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Roberto de Sable

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«Es irónico, ¿no crees? Que yo, tu mayor enemigo, te mantuviese libre de daño. Pero ahora has tomado mi vida, y en el proceso, has acabado con la tuya.»
―Roberto de Sable a Altaïr Ibn-La'Ahad.[fte]

Robert IV de Sablé, conocido históricamente como Roberto IV de Sable (c.1161 - 1191) fue un noble angevino y el Gran Maestro de los Caballeros Templarios entre julio y septiembre de 1191, siendo uno de los tenientes del rey Ricardo I de Inglaterra en el ejército cruzado. De Sable nació en Francia e ingresó en 1189 en la Orden de los Templarios, y adquirió el puesto de Gran Maestro cuando llegó a Acre dos años más tarde para ayudar en los esfuerzos de su Orden en la Tercera Cruzada. Ostentando el cargo durante un breve periodo de tiempo, fue capaz de conquistar la ciudad de Acre para los cristianos, asegurando el control de los Templarios sobre ella; además, dirigió una expedición al Templo de Salomón en Jerusalén para hacerse con un Fruto del Edén.

En esa misión, De Sable no logró conseguir el Fruto, que fue robado por los Asesinos Levantinos, pero logró hacer que el maestro Asesino Altaïr Ibn-La'Ahad fuese degradado a novicio. Después del fracaso en el Templo, el gran maestro dirigió un ataque a la fortaleza Asesina de Masyaf, donde reclamó el Fruto al mentor Rashid ad-Din Sinan, quien en realidad compartía la misma visión que los Templarios. Este se negó a dar el Fruto a De Sable, y le tendió una trampa que diezmó sus fuerzas y forzó su retirada. El francés se dedicó desde entonces a asegurar que las ciudades de Damasco, Jerusalén y Acre, en manos Templarias, se preparasen para traicionar a los líderes de la Cruzada, Ricardo y Salah Al'din, con ello asegurando el Nuevo Orden Mundial sin el Fruto.

Mientras los Templarios encargados de estas tareas fueron asesinados por Ibn-La'Ahad a lo largo de julio y agosto, De Sable pensó en revelar que sus Templarios—líderes preciados en ambos bandos—fueron muertos por Asesinos, convenciendo a los monarcas de las dos facciones que ellos eran la verdadera amenaza, y debían cooperar para destruirlos. El 7 de septiembre, De Sable estuvo en Arsuf ayudando a Ricardo en la batalla que estaba teniendo lugar allí, para de paso convencerlo de que debía aliarse con Salah Al'din y vencer a los Asesinos. Ibn-La'Ahad, de nuevo un Maestro Asesino, apareció en plena batalla y se enfrentó con De Sable y sus soldados en un duelo, cuya recompensa era la confianza del rey Ricardo sobre qué bando era realmente benévolo. El sirio asesinó al Gran Maestro, quien antes de morir confesó que Sinan, simpatizante de las ideas Templarias en secreto, estuvo manipulándole todo el tiempo.

Biografía

Alzamiento como Templario

«Todos los hombres a los que he matado han trabajado juntos, unidos por éste hombre.»
―Altaïr Ibn-La'Ahad sobre Roberto de Sable[fte]

Roberto IV de Sable, en su lengua materna Robert IV de Sablé,[5] nació en Anjou,[1] Francia[3] por el año 1161,[2] formando parte de la nobleza local.[1] De Sable fue, en su momento, iniciado en la orden de los Caballeros Templarios, una organización que buscaba crear un Nuevo Orden Mundial para el bien de la humanidad.[4][5]

En 1190, el rey de Inglaterra Ricardo I acudió a la Tercera Cruzada, un intento de los ejércitos cruzados de tomar Jerusalén; De Sable fue en su compañía, convirtiéndose en su consejero, y llegando[1] a Acre el 6 de junio de 1191.[5] Poco después de llegar a la ciudad, el angevino fue nombrado Gran Maestro de la Orden de los Templarios, y tuvo el objetivo de explotar al máximo la guerra para tomar la región, construyendo finalmente su Nuevo Mundo.[1] El 12 de julio,[5] los cruzados tomaron Acre gracias a las acciones del Templario.[6]

