra tierra.»
―Altaïr Ibn-La'Ahad[fte]
AltaìrAbbasBurning.png

El cuerpo de Sinan es quemado.

Poco después de su muerte, Ibn-La'Ahad incineró el cadáver de Sinan, para asegurarse de que no hubiese asesinado a uno de sus dobles. Como esto estaba en contra del Credo del Asesino, varios ciudadanos y Asesinos se opusieron a un régimen que se decía que Altaïr iba a implantar. Liderados por Abbas Sofian, los rebeldes atacaron a los partidarios de Ibn-La'Ahad en un esfuerzo de hacerse con el poder. Durante el enfrentamiento, Sofian robó la Manzana de Edén e intentó controlar el pueblo de la misma manera que Sinan lo hizo. Como Ibn-La'Ahad era inmune al control mental del artefacto, fue capaz de recuperarlo de las manos de Abbas. Más tarde, Altaïr fue escogido como nuevo Mentor por los Asesinos.[8]

Al año de su muerte, terminó la Cruzada con el Tratado de Ramla, que estableció la rendición de ambos ejércitos,[9] hecho que Sinan creyó imposible sin el Fruto.[2] El Credo que Sinan obligó a respetar fue modificado en varios aspectos por su sucesor, entre ellos, permitir que miembros de una misma familia se quisiesen, y que el sacrificio de un dedo anular no fuese necesario. Los Asesinos también pasaron a utilizar nuevas técnicas de asesinato, dos Cuchillas Ocultas y veneno.[5] Los Asesinos sirios huyeron de Masyaf en 1257, quedando dentro únicamente Ibn-La'Ahad. El Mentor murió con 92 años dentro una biblioteca que creó para guardar la Manzana de Edén.[8]

El Asesino italiano Ezio Auditore da Firenze, en su búsqueda de las llaves de la biblioteca de Masyaf, vio dos veces a Sinan en una grabación perteneciente a los artefactos.[8] En 2012, el ex-Asesino Desmond Miles fue obligado por la compañía Templaria Industrias Abstergo a meterse en el Animus, reviviendo los recuerdos de su ancestro, Altaïr. En estos recuerdos, Miles vio a Sinan varias veces.[2] El maestro Templario Juhani Otso Berg reflexionó sobre Al Mualim en 2014, con la creencia en mente de que, si un Asesino tan sabio como él pudo unirse a los Templarios, también podrían hacerlo los otros.[1]

Personalidad y rasgosEditar

«Nuestro trabajo nunca sale según lo esperado. Somos lo que somos porque sabemos adaptarnos.»
―Rashid ad-Din Sinan[fte]

Rashid ad-Din Sinan ostentaba una barba de tamaño mediano y un bigote, ambos eran de color grisáceo en 1189,[8] pero eran completamente blancos en el año de su muerte.[2] Al Mualim vistió unas túnicas propias de los Asesinos, con una capucha negra por encima. También, tenia ojos marrones, pero era ciego del derecho, en el que tenía una cicatriz.[8]

Sinan, una persona tranquila,[6] seguía el Credo del Asesino como una forma de vida, que le ordenaba ser sabio, y lo respetó en todo momento.[2] Al Mualim siempre prefería que los asesinatos cometidos por sus hombres fuesen por necesidad, como fue el caso en el que Umar Ibn-La'Ahad mató a un general sarraceno que le bloqueaba el camino durante la Primera Batalla de Masyaf.[6] Sinan no permitió el apego entre miembros de una misma familia, temiendo que, si moría alguien, el familiar de este se preocuparía por vengarse y desestabilizaría la hermandad.[5]

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Al Mualim como líder de los Asesinos en 1191.

Al principio un seguidor del Islam,[6] el Mentor actuaba en nombre de Alá e inspiraba a sus Asesinos a hacer lo mismo, comportamiento que atribuyó a su Orden en el estatus de una secta religiosa, que los Templarios aprovecharon para difamar diciendo que eran fanáticos; Al Mualim usó esto a su favor, pues generaba un temor a los Asesinos en los ciudadanos normales. Sin embargo, les instaba a creer en ellos mismos, y a no guiarse por la religión. Una vez que Al Mualim pudo comprobar el poder de la Manzana, descubrió que no existían dioses, e hizo parte de su plan la eliminación de toda religión, argumentando que las religiones eran el origen de la guerra por la que se mataban miles de hombres.[2]

La visión de Sinan sobre el Credo del Asesino consistía en que la obligación de la Humanidad era no someterse a las leyes y a la moral impuestas por religiosos y políticos, y decía que todo Asesino debía esperar que tarde o temprano la humanidad acabase liberada de la visión impuesta del mundo; su obsesión por esto le llegó a hacer pensar que, sin Credo, los Asesinos no eran nada. El Mentor veía como única vía de escape a esta visión el seguimiento del Credo, cuya más mínima violación debía ser castigada con severidad, sin importar la causa. Además de esto, consideraba que los hombres merecían una oportunidad de redimirse, o incluso de morir con honor, pero si estos la rechazaban Al Mualim no dudaba en ejecutarlos en el momento.[2]