Eventualmente, De Sable supo del paradero de un fragmento del Edén oculto en el Templo de Salomón en Jerusalén, y dio a conocer esta información únicamente a sus hombres de confianza: Jubair al Hakim, Tamir Bin Musa, Abu'l Nuqoud—que tenían poder en Damasco—, Garnier de Naplouse, Sibrand, Guillermo de Montferrat—líderes de órdenes militares con base en Acre—Majd Addin y Talal—influyentes en Jerusalén.[4]

Además de esto, De Sable descubrió en sus campañas a la inglesa María Thorpe, una mujer que se hacía pasar por soldado. En lugar de castigarla, la invitó a unirse a su Orden,[7] iniciándola con la entrega de un anillo[8] y nombrándola su teniente.[2] Dentro de la Orden, muchos vieron a De Sable como un hombre débil sin voluntad, pues violó la norma de los Templarios fundadores que prohibía la tenencia de mujeres en el Temple, siendo uno de estos el caballero Armand Bouchart.[8]

El mentor de los Asesinos Levantinos—enemigos naturales de los Templarios que buscaban la paz mediante el asesinato—Rashid ad-Din Sinan, descubrió la localización del artefacto, lo que le llevó a enviar sus hombres a por él,[4] e hizo que De Sable pasase todo su mandato acosado por los Asesinos.[6]

El Fruto del Edén

Robyalta.png

De Sable detiene al maestro Asesino.

De Sable: «Y dime, ¿qué es lo que quieres?»
Ibn-La'Ahad: «Sangre.»
— De Sable e Ibn-La'Ahad en el Templo de Salomón[fte.]

A mediados de julio, el gran maestro fue al Templo de Salomón buscando el fragmento, acompañado de varios de sus soldados y llevando consigo un diario. Cierto día, De Sable, que acababa de perder a varios hombres en la expedición, fue a la cámara donde estaba el Arca de la Alianza. En esta se encontraba un Fruto del Edén, y pidió a sus hombres que accediesen a ella antes del crepúsculo, señalando sus ansias por acabar con los Asesinos con ayuda del objeto. En ese momento, el maestro Asesino Altaïr Ibn-La'Ahad apareció junto a sus compañeros Asesinos Kadar y Malik Al-Sayf, demandando el Fruto. El Gran Maestro comprendió que la desaparición de sus soldados se debía a los Asesinos, y preguntó qué venían a buscar. Ibn-La'Ahad respondió que quería asesinarlo, y se lanzó a su cuello con su hoja oculta, pero Malik intentó detenerle, acción que causó el bloqueo del ataque por parte del francés.[4]

El Templario prometió dejar vivir al sirio, diciéndole que debía entregar a su mentor un mensaje: que Tierra Santa ahora era del Temple, y los Asesinos aún podían salvarse si huían. De Sable procedió a expulsarlo de la sala, creando un muro que impidió a Ibn-La'Ahad el paso, y ordenó a sus soldados que matasen a los Asesinos. De Sable y sus hombres consiguieron dar muerte a Kadar, pero el otro Al-Sayf, al que malhirieron su brazo izquierdo, huyó con el Fruto. El gran maestro reunió a su ejército y persiguió al Asesino hasta la fortaleza de Masyaf, en una desesperada búsqueda del fragmento. Los Templarios contaban con dos agentes infiltrados, Jamal y Masun, que abrieron las puertas de la ciudad, y permitieron a De Sable y sus guardias entrar. La fuerza invasora pudo derrotar a un gran número de Asesinos y civiles hasta que les forzaron a retirarse en su castillo. De Sable cabalgó hasta las puertas de la ciudadela, donde Sinan estaba esperándole. El gran maestro reclamó el Fruto, que consideró una posesión suya, a lo que el sirio le respondió que no se lo daría y debía retirarse o mataría a más de sus soldados. Tras aclarar que ambos estaban en una situación crítica, De Sable ordenó la ejecución de un rehén Asesino, y declaró que el resto de la Orden no aguantaría tanto tiempo sin víveres, lo que resultaría en una rebelión contra su líder.[4]

Sinan reafirmó la valentía de sus hombres ante la muerte, mostrando a tres Asesinos haciendo un salto de fe hacia un acantilado. En realidad, los tres hombres se tiraron a unos montones de heno que amortiguaron su caída, y uno de ellos, Ibn-La'Ahad, accionó un mecanismo que soltó varios troncos de árboles sobre los Templarios. Sorprendido, el francés se vio obligado a retirarse, evitando la trampa a lomos de su caballo, y huyendo con su vida, pero con la mayor parte de sus fuerzas asesinadas. Por esto, era imposible que De Sable contraatacase en mucho tiempo.[4]

Los planes de la guerra

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Roberto de Sable, gran maestre Templario.

Maria: «Roberto cabalga a Arsuf para pedir por su causa que sarracenos y cruzados se unan contra los Asesinos.»
Altair: «¡Eso no ocurrirá! No tienen razones para ello.»
Maria: «Quizá no tenían. Pero ahora les has dado una. Nueve de hecho. Los cadáveres que dejaste atrás, víctimas en ambos bandos. Has hecho a los Asesinos un enemigo común y asegurado la aniquilación de toda tu Orden. Bien hecho.»
— Maria e Altair sobre el plan de De Sable.[fte.]

Unos días después de la batalla, De Sable se encargó de restablecer su ejército: con Talal salvando a hombres pobres y esclavos en Jerusalén, y De Naplouse curando sus heridas físicas y mentales en Acre, conseguían a los soldados; mientras tanto, Bin Musa enviaba armas desde Damasco, a pesar de los retrasos en sus envíos. En ese tiempo, Sinan ofreció a Ibn-La'Ahad la oportunidad de redimirse si asesinaba a los nueve Templarios, y los tres fueron muertos en el trascurso de unas pocas semanas.[4]

En agosto, Ricardo I decidió cargar contra el sultán de los sarracenos, Salah Al'din, en las ruinas de Arsuf, y para ello reunió a sus hombres de confianza y ejércitos, asignando a De Montferrat como regente de Acre. De la misma forma, Salah Al'din puso a Nuqoud y Addin en Damasco y Jerusalén, respectivamente, como líderes temporales. Mientras De Sable cabalgaba hacia Arsuf con el rey inglés, con el control de las ciudades asegurado, los tres regentes murieron a manos de los Asesinos.[4]

A la vez que Al Hakim adoctrinaba a los damascenos en contra de los libros, y Sibrand intentaba bloquear el puerto de Acre, De Sable planeó juntar a los sarracenos y cruzados en contra de los Asesinos. Usando el funeral de Majd Addin como pretexto para entrar en Jerusalén, el gran maestro buscaba convencer a los musulmanes de que si se unían a los cristianos podrían destruir a los Asesinos, que habían causado la muerte en ambos bandos.[4]

Al mes siguiente, De Sable encargó a su senescal María Thorpe asistir al funeral, donde se haría pasar por él mismo, entreteniendo así a los Asesinos, que estarían allí para matar al Templario. Al mismo tiempo, el francés se ocuparía de convencer a Ricardo de aliarse con los musulmanes en Arsuf, consecuentemente marchando todos juntos hacia Masyaf y destruir a los Asesinos de una vez por todas. Ibn-La'Ahad venció a Thorpe y, al descubrir que el gran maestro se encontraba yendo hacia Arsuf, perdonó la vida a la inglesa y marchó hacia el futuro emplazamiento de la batalla.[4]

Batalla de Arsuf

Roberto: «Así que, nos encontramos una vez más. Esperemos que esta vez sea un reto mejor.»
Altaïr: «No soy el hombre con el que luchaste dentro del Templo.»
Roberto: «Pues me pareces la misma persona.»
Altaïr: «Las apariencias pueden engañar.»
―De Sable lucha con Altaïr [fuente]
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De Sable en brazos de su homicida.