Sinan terminó siendo débil ante el Fruto pues le corrompió hasta el punto de que se empezó a notar en la Orden, abandonando su fe en la humanidad, y creyendo que la única manera de que terminase la Cruzada fuera mediante el Fruto. Durante su duelo final, declaró que era mejor dejarse llevar por la lógica que por la moral, y negó que Ibn-La'Ahad fuese capaz de abandonar el Fruto.[2] Al Mualim terminó teniendo razón, dado que su sucesor pasó más de sesenta años con el fragmento, y murió con el Fruto a su lado.[8] El extenso conocimiento de Al Mualim sobre literatura se reflejó, por ejemplo, en sus últimas palabras, citando a la Biblia.[2] A pesar de su naturaleza tranquila, se enfadaba bastante cuando uno de sus hombres cometía un fallo. Uno de sus hábitos era pasear por el patio de Masyaf.[6]

Equipamiento y habilidadesEditar

De joven, Rashid ad-Din Sinan usaba una túnica característica de Asesino en sus misiones, armado con dos hojas ocultas, una espada y una daga. Cuando se convirtió en mentor, no obstante, pasó a usar solo una hoja oculta, siguiendo la tradición que él mismo impuso.[4]

Al Mualim, como mentor de los Asesinos, estaba dotado de una gran maestría en la espada, la cual aún conservaba de anciano. De esta forma, era mejor espadachín que su discípulo Altaïr Ibn-La'Ahad, quien era mucho más joven que él. Este mismo admitió posteriormente que, si Sinan no hubiese usado el Fruto en combate, Ibn-La'Ahad habría muerto.[2][6]

El mentor era conocido por su gran inteligencia táctica, que demostró cuando tendió una trampa a los Templarios en julio de 1191. Hizo uso de esta en su duelo final, multiplicándose para confundir a Altaïr y así vencerlo, además de creando copias de sus antiguos enemigos. Aún con todo esto, Sinan fue derrotado, pues no sabía que usar el Fruto dañaba a su usuario; para cuando se enteró de esto, ya era demasiado tarde, y Al Mualim murió frente a su discípulo.[2][6]

Entre BastidoresEditar

Al Mualim.png

Primeros diseños de Al Mualim.

Rashid ad-Din Sinan hizo su debut en Assassin's Creed, el primer juego de la serie homónima, en 2007. En el videojuego, identificado solo como "Al Mualim," tiene el rol de personaje secundario, y después de antagonista, sirviendo como el jefe final del videojuego y, por tanto, siendo el último objetivo de asesinato. También apareció en el videojuego de móvil. Después de tener una breve aparición en el spin-off de 2008 Assassin's Creed: Altaïr's Chronicles, y varias menciones en las secuelas de 2009 Assassin's Creed II Y Assassin's Creed: Bloodlines, volvió a aparecer en 2011 en la novela Assassin's Creed: La Cruzada Secreta como uno de los antagonistas. Ese mismo año, tuvo un papel menor en Assassin's Creed: Revelations, apareciendo solo en dos misiones—una de ellas como cadáver—con una apariencia rediseñada. También apareció en la novela del juego.

En el videojuego de móbil de Assassin's Creed, fue nombrado Sinan—como su contraparte histórica—pero al ser un juego no canónico, no se tomó en cuenta. Sin embargo, la base de datos de Revelations confirmó este hecho, identificándolo con la figura histórica Rashid ad-Din Sinan, que, por otra parte, murió en 1192. Como todos los Asesinos de Masyaf, Sinan aparece con todos los dedos en Assassin's Creed, lo cual es un error; esto fue corregido en Revelations. A través del primer juego, Al Mualim aparece como aliado cuando se usa la vista de águila, pero al final del mismo es visto como un enemigo. En Altaïr's Chronicles, Al Mualim aparece como un hombre de cuarenta años y con unas vestimentas totalmente diferentes, lo cual crea cierta confusión dado que el juego no tiene mucha relevancia en el canon. Como muchos personajes de la saga, tiene una entrada en Assassin's Creed: The Encyclopedia. Sinan aparece en el cómic francés no canónico Assassin's Creed 1: Desmond, haciendo lo mismo que en el primer videojuego.

AparicionesEditar

FuentesEditar

Notas y referenciasEditar

  1. 1,0 1,1 1,2 Assassin's Creed: Rogue
  2. 2,00 2,01 2,02 2,03 2,04 2,05 2,06 2,07 2,08 2,09 2,10 2,11 2,12 2,13 2,14 2,15 2,16 2,17 2,18 2,19 2,20 2,21 2,22 2,23 2,24 2,25 2,26 2,27 2,28 2,29 2,30 2,31 2,32 2,33 Assassin's Creed
  3. Juego de móvil de Assassin's Creed
  4. 4,0 4,1 4,2 Assassin's Creed: Memories
  5. 5,0 5,1 5,2 5,3 5,4 Assassin's Creed II
  6. 6,00 6,01 6,02 6,03 6,04 6,05 6,06 6,07 6,08 6,09 6,10 6,11 6,12 6,13 6,14 6,15 6,16 Assassin's Creed: La Cruzada Secreta
  7. 7,0 7,1 Assassin's Creed: Initiates
  8. 8,00 8,01 8,02 8,03 8,04 8,05 8,06 8,07 8,08 8,09 8,10 Assassin's Creed: Revelations
  9. 9,0 9,1 9,2 Assassin's Creed Encyclopedia
  10. 10,0 10,1 Assassin's Creed: Altaïr's Chronicles

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