El 7 de septiembre de 1191, los cruzados y sarracenos se encontraron en las ruinas de Arsuf, dando comienzo a una batalla que decidiría el destino de la guerra. De Sable estuvo en el campamento del rey Ricardo I dando consejo, mientras discutían qué tácticas tomar para vencer a los musulmanes. En esos instantes, Ibn-La'Ahad llegó pidiendo hablar con el rey de parte de su mentor, diciendo que había un traidor en sus filas, cuya traición había venido a exponer. El rey preguntó por la identidad del traidor, y el otro sentenció que era De Sable. Como era de esperar, Ricardo creía esto imposible, afirmando que el gran maestro ansiaba venganza por los crímenes que los Asesinos perpetraron contra los Templarios, y que le apoyaba en su posición.[4]

Con esto, Ricardo volvió a dudar de la credibilidad del maestro Asesino, el cual lo reafirmó preguntando si el rey lo creía posible, pues conocía a esos hombres. El inglés preguntó a De Sable si el Asesino mentía, y el angevino negó las acusaciones que se le presentaban, justificándose con el hecho de que los Asesinos eran maestros de la manipulación. A pesar de que Ibn-La'Ahad negase que intentaba engañar al rey, De Sable dijo que era así, ya que los Asesinos temían lo que les podía ocurrir si los ejércitos de la guerra se aliaban. El maestro Asesino hizo un último intento de persuadir al rey de Inglaterra, que consiguió cuando este dudó de la situación.[4]

De Sable declinó seguir discutiendo, clamó que su prioridad era hablar con Salah Al'din para unir fuerzas contra la Hermandad de Asesinos, y que cuanto más tardasen peor sería el resultado. El rey le negó esa posibilidad, asegurando no estar seguro de quién decía la verdad, para después declarar que lo decidiría alguien más sabio que él. De Sable se dio por aludido, con lo que Ricardo aclaró que no se refería a él, sino a Dios, antes de decir que daría la razón a quien ganase el combate. El gran maestro aceptó los decretos de su rey, y envió a sus hombres a combatir contra el maestro Asesino. Ibn-La'Ahad eliminó a los Templarios haciendo uso de sus habilidades y su completo arsenal, lo que llamó la atención al mismo De Sable que, obligado a intervenir,[4] atacó de forma lenta pero furiosa.[7]

Sus golpes sacaron ventaja al principio del duelo, casi llegando a desarmar a su oponente, burlándose de él por su fracaso en el Templo de Salomón, y diciendo que Masyaf caería pronto, pero Ibn-La'Ahad aprovechó su velocidad mayor y le hizo cortes en todo el cuerpo. De Sable se sorprendió por la capacidad de lucha del Asesino, quien le recordó que había matado a todos sus hombres; el gran maestro los defendió al decir que murieron por su causa, cosa que Ibn-La'Ahad relacionó con De Sable. El Templario casi fue derrotado tras un golpe del Asesino que lo tiró al suelo, con tanta fuerza que sus hombres le tuvieron que ayudar a levantarse, y fue suficiente para enfadar a De Sable. Por último, el angevino batalló gritando que se acabaron los juegos para su enemigo, antes de preguntar si este tomaba drogas para aumentar su rendimiento. Ante la negativa de Ibn-La'Ahad, el cual dijo que en su Orden imperaba la rectitud que apoyaba Ricardo, De Sable se lanzó sobre él gritando que su causa era justa.[7]

El sirio esquivó el ataque, para luego atravesar el pecho de De Sable con su espada,[7] y apuñalarlo en el cuello con su hoja oculta cuando cayó al suelo. El vencedor sentenció que los planes Templarios terminaban para siempre, mas De Sable, aún con un hálito de vida, reveló que él y el maestro Asesino habían sido manipulados por una décima persona que conocía la existencia del fruto del Edén y apoyaba la doctrina Templaria. El Asesino preguntó por este hombre, y de Sable, antes de decir que a este enemigo no lo mataría de tan buena gana como a él, anunció que era el mentor Sinan. Aunque Ibn-La'Ahad no le creyó, De Sable respaldó el hecho con que era imposible que el líder de los Asesinos supiese tanto sobre los Templarios, y la localización de los mismos. Antes de morir, De Sable sentenció que ambos eran peones de su Maestro, y que ahora que él fallecía, el Asesino carecía de protección frente al traidor, que si no ayudó a los Templarios era porque no quería compartir el poder del Fruto. Tras esto, De Sable sucumbió a sus heridas.[4]

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Armand Bouchart, un conocido difamador de De Sable, fue quien le sucedió en el cargo.

Legado

«De Sable era un desgraciado sin fuerza de voluntad. El versículo setenta de la Regla Templaria fundacional prohíbe expresamente tener trato con mujeres… Pues en ellas el diablo teje su más fuerte red. De Sable ignoró este principio y lo pagó con su vida.»
―Armand Bouchart[fte]

Poco después de lo sucedido, Ibn-La'Ahad se convirtió en mentor de los Asesinos Levantinos[1] tras dar muerte a Sinan.[4] De Sable, que influyó mucho a su Orden durante su cargo,[6] fue sucedido por Armand Bouchart, un Templario que estuvo en contra de él durante su tenencia, habiendo sido escogido por sus habilidades para el liderazgo y su apariencia temeraria. Además, Bouchart expulsó a María Thorpe de los Templarios por su sexo, aunque terminó siendo asesinado por el nuevo mentor,[8] y la inglesa se acabó uniendo a los Asesinos, convencida de que De Sable la había manipulado.[7]

Ibn-La'Ahad mencionó a De Sable en su códice, en una página relativa al estado de los Templarios tras la muerte del gran maestro angevino.[9] También, el explorador veneciano Niccolò Polo escribió sobre De Sable en La Cruzada Secreta, un libro sobre la vida del mentor Asesino Ibn-La'Ahad.[7] En 1511,[10] Ezio Auditore da Firenze leyó el libro,[7] tras haberlo recuperado de manos Templarias.[10] En septiembre de 2012, el conglomerado industrial Templario Industrias Abstergo secuestró al Asesino Desmond Miles para estudiar su memoria genética, siguiendo los recuerdos de Altaïr Ibn-La'Ahad para encontrar uno con un mapa de los fragmentos del Edén en el mundo. Miles vio a De Sable en estos recuerdos en la misión al Templo de Salomón, el asedio de Masyaf, y la batalla de Arsuf.[4] Los Templarios lo recordaron como un hombre valiente y una mente ilustre de la historia, que, a pesar de su corto mandato, había cambiado a su Orden.[6]

Personalidad y rasgos

«Estuvo bien que lo mataras. No era un buen hombre y no merecía los sentimientos que yo albergaba hacia él.»
―María Thorpe sobre Roberto de Sable[fte]

Roberto de Sable era un hombre de piel clara, calvo, y de una gran altura. En algún momento de su vida, fue herido de tal forma que le dejó cicatrices en la cabeza. Decidido y rápido, De Sable daba órdenes a sus hombres con puño de hierro, y enfurecía si sus objetivos no se conseguían. En Arsuf demostró su vanidad, al pensar que Ricardo I se refería a él cuando hablaba de alguien con más sabiduría que él, mientras que De Sable trataba al rey con la mayor humildad posible.[4]

Un ferviente seguidor de los ideales Templarios, De Sable buscaba el bien para su Orden, aunque violase las leyes Templarias al matar civiles, a pesar de que fuese para obtener el Fruto del Edén.[4]

El francés quiso perdonar la vida de Ibn-La'Ahad para que Sinan supiese de la victoria Templaria, siendo esto su mayor error—fruto de su orgullo—pues el mismo hombre cuya vida no tomó lo asesinó meses después; el mismo De Sable llegó a encontrarlo irónico en sus últimos momentos, dado que el Gran Maestro era lo único que protegía al Maestro Asesino de su Mentor.[4]

El angevino no estaba a favor de la política que impedía a las mujeres ingresar a la Orden Templaria, y, aunque sus contemporáneos de la Orden lo considerasen débil de voluntad,[8] esto probó ser una ventaja, que le dio más posibilidades de llevar a cabo su plan. De Sable era un estratega bueno tanto en batalla como fuera de ella, hecho más que justificado durante el ataque a Masyaf en 1191, y el plan de unir a cruzados y sarracenos contra Asesinos.[4]

Su gran habilidad para manipular[4] le ganó la confianza del rey Ricardo I de Inglaterra,[1] María Thorpe, quien lo amaba en secreto,[7] y sus ocho hombres infiltrados por toda Tierra Santa; por otra parte, esto afectaba seriamente a la credibilidad de los Asesinos como facción a favor del progreso de la humanidad.[4]

Los reyes cristianos a los que él manipulaba eran realmente uno de los pilares de la decadente sociedad medieval que los Templarios planeaban destruir, y por tanto conspiraba contra ellos en secreto.[4] Semanas después de su muerte, Thorpe consideró que De Sable, al contrario de lo que ella había pensado, no era un buen hombre.[7]

Entre Bastidores

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Arte conceptual de Roberto de Sable.

Roberto de Sable apareció por primera vez como enemigo principal en el videojuego de Ubisoft Assassin's Creed, sacado a la venta en 2007, donde Jean-Philippe Dandenaud da voz a De Sable. La guía oficial del juego estableció varios detalles sobre su vida, dando un trasfondo al personaje, revelando que durante el juego tenía unos treinta años. Desde entonces, las apariciones de De Sable se han reducido a menciones, en Assassin's Creed II, Assassin's Creed: Bloodlines y Assassin's Creed: Revelations. Sus más notables apariciones desde su debut han sido en la novela de 2011 Assassin's Creed: La Cruzada Secreta, que explica la vida de Altaïr Ibn-La'Ahad—protagonista del videojuego—, y en el videojuego Assassin's Creed IV: Black Flag, en el que De Sable aparece en la base de datos de Abstergo Entertainment, como una de las "mentes ilustres de la historia," que en realidad son grandes maestros Templarios. También ha sido mencionado en varias entradas de Assassin's Creed: Initiates, y tiene una propia en Assassin's Creed Encyclopedia, que expande su historia.

Hasta ahora, De Sable ha tenido dos apariciones no canónicas, en el juego para teléfonos móviles de Assassin's Creed, donde el protagonista, Altaïr, da muerte a varios Templarios a lo largo de Tierra Santa. De Sable no es asesinado en Arsuf, sino en Jerusalén, y de él obtiene el Fruto del Edén. La otra es en Assassin's Creed: Memories, una aplicación para sistemas iOS en la que el jugador encarna a varios Asesinos, y experimenta algunas de sus memorias, sobre objetivos de asesinato que tuvieron. Uno de los objetivos de Altaïr es Roberto de Sable, quien, en vez de morir en la batalla de Arsuf, muere en el Reino. Aparte de esto, no hay más diferencias entre la app y el canon.

Hay varios errores en el canon de Assassin's Creed respecto a la figura histórica de Roberto de Sable. Para empezar, nació cerca de 1147, lo cual lo hace unos catorce años más viejo de lo que es en el juego, y falleció en 1193, dos años después del final de Assassin's Creed. Lo que sí es cierto es que De Sable fue un noble angevino y el Gran Maestro de los Templarios en 1191, y que participó en la batalla de Arsuf, aunque no murió en esta. En el videojuego, el doctor Warren Vidic justifica los errores históricos, diciendo que la historia ha sido manipulada por los Templarios a lo largo de los siglos.[4][5]

Originalmente, De Sable ataviaba una túnica negra. Su diseño cambió para el juego final, con la única diferencia de que su uniforme es blanco, pero la ropa negra ha aparecido en un retrato suyo en Assassin's Creed IV: Black Flag, lo que indica que canónicamente, De Sable vistió esas ropas.[6][11]

Curiosamente, en Revelations se le menciona como Robert de Sablé, su nombre original, al contrario del nombre que se le es dado en la primera entrega. Además, la base de datos del juego establece que murió en 1192, siendo esto incorrecto.[10]

Apariciones

Fuentes

Notas y referencias

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